Viernes, 14 de mayo de 2021

Religión en Libertad

La persecución del profesor Anthony Esolen


¿Su delito? Dos artículos en los que proponía que la "diversidad" (que el profesor acepta y acoge) se establezca en el marco de una visión bíblica de la unidad fundamental de toda la humanidad en Dios.

por George Weigel

Opinión

El profesor Anthony Esolen es una joya luminosa en la corona de la educación superior católica de los Estados Unidos, un erudito cuya brillante traducción y comentario de la Divina Comedia de Dante es apreciada más allá de los límites de la vida intelectual y literaria católica. Tony Esolen es también un hombre maravilloso, un escritor brillante y un profesor que se toma la formación del carácter tan seriamente como la formación intelectual, pues quiere que sus estudiantes sean virtuosos y felices, no sólo listos y con capacidad para trabajar. Si tuviera que elegir a mi Equipo Ideal de Profesores para mis nietos a nivel universitario, le elegiría en la primera ronda de candidatos.
 
¿Por qué el profesor Esolen está siendo perseguido en la Universidad de Providence, en la que enseña desde hace veinticinco años?
 
Porque habló claramente sobre cuestiones que tienen consecuencias importantes para el futuro de los estudios superiores católicos, causando las protestas de las tropas de asalto de lo políticamente correcto. Para empeorar las cosas, la administración de la universidad ha mostrado más simpatía por los que estaban determinados a acallar a Esolen que por uno de los profesores estrella de la universidad.
 
¿Su delito? Dos artículos en los que proponía que la "diversidad" (que el profesor acepta y acoge) se establezca en el marco de una visión bíblica de la unidad fundamental de toda la humanidad en Dios: una visión que haría más profunda, sugirió, la identidad católica de la Universidad de Providence, distinguiéndola de sus competidoras. Si esta visión purificadora está ausente, advirtió, hacer de la diversidad un fetiche corre el riesgo de crear un espíritu represivo en el campus, enemigo del verdadero conocimiento.
 
Cualquiera que haya observado la vida en las universidades en estos últimos años sabe que las facultades y universidades americanas están llenas de "millenials" consentidos que necesitan "trigger warnings" en el caso de que se pueda herir sus tiernas sensibilidades por esta, esa o aquella idea o texto. Pues bien, Tony Esolen no ha proporcionado ningún tipo de "trigger warning", sino sólo argumentos sólidos y firmes. Y algunos estudiantes y profesores de la Universidad de Providence han reaccionado con ataques de rabia más dignos de un centro de atención diurna que de una institución de estudios superiores. Algo que, desde luego, ha ilustrado uno de los puntos de Esolen en sus artículos.
 
No hay palabras para expresar la tristeza. Durante mucho tiempo he indicado, feliz, la Universidad de Providence a los padres, estudiantes y donantes como una institución educativa que se toma muy en serio la tradición en las artes liberales clásicas, y que lo hace con un acento característicamente católico. Será muy difícil hacer esto en el futuro a no ser que la administración invierta su curso actual, llame al orden a los profesores y estudiantes que han estado tratando de manera brutal al profesor Esolen  y confirme el compromiso de la Universidad con una genuina libertad académica y una visión católica de la persona humana, desafiando así el tribalismo y las políticas identitarias que están destruyendo nuestra cultura y nuestra política.
 
En lo que concierne a esta destrucción, datos recientes de la Encuesta Mundial de Valores nos informan de que sólo el 30 por ciento de los "millennials" de los EE.UU. (por ejemplo, los nacidos después de 1980) piensan que es "esencial" vivir en una democracia; el 24 por ciento de esos mismos "millennials" piensan que la democracia es un sistema "malo" o "muy malo" para gobernar un país; y sólo el 19 por ciento juzga que es "ilegítimo" que el ejército asuma el poder cuando un gobierno es incompetente o fracasa en su tarea. Estos datos parecen atroces. Pero ¿qué debemos esperar cuando el resultado de otra encuesta nos dice que algo así como el 50 por ciento de los recién licenciados son analfabetos históricos y que, tal como George Will indicó recientemente, no saben que George Washington guió el Ejército Continental en la batalla de Yorktown, o que Theodore Roosevelt tuvo un papel en la construcción del Canal de Panamá, o que fue Franklin D. Roosevelt quien planificó el New Deal? Cuando casi la mitad de los recién licenciados no saben la duración del mandato de los miembros de la Cámara de Representantes y del Senado de los EE.UU, ¿realmente es sorprendente que tantos de sus colegas de la misma edad afirmen que valoran más una autocracia eficiente que los frecuentes negocios sucios de los autogobiernos democráticos?
 
La educación superior católica está en una posición excepcional para poder hacer algo respecto a estos dos problemas de amnesia histórica y corrupción político-cultural. La Iglesia inventó la universidad y su espíritu de apertura a la búsqueda, arraigado en la convicción de que los seres humanos pueden, con esfuerzo, llegar a la verdad de las cosas. Anthony Esolen permanece firme en esa gran tradición católica de conocimiento respetuoso y tolerante.  Una universidad cuya dirección estuviera comprometida con esta tradición y con un liderazgo católico que reformara una cultura educativa e intelectual americana cada vez más incoherente y autoritaria apoyaría, sin dudarlo, las contribuciones de Tony Esolen. Ciertamente no mimaría a sus perseguidores.
 
Artículo publicado en First Things.
Traducción de Helena Faccia Serrano (diócesis de Alcalá de Henares).
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