Domingo, 13 de junio de 2021

Religión en Libertad

Pedro Opeka, misionero en Madagascar, «apóstol entre la basura», propuesto para el Nobel de la Paz

Padre Opeka.
El padre Opeka ha sido tras veces nominado al Premio Novel de la Paz. Esta vez la propuesta viene del primer ministro esloveno.

ReL

El padre Pedro Opeka, de 72 años, sacerdote argentino de origen esloveno, miembro de la congregación de la misión de San Vicente de Paúl, ha sido propuesto para el Premio Nobel de la Paz por el primer ministro de Eslovenia, Janez Janša, como reconocimiento a su ayuda "a las personas que viven en condiciones de vida espantosas”, en particular en Madagascar, donde vive como misionero desde hace tres décadas.

Allí fundó en 1989 la asociación humanitaria Akamasoa (“buen amigo”) en 1989 como un “movimiento de solidaridad para ayudar a los más pobres de los pobres” que viven en los basureros.

Según informa Aciprensa, la asociación ha proporcionado cuatro mil casas de material noble a personas y familias sin hogar y ha ayudado a educar a trece mil niños y jóvenes desde su creación.

Se da la circunstancia de que el padre Opeka fue alumno del Papa en la facultad de Teología en el curso 1967-68. Se fundieron en un sentido abrazo cuando Francisco viajó a la isla en septiembre de 2019 y visitó la Ciudad de la Amistad, en las afueras de la capital Antananarivo, construida sobre un antiguo vertedero. Por ese motivo Opeka es también conocido como "el apóstol entre la basura". Francisco elogió entonces "su testimonio profético y generador de esperanza”.

Declaraciones del padre Opeka durante un viaje a Roma hace dos años.

Pedro Pablo Opeka nació en Buenos Aires (Argentina) en 1948. Sus padres eran refugiados de Eslovenia que emigraron tras el inicio del régimen comunista en Yugoslavia.

A los 18 años ingresó en el seminario de su congregación y dos años más tarde viajó a Europa para estudiar Filosofía en Eslovenia y Teología en Francia. Luego pasó dos años como misionero en Madagascar. En 1975 fue ordenado sacerdote en la Basílica de Luján y en 1976 regresó a Madagascar, donde permanece hasta el día de hoy.

Al ver la pobreza desesperada en la ciudad capital de Antananarivo, especialmente en los vertederos de basura, donde la gente vive en cajas de cartón y los niños compiten con los cerdos por la comida, decidió hacer algo por los pobres.

Con ayuda enviada del extranjero y el trabajo de la gente de Madagascar, fundó aldeas, escuelas, bancos de alimentos, pequeños negocios e incluso un hospital para atender a los pobres a través de la asociación Akamasoa.

Durante la pandemia de coronavirus el padre Opeka ha trabajado para ayudar a las familias que han acrecentado su pobreza como consecuencia de las medidas impuestas por las autoridades por la pandemia de covid. “La situación es difícil para las familias, para los pobres que tienen muchos hijos. No tenemos arroz. No tenemos agua. Necesitamos agua y jabón”, dijo el sacerdote a Radio Vaticano en abril de 2020.

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