Jane Austen, autora de «Orgullo y prejuicio», compuso tres oraciones «implorando auxilio»
Se cumple el 250º aniversario del nacimiento de la autora de la escritora inglesa.
![Anne Hathaway interpretó a Jane Austen en 'Becoming Jane [La joven Jane Austen]', una película de 2007 dirigida por Julian Jarrold.](https://imagenes.religionenlibertad.com/files/og_thumbnail/files/fp/uploads/2025/12/01/692dfa4a88697.r_d.264-337-10000.jpeg)
Anne Hathaway interpretó a Jane Austen en 'Becoming Jane [La joven Jane Austen]', una película de 2007 dirigida por Julian Jarrold.
Durante este mes de diciembre, apasionados de la literatura celebran en todo el mundo el 250 aniversario del nacimiento de la escritora Jane Austen, nacida el 16 de diciembre de 1775 en Steventon, Hampshire, Inglaterra. La escritora es mundialmente conocida por obras tan icónicas como Orgullo y prejuicio, Sentido y sensibilidad, Emma o Persuasión. Sin embargo, no son tan extendidas las oraciones que la escritora de raíces anglicanas dejó plasmadas por escrito.
Habló de ello en uno de sus artículos la especialista en Jane Austen, Amy Smith, articulista con blog propio en National Catholic Register, cuando reflexionaba sobre los motivos que hacían de las obras de Austen algo atemporal y perdurable.
Mencionadas por primera vez en 1926
En su artículo El corazón de Jane Austen: Por qué su escritura perdura, Smith daba algunas pistas sobre estas oraciones tan profundas como desconocidas. Años atrás, en 2009, la también especializada en la escritora británica, Laurel Ann Nattress, comentaba en Austen Prose que las conocidas como “oraciones de Jane Austen” se mencionaron por primera vez, como conjunto, en el Times Literary Supplement el 14 de enero de 1926 como tres oraciones en dos manuscritos.

La escritora Jane Austen dejó al menos tres oraciones por escrito, una de las cuales se encuentra en la iglesia de San Nicolás de Steventon.
El primero de ellos se titularía “Oraciones compuestas por mi querida hermana Jane”. “Se cree que fue transcrito por su hermana Cassandra”, cuenta Nattress, mientras que el segundo “fue parcialmente escrito por Austen y parcialmente transcrito por su hermano Henry Austen, por lo que no se puede fechar. Los tres poemas fueron publicados por primera vez en una edición limitada juntos por el coleccionista de libros William Matson Roth en 1940 por Colt Press, San Francisco”.
Escrita en una iglesia
Entre otros datos de interés, se detalla que una edición abreviada de la primera de las oraciones se encuentra actualmente representada en la pared de la iglesia de San Nicolás de Steventon.
Por su parte, Rachel Dodge profundizaba en el mismo tema en 2017, en el portal Jane Austen World, dedicado a mantener vivo el legado y cosmovisión de la escritora.
Podrían ser más de tres y son de la época de madurez
En el artículo Explorando las oraciones de Jane Austen, Dodge detalla que, Austen pudo haber escrito oraciones adicionales durante su vida, su hermana Cassandra conservó tres oraciones junto a las palabras “compuestas por mi querida hermana Jane”.
“Se desconoce la fecha de sus oraciones, pero muchos estudiosos de Austen señalan que el estilo y la caligrafía son similares a los de su escritura adulta”, escribe Dodge.
Influencias de sus raíces familiares y espirituales
Entre otros datos de interés, desvela la influencia o semejanza de las oraciones escritas por Austen con algunos de los textos incluidos en el Libro de Oración Común empleado por anglicanos y episcopalianos, probablemente recogiendo las influencias provenientes de la frecuente oración en familia de su infancia. Una influencia que, según Dodge, se vería concretamente reflejada en las trece frases de cada oración compuesta por Austen o en el propio estilo de redacción, semejante al del Libro de Oración Común.
Los temas: por qué rezaba Jane Austen
En cada una de las oraciones que se han conservado, se aprecia como la escritora implora el auxilio divino para el día a día, por los enfermos o incluso por los viajeros, viudas, huérfanos o prisioneros, en definitiva, “todos los que sufren por cualquier causa, de todos los que se encuentran en cualquier circunstancia de peligro o angustia”.
Adjuntamos las tres oraciones disponibles en el portal especializado en Jane Austen, homónimo y radicado en Reino Unido.
Primera oración
Danos la gracia, Padre todopoderoso, de orar de tal manera que merezcamos ser escuchados, de dirigirnos a ti con el corazón como con los labios.
Estás presente en todas partes, ningún secreto puede ocultarse de ti. Que este conocimiento nos enseñe a fijar nuestros pensamientos en ti, con reverencia y devoción, para que no oremos en vano. Mira con misericordia los pecados que hemos cometido hoy y, con misericordia, haz que los sintamos profundamente, para que nuestro arrepentimiento sea sincero y nuestra resolución firme de esforzarnos por no volver a cometerlos en el futuro. Enséñanos a comprender la pecaminosidad de nuestros propios corazones y a reconocer cada falta de temperamento y cada mal hábito en el que nos hemos entregado para incomodidad de nuestros semejantes y peligro para nuestras propias almas. Que ahora, y al anochecer, consideremos cómo hemos pasado el día, cuáles han sido nuestros pensamientos, palabras y acciones predominantes durante él, y hasta qué punto podemos abstenernos del mal. ¿Hemos pensado irreverentemente en ti, hemos desobedecido tus mandamientos, hemos descuidado algún deber conocido o hemos causado dolor voluntariamente a algún ser humano?
¡Oh, Dios! Inclínanos a hacer estas preguntas a nuestro corazón, y líbranos de engañarnos por el orgullo o la vanidad. Danos un sentido agradecido de las bendiciones en que vivimos, de las muchas comodidades de nuestra suerte; para que no merezcamos perderlas por el descontento o la indiferencia... [Cada una de las oraciones concluye con un padrenuestro]
Segunda oración
Mira con misericordia a tus siervos aquí reunidos y acepta las peticiones que ahora te ofrecemos. Perdona, ¡oh Dios!, las ofensas del día pasado. Somos conscientes de muchas flaquezas; recordamos con vergüenza y contrición muchos malos pensamientos y deberes descuidados; y quizás hemos pecado contra ti y contra nuestros semejantes en muchos casos de los que no tenemos memoria.
Perdona, oh Dios, todo lo que hayas visto de malo en nosotros y concédenos un deseo más firme de resistir toda inclinación al mal y de debilitar todo hábito pecaminoso. Tú conoces la debilidad de nuestra naturaleza y las tentaciones que nos rodean. Sé misericordioso, oh Padre celestial, con las criaturas así formadas y situadas. Te bendecimos por cada consuelo de nuestra existencia pasada y presente, por nuestra salud de cuerpo y mente, y por toda otra fuente de felicidad que nos has otorgado generosamente y con la que cerramos este día, implorando su continuidad desde tu bondad paternal, con un sentimiento más agradecido de ellas que el que hasta ahora nos han suscitado. Que las comodidades de cada día nos sean gratificadas, que nos impulsen a obedecer tus mandamientos y a un espíritu benévolo hacia todos los seres humanos.
Ten piedad, oh Padre misericordioso, de todos los que sufren por cualquier causa, de todos los que se encuentran en cualquier circunstancia de peligro o angustia. Dales paciencia en cada aflicción, fortalécelos, consuélalos y alívialos. A tu bondad nos encomendamos esta noche, implorando tu protección en medio de la oscuridad y los peligros. Somos indefensos y dependientes; líbranos benignamente. Por todos los que amamos y valoramos, por cada amigo y familiar, oramos por igual; por muy divididos y distantes que estemos, sabemos que somos iguales ante ti y bajo tu mirada. Que estemos igualmente unidos en tu fe y temor, en ferviente devoción hacia ti y en tu misericordiosa protección esta noche. Perdona, oh Señor, las imperfecciones de estas nuestras oraciones y acéptalas por la mediación de nuestro bendito Salvador, en cuyas santas palabras nos dirigimos a ti.
Cultura
La Navidad en la época de Jane Austen: sin niños y sin abetos y daban los regalos el día de Reyes
Raquel C. Pico / Librópatas.com
Tercera oración
Padre Celestial, cuya bondad nos ha traído sanos y salvos hasta el final de este día, dispone nuestros corazones en ferviente oración.
Otro día ha pasado, y se ha sumado a aquellos por los que antes éramos responsables. Enséñanos, Padre Todopoderoso, a considerar esta solemne verdad como debemos hacerlo, para que sintamos la importancia de cada día y de cada hora que transcurre, y nos esforcemos fervientemente por aprovechar mejor lo que tu bondad aún nos concede, que lo que hemos hecho del tiempo pasado. Concédenos la gracia de esforzarnos, con un espíritu verdaderamente cristiano, por alcanzar esa paciencia y tolerancia de la que nuestro bendito Salvador nos ha dado el más alto ejemplo; y que, al tiempo que nos prepara para la felicidad espiritual de la vida venidera, nos asegurará el máximo disfrute de lo que este mundo puede dar. ¡Inclínanos, oh Dios!, a pensar con humildad en nosotros mismos, a ser severos solo al examinar nuestra propia conducta, a considerar a nuestros semejantes con bondad y a juzgar todo lo que dicen y hacen con la caridad que desearíamos de ellos. Te damos gracias de todo corazón por cada dispensación bondadosa, por todas las bendiciones que han acompañado nuestras vidas, por cada hora de seguridad, salud y paz, de comodidad doméstica y goce inocente.
Sentimos que hemos sido bendecidos mucho más allá de lo que merecíamos; y aunque no podemos sino orar por la continuidad de todas estas misericordias, reconocemos nuestra indignidad y te imploramos que perdones la presunción de nuestros deseos. ¡Oh Padre Celestial, líbranos del mal esta noche! Condúcenos con seguridad al comienzo de otro día y concédenos resurgir con la seriedad y la religiosidad que ahora nos guían. Que tu misericordia se extienda sobre toda la humanidad, llevando a los ignorantes al conocimiento de tu verdad, despertando a los impenitentes y tocando a los endurecidos. Mira con compasión a los afligidos de cualquier condición, alivia las angustias de la enfermedad y conforta a los quebrantados de espíritu.
Oramos particularmente por la seguridad y el bienestar de nuestra familia y amigos dondequiera que se encuentren dispersos, suplicándote que les alejes de todo mal material y duradero, tanto físico como mental; y que, con la ayuda de tu santo Espíritu, nos comportemos en la tierra de tal manera que aseguremos una eternidad de felicidad mutua en tu reino celestial. Concédenos esto, Padre misericordioso, por nuestro bendito Salvador, en cuyo santo nombre y palabras nos dirigimos a ti.