Religión en Libertad

El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.

Dios no está en las apariencias superficiales. Está dentro de ti y de mi.

🔹San Agustín. S 72, 4-5🔹

🔹San Agustín. S 72, 4-5🔹

🔹San Agustín. S 72, 4-5🔹- NMN

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¿Por qué murmuran y discuten los hombres entre sí diciendo qué es el bien? ¡Oh, si supieras qué es el Bien! ... si el hombre se descubre vacío de los bienes mejores, ¿Qué sentido tiene ambicionar bienes externos?🔹San Agustín. S 72, 4-5🔹

San Agustín se esforzó toda su vida buscando el "Bien" mayor, el Bien que nos llena de sentido, esperanza y paz. Este Bien lo encontró en Dios, porque sólo Dios es Bien absoluto y fuente de todos los demás bienes.

Lo que nos comenta habla sobre la inhabitación trinitaria y la primacía de la gracia. La inhabitación trinitaria es la presencia real y mística de la Santísima Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo, en el alma del fiel que vive en estado de gracia, convirtiéndolo en un templo vivo de Dios. Basada en la promesa de Cristo:

"Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él". (Jn 14,23).

El Bien no es una idea abstracta o una lista de normas morales a cumplir aparentemente. El Bien es Dios. En la vida nos damos cuenta que tenemos un "vacío con forma de Dios" que solo Él puede llenar.

La sociedad no ofrece muchas apariencias que se basan en buscar el bien en las criaturas (dinero, fama, placeres) en lugar de en el Creador. Esto es un error de “cálculo” espiritual. Es como quien quiere alcanzar una manzana madura y sólo consigue coger las hojas del árbol. Si el alma está "vacía" de Dios, poseer el mundo entero no sirve de nada.

El camino espiritual se puede resumir en caminar desde lo exterior a lo interior, y después, caminar de lo interior a lo superior, a lo trascendente. No busquemos fuera lo que solo florece en la intimidad del alma tocada por la Gracia.

Desde la Evangelización en las Redes, aplicar estas palabras al entorno digital de hoy es muy interesante. Las redes sociales son el escenario moderno de la "murmuración" y la "discusión" constante. "Murmuran y discuten" describe perfectamente el caos de hilos, comentarios o debates en todas las redes sociales. Evangelizar en redes no es sumarse a esta dinámica y generar más ruido para que otros se den cuenta de nuestra presencia. No se trata de sumarnos a la constante discusión ideológica sobre "qué es el bien", sino ser testigos de que el Bien existe y simplemente, señalarlo.

En la era del postureo, los "bienes externos" las redes son una especie de droga que nos evade de la vacuidad interior que padecemos. San Agustín nos preguntaría hoy: ¿De qué te sirve ver mil imágenes o videos si tu corazón está seco y vacío de lo esencial? ¿Para que buscar tener diez mil seguidores si nada de lo que compartes es fundamental para nadie?

El evangelizador digital no debe ser un "discutidor" más. No debe crear guerras, sino compartir paz. Su misión es provocar que alguna persona se pregunte sobre el vacío que tanto le duele en su interior. La verdadera evangelización en las redes consiste en invitar al quien pase por nuestro perfil a apagar la pantalla y entrar en su propio interior para encontrarse con Dios.

"Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti". (San Agustín. Las Confesiones, I, 1, 1).

Esta frase nos recuerda que, tanto en el siglo V como en el siglo XXI, el drama humano es el mismo: buscar fuera la plenitud que solo se encuentra dentro. Porque dentro de nosotros es donde Dios nos espera.

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