FIDES ET RATIO
Católico CSIC: las dieciséis primeras científicas de España
Hace 80 años que ganó por oposición su plaza de científica profesional del CSIC una española

Pilar Aznar, primera científica de España, jugando de chiquitina con su hermanito en El Retiro
Hace 80 años que una mujer ganó por oposición la plaza de científica profesional en la España contemporánea, y esa mujer no fue otra que la madrileña María del Pilar Aznar Ortiz, a quien he dedicado un artículo aquí en ReL , en el que daba noticia de su vida y actividad profesional, pero sobre todo de su intensa vida espiritual confesional católica: vivió toda su vida muy cerca de la Basílica del Cristo de Medinaceli, en Madrid, del cual era tan devota que lo visitaba todos los días al ir y al volver de su trabajo; mantuvo una importante relación epistolar con los capuchinos de esta basílica, así como con otros de Bilbao, San Sebastián, Estella y Tudela (Navarra), Zaragoza y Gijón, y a punto estuvo de pertenecer a la Orden Tercera Franciscana; se escribió con religiosas Hijas de María Inmaculada de Logroño, o del Instituto de Adoratrices Esclavas del Santísimo y la Caridad de San Sebastián; perteneció a los Jóvenes de Acción Católica, fue Esclava de Nuestra Señora de la Almudena y contribuyó al sostenimiento de la Iglesia Católica con abundantes limosnas durante su vida. La religiosidad y otros aspectos de su familia han sido pormenorizadamente desarrollados en dos artículos de la revista Madrid Histórico.
Tal conquista la efectuó en un período de tiempo, el que va de 1939 a 1975, en el que se nos dice que las mujeres estaban poco menos que secuestradas en sus domicilios, y en el que algunos sostienen que no hubo desarrollo científico en nuestro país. El caso de Pilar Aznar desmiente ambos planteamientos, pero además sirve para señalar que fue durante ese período de tiempo cuando nació y se desarrolló el mayor organismo público de investigación científica de la historia de nuestro país, que no es otro que el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) fundado y puesto en marcha por también católicos fervientes, de alguno de los cuales he hablado con anterioridad en extenso, como Albareda, su primer secretario general, o Ibáñez-Martín, su primer presidente, ambos indiscutibles pioneros de la incorporación de la mujer a la ciencia creando la figura de científico profesional en 1945, a la que fueron incorporándose tanto varones como señoras en régimen de oposición. Fue durante el período 1939-1975 cuando la proporción de mujeres vinculadas al CSIC experimentó el mayor crecimiento de la historia de dicho organismo, llegando a triplicarse superando el 30% de la platilla, no habiendo desde entonces ni a duplicarse siquiera.
Pero Pilar Aznar no fue la única mujer que ganó plaza de científica. He hecho un estudio no acabado en el que demuestro que, de las dieciséis primeras mujeres que conquistaron una plaza de científica en el CSIC-recogidas en un libro del CSIC como las pioneras- en dura pugna con varones, más de la mitad, es decir, nueve, fueron además católicas fervientes, algo que probablemente lo fueran todas pero que no es fácil demostrar, aunque me comprometo a ir dando cuenta de ello porque mis estudios continúan. Las nueve católicas de entre las dieciséis primeras fueron mencionadas con anterioridad por mí aquí en ReL. Estas son las que ganaron plaza de científica profesional –dedicando todo su tiempo a la investigación científica sin impartir docencia como las profesoras de universidad- cuando tal posibilidad existió, es decir, en el CSIC a partir de 1945. También me he referido a alguna de estas dieciséis primeras al hablar aquí en ReL del Instituto Daza de Valdés de Óptica, instituto que cumple ahora su 80 aniversario, y fue creado por José María Otero y Navascués, miembro de la Asociación Católica de Propagandistas (ACDP). De algunas mujeres científicas del CSIC pertenecientes a la ACDP he hablado aquí en ReL.
No están en esa lista todas las que son, ni son todas las que están. hay muchas otras posteriores, que también he presentado en ReL, como Isabel Mateo, que junto con otras que reúnen como ella la condición de científica católica practicante han sido entrevistadas en Radio María.
También he hablado de la existencia de científicas católicas que desarrollaron su actividad con anterioridad a la puesta en marcha del CSIC, que fueron profesoras de universidad y no científicas profesionales con dedicación exclusiva a la investigación, como lo he hecho recientemente de Luisa Mª Frías Cañizares, de particular relevancia por haber sido asesinada por los ateos del Ejército del Frente Popular, con lo que es caso ilustrativo y no único de cómo el ateísmo se empleó contra la ciencia en la Edad de Plata, haciéndolo también contra las maestras, algo de lo que por cierto la historiografía de la ciencia atea - muy empleada en la memoria democrática- no dice palabra.
Ya para terminar, de todas ellas destacaría a Ana Martínez Gil, que además de madre de familia numerosa acaba de ser noticia por sus impresionantes logros científicos en el combate contra la ELA. De todas ellas y de muchas más hay información en mi libro ‘100 católicas y científicas españolas’.