¿Fue viva la fe de Velázquez? Un misterio presente en las incógnitas y secretos de «Las Meninas»
El libro del experto José Luis de Nó sobre este cuadro aborda todos los interrogantes que siglos después sigue planteando la obra.

'Las Meninas' es uno de los cuadros de Velázquez de mayor interés popular y debates entre los expertos.
No hace mucho se ha publicado uno de los libros más sugerentes sobre Las Meninas de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660).
Este cuadro, intrigante como muy pocos en la historia de la pintura, lleva siglos constituyendo un misterio, no menos por la perspectiva de su concepción y diseño que por las circunstancias que lo definieron o la intención del artista.

José Luis de Nó, especialista en Arte y Comunicación, ha estudiado durante años todos los detalles que definen uno de los cuadros más célebres de la historia.
Las Meninas. La habitación de los secretos (Rialp): así lo califica José Luis de Nó, director de Arte en El Corte Inglés, licenciado en Bellas Artes, Diseño Gráfico e Imagen por la Universidad de Salamanca, máster en Publicidad por la Universidad Antonio de Nebrija y profesor del Istituto Europeo di Design.
José Luis de Nó ha consagrado décadas a leer todo y a experimentar todo sobre cada aspecto concerniente a Las Meninas, lo que incluye no solo la época en la que fue pintado este lienzo y sus costumbres sino todos sus aspectos técnicos e históricos sin detrimento de los artísticos.
Ha tenido acceso a detalles y circunstancias poco frecuentes y cierran el volumen aspectos asombrosos de su teoría para explicar diversos puntos que nadie considera explicados del todo.
Uno de los más evidentes para el espectador común: ¿cómo se compatibiliza la presencia del pintor en La Meninas con la propia perspectiva del cuadro?
Si alguien cree que se trata de una mera licencia velazqueña... necesita leer estas páginas.
Eso sí, empezamos preguntándole por otro misterio: la Cruz de caballero de la Orden de Santiago que luce Velázquez en un cuadro pintado... cuando aún no pertenecía a tan exigente congregación.
-La aspiración de Velázquez a ingresar en esta prestigiosa Orden se convirtió en algo más que un objetivo personal: simbolizó la lucha por dignificar la pintura como arte intelectual.
»Desde 1650, emprendió una estrategia paciente para alcanzar un honor reservado a la alta nobleza, cuyos estrictos requisitos -linaje limpio y ausencia de oficios mecánicos- parecían excluir a cualquier pintor.
-Una clave fue la disposición de 1653, que permitía acceder a quienes no cobraban por su trabajo. Velázquez, ya al servicio exclusivo del rey, supo presentarse no como artesano, sino como cortesano. Aun así, la investigación de su linaje fue ardua.
-Hasta 148 testigos declararon en su favor, negando que ejerciera la pintura como oficio remunerado.
»En 1659, rechazado inicialmente por dudas sobre su ascendencia, solo la intervención de Felipe IV y la dispensa papal de Alejandro VII despejaron el último obstáculo. Ese mismo año fue nombrado caballero. La cruz de Santiago que luce en Las Meninas, añadida tras su muerte, consagra así una conquista tanto social como simbólica.
-Velázquez apenas dejó huellas de su vida íntima ni de sus creencias religiosas.
»En el inventario de su biblioteca póstuma, solo cuatro de los ciento cincuenta y siete títulos registrados [2,5%] pertenecían a la esfera espiritual:
- De la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, del teólogo Lucas de Soria;
- Discurso de la religión antigua romana, del humanista francés Guillaume du Choul;
- De la santidad de Roma, del clérigo Gaspar Gutiérrez de los Ríos; y
- Figuras de la Biblia, del grabador Bernard Picart.
»También en su pintura, lo religioso ocupa un espacio reducido: apenas una docena de sus cerca de ciento veinticuatro obras autógrafas abordan motivos religiosos [10%].
»Y, sin embargo, su influencia en el imaginario católico universal se condensa con una fuerza extraordinaria en una sola imagen nacida en el convento madrileño de San Plácido: probablemente el Cristo crucificado más evocador jamás pintado, surgido de los pinceles de un genio cuya profundidad de fe nunca llegaremos a conocer.

El 'Cristo crucificado' (c. 1632) de Diego Velázquez.
-Desde sus primeras obras, Velázquez mostró una inclinación por lo paradójico a través de un recurso que hará suyo: el "cuadro dentro del cuadro". A una escena principal se suma otra, habitualmente situada en segundo plano, que amplía y enriquece el sentido del conjunto, como ocurre en estas dos pinturas.

Diego Velázquez, 'Cristo en casa de Marta y María' (1618). National Gallery, Londres.
»Este procedimiento permite la convivencia de registros aparentemente dispares: lo doméstico y lo sagrado, lo tangible y lo evocado, el instante presente y el eco de un relato anterior. En La cena de Emaús, la figura de la mulata que atiende la cocina parece dar forma plástica a la célebre idea teresiana de un Dios que también habita lo cotidiano.

Diego Velázquez, 'La mulata' o 'La cena de Emaús' (c. 1622). National Gallery, Dublín.
»Si bien existen antecedentes en la pintura flamenca, Velázquez desarrolla este recurso con una originalidad que alcanzará su máxima expresión en Las Meninas y Las Hilanderas.
-Para mí, Las Meninas no es un retrato cortesano ni una escena de taller. Es una metáfora del poder del arte, una adivinanza barroca disfrazada de rutina palaciega, una reflexión sobre la representación, oculta tras la apariencia de lo cotidiano.
»Velázquez convierte a los reyes en testigos y a nosotros en sus herederos.
»Según Javier Portús -conservador de pintura española del siglo XVII-, Las Meninas pertenece a una categoría de obras enigmáticas que escapan a las funciones tradicionales de la pintura. No es una pintura representativa, ni devocional, ni narrativa, sino algo más: una pintura de historia en el sentido renacentista del término, una obra que no responde a una necesidad concreta y que, en cambio, desafía al espectador a descifrar su significado.
- He aquí la presentación de 'Las Meninas. La habitación de los secretos' (Rialp) por parte de José Luis de Nó en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés el pasado 18 de noviembre.
»Las Meninas se inscribe así en un selecto grupo de cuadros cuyo discurso no se agota en la imagen misma, sino que exige la participación del espectador. Nos invita a especular sobre el desarrollo de la escena, a interrogarnos sobre la intención del pintor y a reflexionar sobre el papel de la pintura como un arte que va más allá de la mera representación.
-Velázquez concibió aquí un lienzo imposible: la síntesis final de todo lo aprendido a lo largo de su vida. Y, al mismo tiempo, encontró la manera de entrar en su propia creación, de firmarla desde dentro, en un momento en que cada uno de sus esfuerzos se dirigía a alcanzar la Orden de Santiago.
»Ortega y Gasset escribió que Velázquez comprendió que la realidad, a diferencia del mito, nunca está concluida. Tal vez ahí resida la clave: este enigma no se resolverá nunca del todo. Otros vendrán en busca de respuestas y, como me ocurrió a mí, encontrarán -inevitablemente- nuevas preguntas.