La influencer de 95 años que evangeliza en Internet con su colección de 500 estatuillas de la Virgen
La brasileña Maria do Carmo Arreguy es toda una devota de la Virgen María.

Con humor, recuerda que coronó tantas veces a la Virgen que "casi terminó convertida en estatua".
En una pequeña ciudad de Brasil, una habitación entera se ha convertido en un santuario doméstico que sorprende a quienes lo visitan. Allí, Maria do Carmo Arreguy Corrêa, de 95 años, guarda más de 500 estatuas de la Virgen María procedentes de todos los continentes.
Lo que comenzó como una devoción íntima se ha transformado, en el último año, en una inesperada misión digital que conmueve a miles de personas en redes sociales. Aleteia cuenta su historia.
La fe no tiene edad
Sentada entre estanterías repletas de imágenes marianas, Maria do Carmo graba breves vídeos en los que comparte historias, recuerdos y enseñanzas espirituales.
Con la ayuda de su hija, ha llevado esta pasión a Instagram y Facebook, donde su fe ha conquistado a una comunidad creciente. Para muchos, esta mujer se ha convertido en un testimonio vivo de que la fe no tiene edad ni fronteras. Hoy suma casi 4.500 seguidores.
La devoción mariana de Maria do Carmo nació cuando tenía apenas siete años. Su madre la inscribió en la escuela Nossa Senhora do Carmo, en Belo Horizonte, donde los cantos, las oraciones y la presencia de las religiosas moldearon su sensibilidad espiritual. Allí descubrió una relación con la Virgen que nunca se rompería.
"La miraba como si me hablara", recuerda en uno de sus vídeos. Aquella cercanía se reforzó en su casa, donde su madre conservaba una estatua de Nuestra Señora de las Gracias ante la cual la familia rezaba el rosario cada día. Ese rostro maternal, repetido en cientos de imágenes a lo largo de su vida, se convirtió en un punto de referencia.
Durante su infancia y adolescencia, Maria do Carmo participó en las tradicionales coronaciones de la Virgen que se celebran en Brasil durante el mes de mayo. Con humor, recuerda que coronó tantas veces a la Virgen que "casi terminó convertida en estatua". Aquellas ceremonias, llenas de música y flores, marcaron para siempre su relación con María.
La impresionante colección que hoy ocupa una habitación completa comenzó con un gesto sencillo. Ya adulta, un sacerdote notó la emoción con la que Maria do Carmo miraba una imagen mariana y decidió regalársela. Al llegar a casa, su esposo —periodista— le dijo con cariño: "Esta será la primera de una colección".
Y así fue. En cada viaje, él le traía una nueva representación de la Virgen. Luego se sumaron amigos, sacerdotes y hasta desconocidos que, al enterarse de su devoción, le enviaban estatuas desde distintos países. Con el tiempo, las imágenes se multiplicaron: Europa, Asia, África, América… cada continente está presente en su pequeño museo espiritual.
Hoy, además de las más de 500 estatuas que llenan la habitación principal, conserva más de cien estatuillas en una vitrina. Cada una tiene una historia, un origen y un significado. Para ella, no son objetos: son recuerdos vivos de la presencia de María en su vida.
"Mi misión es compartir mi devoción y hablar sobre la Virgen María", afirma. Sus publicaciones mezclan anécdotas personales, testimonios de oración y recuerdos familiares. Algunos seguidores le envían fotos, otros le recomiendan nuevas imágenes y algunos incluso le mandan estatuas desde lugares remotos.
Para muchos internautas, sus vídeos han sido un impulso para retomar el rosario, volver a rezar o dar un lugar más importante a la Virgen en su vida espiritual. "Aquí estás de nuevo con una historia que fortalece nuestra devoción", le escribió recientemente un seguidor.
A sus 95 años, Maria do Carmo vive entre oraciones, recuerdos y grabaciones. Su colección continúa creciendo, al igual que la comunidad que la acompaña. Lo que comenzó como un gesto familiar se ha convertido en una forma de evangelización sencilla y profunda, capaz de tocar corazones en distintos países.
USA - Edición Hispana
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Religión en Libertad
En su hogar brasileño, donde cada estantería cuenta una historia, esta mujer demuestra que no existe límite de edad para transmitir la fe. Su vida es un recordatorio de que la devoción puede convertirse en misión, y que el amor a la Virgen —como ella misma dice— "siempre encuentra un camino para llegar a los demás".