Viernes, 09 de diciembre de 2022

Religión en Libertad

Documento contra la eutanasia para formar a los agentes de pastoral de la salud: cuatro argumentos

Eutanasia
La eutanasia no elimina el dolor sino a la persona, advierten los redactores del documento.

ReL

La Delegación diocesana de Pastoral de Salud de la Archidiócesis de Sevilla quiere formar a los agentes de pastoral ante el desafío de la eutanasia y para ello ha elaborado un documento que aclare conceptos y dé respuestas ante una ley ya vigente en España.

El texto reflexiona sobre la eutanasia, una “práctica lejana al más esencial cometido de la Medicina, que es siempre curar y cuando no se puede, cuidar y paliar”. Aunque la Conferencia Episcopal Española ha encargado el tratamiento pastoral de este tema al Departamento de Familia y Vida, Manuel Sánchez de Heredia, delegado diocesano de Pastoral de la Salud, ve “necesario” que los agentes de esta pastoral tengan “algunos conocimientos básicos a este respecto, para saber manejarnos con criterios claros en un asunto con el que podemos tropezar en algún momento”.

Respuesta al sufrimiento

El documento se basa en el texto ‘Sembradores de Esperanza’ publicado por la Conferencia Episcopal Española en 2019.

“Quien sufre y se encuentra ante el final de esta vida necesita ser acompañado, protegido y ayudado a responder a las cuestiones fundamentales de la existencia, abordar con esperanza su situación, recibir los cuidados con competencia técnica y calidad humana, ser acompañado por su familia y seres queridos y recibir consuelo espiritual”, afirma el documento.

Por tanto, “el suicidio asistido y la eutanasia no aportan soluciones a la persona que sufre”. Ambas prácticas, asegura el documento, “incluyen el descarte del enfermo como una posibilidad” y muestran “una falsa compasión frente a la petición de que se le ayude a anticipar la muerte”.

Esta perspectiva, además, viene respaldada por las asociaciones médicas. Concretamente la Asociación Médica Mundial (AMM) reconocía en octubre de 2019 que “ningún médico debe ser obligado a participar en eutanasia o suicidio con ayuda médica, ni tampoco debe ser obligado a derivar un paciente con este objetivo”.

¿Debate social?

En su formación, la Pastoral de la Salud defiende que no existe un debate social real sobre la eutanasia y el suicidio asistido, sino que estamos siendo objeto de diversas campañas propagandísticas a su favor: “En el fondo nos encontramos ante una determinada concepción del ser humano y sus implicaciones familiares y sociales y un concepto de libertad concebida como voluntad absoluta desvinculada de la verdad sobre el bien”.

Asimismo, señala algunos de los aspectos que se promueven en estas campañas, como la presentación del ‘caso límite’ que interpela la sensibilidad colectiva, sumado al uso de eufemismos como “muerte digna”, “autonomía” o “liberación”.

Argumentos para su legalización

En el documento formativo, Sánchez de Heredia propone cuatro argumentos ante las principales “defensas” de la eutanasia.

Por un lado, responde a aquellos que afirman que esta práctica alivia “el sufrimiento insoportable” de los enfermos. Al respecto, mantiene que la “experiencia clínica demuestra suficientemente que la solución no es la eutanasia, sino la atención adecuada, humana y profesional, y a este fin se dirigen los Cuidados Paliativos”.

En segundo lugar, los defensores de la eutanasia sostienen que se trata de una práctica compasiva. Esto provoca que muchos enfermos se sientan como una carga para los demás y consideren que su vida dependiente está carente de dignidad. Sin embargo, el documento resulta tajante ante esta supuesta compasión: “Hay que suprimir el dolor y no al paciente”, porque “la auténtica compasión es de otro orden”.

Además, se refiere también al término “muerte digna”, expresión asociada a la calidad de vida, que se antoja demasiado subjetivo, dado que en ciertas situaciones se podría defender que esta calidad de la vida “vale más que la vida misma”.

Finalmente, y relacionado con lo anterior, explica el cuarto argumento: la autonomía del paciente concebida como un absoluto. Ante este argumento apunta que en caso de enfermedad grave o terminal el paciente no es siempre totalmente libre, ya que sus decisiones vendrán condicionadas por su propia situación, la medicación, el dolor o sufrimiento que pueda estar padeciendo y por otras circunstancias que limitan necesariamente su capacidad de decisión.

El texto concluye denunciando que es “especialmente contradictorio defender la eutanasia precisamente en una época como la actual, en la que la Medicina ofrece alternativas, como nunca hasta ahora, para tratar y cuidar a los enfermos en la última fase de sus vidas”.

Puedes leer aquí el documento íntegro publicado por la Archidiócesis de Sevilla

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