Lunes, 19 de agosto de 2019

Religión en Libertad

HEMEROTECA Alba tiene 27 años y avisa a otras jóvenes para que no se dejen engañar

Abortar la condujo a una profunda depresión de la que Dios la sacó a través de una mujer provida

Alba y su hija Salma, que tenía ocho meses cuando decidió abortar / Fotos cedidas por Alba Alonso
Alba y su hija Salma, que tenía ocho meses cuando decidió abortar / Fotos cedidas por Alba Alonso

Javier Lozano / ReL

Alba Alonso, una joven gallega de 27 años, sabe muy bien lo que es el síndrome postaborto pues durante los dos últimos años ha sufrido en sus carnes sus devastadores efectos. Abortó al que iba a ser su segundo hijo tras sentirse sola y sin salida, y los profesionales lejos de ofrecer alternativas la condujeron directamente a las puertas del abortorio.

Arrepentida por lo que hizo encontró una ayuda vital en la asociación Más Futuro dirigida por Marta Velarde. Ahora esta joven se ha convertido en una firme defensora provida que además está experimentando una fuerte conversión religiosa que la está ayudando a sanar sus profundas heridas internas.

Un embarazo inesperado

En una conversación con Religión en Libertad, afirma que necesita contar su testimonio para que otras jóvenes como ella no sean engañadas para abortar. Alba tenía 25 años y un bebé de ocho meses llamada Salma cuando se enteró de que estaba de nuevo embarazada. En aquel momento se le vino el mundo encima.

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Alba tenía 25 años cuando abortó a su segundo hijo

Mi vida era un caos, aunque al lado de la vida de otras chicas no era tanto. Sentía confusión, miedo y me sentí sola, porque no me lo esperaba”, asegura esta chica natural de la ciudad de Vigo.

El mayor problema con el que se encontró al quedarse embarazada fue el de su familia. “Mi madre es una persona a la que le importa mucho el qué dirán en la familia, los vecinos, y que si yo soy muy joven, etc. Y mi hermana es defensora del aborto y me iba a presionar”.

Miedo, vergüenza y malos consejos

En aquella situación de angustia, Alba afirma que sintió “vergüenza” y “miedo” y que la iban a juzgar, por lo que decidió no decir nada sobre el embarazo. ¿Qué hizo? “Me apoyé en una amiga que ya había abortado, ella me dijo que fuera a un centro de planificación familiar y que allí me iban a ayudar mucho, pero al final fue todo lo contrario”.

Haciendo caso a su amiga acudió a ese centro para reunirse con la trabajadora social, pero esta profesional sólo ofreció una vía posible: “Me dijo que estaba loca, que no podía tener ese bebé, que iba a hacer mucho daño a mi hija, que la iba a dejar descuidada, y que esta situación me arrastraría a la pobreza. Además, me llegó a decir que sólo era una masa de células, que no tenía sentido seguir adelante porque no iba a poder mantener a dos hijos”.

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Alba, junto con su hija Salma

Recordando aquella situación con los ojos de hoy, Alba es consciente de que esta trabajadora social la convenció y empujó a abortar. “Casi que decidió ella que hiciera esto. Me sentía débil, estaba sola y me apoyé en ella. Pensé que ella sabía de estas cosas y tenía experiencia así que me fié de ella al cien por cien”, explica.

El momento de abortar

Un par de semanas después tenía ya cita para abortar. Fue acompañada por esta amiga que no había abortado una vez sino dos. Cuando se quiso dar cuenta ya estaba en el quirófano. Esta joven madre recuerda a la perfección aquel instante: “Estaba muy triste, no quería hacerlo pero todas las circunstancias me llevaban hasta ahí. Era un quiero y no puedo. Un no quiero pero tengo que hacerlo. En ese momento estaba cegada”.

A Alba la hicieron una ecografía. Ella quería verla, quería ver a su hijo, pero no la dejaron y giraron el ecógrafo para que no pudiera vislumbrar que en realidad aquello no era una masa de células sino un ser humano. “Me dijeron que iba a ser muy rápido, y que me iba a sentir muy bien”, cuenta. Y poco después salía por la puerta sin aquel bebé. Estaba embarazada de siete semanas.

La dura realidad del síndrome postaborto

Lejos de sentirse tan bien como le decían que estaría tras abortar, Alba empezó a vivir un infierno, que además tiene nombre: síndrome postaborto. “Existe y es horrible, es una sensación muy desagradable, lo que peor que le puede pasar a una chica”, asegura ella.

Tras abortar –cuenta Alba- “comencé a sentir una sensación de culpabilidad, me sentía una asesina que había matado a mi hijo, estaba triste, se me caían las lágrimas, tenía una sensación de angustia, agonía, de no tener nada de paz, como si no me mereciera vivir por lo que había hecho”.

Esta joven gallega tenía una profunda depresión, que lejos de desaparecer, con el tiempo fue empeorando. “Es algo horroroso”, incide.

Para mostrar de nuevo el engaño al que fue sometida, ella asegura que preguntó a aquella trabajadora social si después de abortar se sentiría mal. “Me dijo que no pasaría nada”, cuenta ella, que afirma convencida de que “puedes estar con terapia psicológica pero las secuelas son para toda la vida”.

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Ecografía de su hija Salma. Sin embargo, no le dejaron ver la ecografía del bebé que abortó. Por eso Alba cree muy importante que las chicas embarazadas que quieran abortar vean estas ecografías, pues verán que es su hijo y no una "masa de células"

De hecho, en el hospital los psicólogos le dieron antidepresivos que aunque la calman no ayudan con el profundo dolor que ha tenido en su interior.

El rescate de la depresión

Sin embargo, en medio de toda esta oscuridad apareció una luz que ha cambiado su vida por completo. Se trata de Marta Velarde, presidenta de la asociación Más Futuro-Rescatadores Juan Pablo II, que desde 2013 ha logrado rescatar a 3.407 bebés en las puertas de los abortorios. A ellos hay que sumar una importante cifra indeterminada de mujeres que han sido ayudadas desde la distancia con el teléfono 24 horas. Y además, también ayuda a chicas que ya han abortado y que viven un auténtico drama. Este fue el caso de Alba.

Sufriendo con esta depresión provocada por la decisión que tomó, buscó en internet ayuda para superar el síndrome postaborto y entonces apareció un vídeo de Marta Velarde. Lo vio, y sintió que es lo que necesitaba escuchar así que pidió su contacto, lo encontró y sin pensárselo dos veces la llamó. Ahí empezó su salvación.

“Me llamó, hablamos y me ayudó muchísimo. Me comentó que lo que yo estaba sufriendo los pasaba un 90% de las chicas que abortaba, que era normal lo que estaba pasando, que era como un duelo. Me dio consejos sobre lo que hacer. Y me llama, siempre está ahí”, explica esta joven gallega.

Dos años después de haber abortado, Alba no sólo se arrepiente sino que se ha convertido en una provida convencida. No quiere que ninguna chica pase por lo que ella ni se deje engañar para acabar con la vida de su hijo. A su juicio, “hay mucho engaño y desinformación” por parte de personas a las que les interesa que siga este millonario negocio. Y por otro lado, muchas mujeres que defienden el aborto “no saben lo que es el aborto de verdad”.

Dios es ahora una fuente de paz en su vida

Uno de los elementos que está ayudando a Alba a salir de esta triste situación ha sido la fe. Asegura que siendo niña sus abuelas le transmitieron la fe, pero cuando creció se alejó de Dios y de cualquier práctica religiosa.

“Al entrar en esta depresión he podido volver a esta fe de la que llevaba muchísimos años apartada”, asegura. Y fue también gracias a Marta Velarde, que cuando la ayudaba con el síndrome postaborto la preguntó si era católica y le dijo la enorme ayuda que podía recibir de Dios.

Alba relata que “esta conversión se produjo justo cuando estaba en esta angustia y depresión”, aunque este proceso está todavía en marcha, al igual que su sanación interior, que va avanzando poco a poco.  Ella afirma convencida de que “Dios me ha ayudado con muchas cosas que no veía, y que ahora veo. Poco a poco estoy encontrando esta paz”.

Ella sabe que Dios la perdona, pero el siguiente paso para ella es lograr perdonarse a sí misma, algo que aún no ha conseguido y que no sabe si algún día podrá hacer. Pero su encuentro con Dios es reciente y avanza, y ya dice la Escritura que para Dios nada hay imposible.

Publicado originariamente en Religión en Libertad el 13 de febrero de 2019

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