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El Papa ha promulgado este viernes  nuevos decretos

Nuevos venerables: María Evangelista, cisterciense de Valladolid, y José Merino, dominico de Madrid

El dominico José Merino (a la izquieda) y la monja cisterciense María Evangelista Quintero Malfaz. 

El dominico José Merino (a la izquieda) y la monja cisterciense María Evangelista Quintero Malfaz. archivo

Redacción REL
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El Vaticano ha promulgado este viernes 24 de octubre nuevos decretos de santidad entre los que reconoce como venerables a cuatro nuevos Siervos de Dios, entre ellos dos españoles.

María Evangelista Quintero Malfaz, nacida el 6 de enero de 1591 en Cigales, en Valladolid (España), provenía de una familia profundamente cristiana. Huérfana de ambos padres, siguió su vocación religiosa e ingresó en el monasterio cisterciense de Santa Ana, en Valladolid. Vivió experiencias místicas que dejó por escrito, guiada por sus confesores Gaspar de la Figuera y Francisco de Vivar.

En 1632 fue enviada al nuevo monasterio cisterciense de Casarrubios del Monte (Toledo), del que fue nombrada abadesa el 27 de noviembre de 1634. Promovió la vida de oración y contemplación, continuando sus experiencias místicas, algunas con signos visibles

En 1648 su salud se debilitó gravemente y murió el 27 de noviembre de ese año. Cinco años después, sus restos fueron hallados incorruptos, mientras crecía su fama de santidad. Su vida estuvo marcada por el diálogo constante con Dios y por su deseo de ofrecerse como víctima junto a Cristo por la conversión de los pecadores.

Fervor por la predicación

José Merino Andrés nació en Madrid el 23 de abril de 1905. Su vocación maduró en la parroquia y en la Acción Católica. Ingresó en el convento dominico de San Esteban, en Salamanca, el 22 de julio de 1933, y fue ordenado sacerdote seis años después. Sirvió en los conventos de La Felguera (Asturias) y Nuestra Señora de Atocha (Madrid), dedicándose con fervor a la predicación y los sacramentos.

En 1949 fue enviado a México para las misiones populares y, al regresar, fue maestro de novicios en Palencia, donde formó a más de 700 jóvenes entre 1950 y 1966. A pesar de su frágil salud, continuó su labor misionera hasta su muerte el 6 de diciembre de 1968. Fue un religioso ejemplar, profundamente devoto de la Virgen María, humilde, pobre y obediente, siempre animado por una fe firme y una esperanza confiada en la misericordia divina.

Apóstol de las misiones populares

Angelo Angioni, sacerdote diocesano, nació el 14 de enero de 1915 en Bortigali (Cerdeña), en una familia numerosa y de fe viva. Ordenado el 31 de julio de 1938, sirvió como vicario y párroco durante diez años. En 1948 fue nombrado rector del seminario diocesano de Ozieri, donde promovió la creación de una comunidad de sacerdotes misioneros dedicados a las misiones populares y extranjeras, inspirados en el beato Paolo Manna.

Fue enviado como sacerdote fidei donum a Río Preto, Brasil, donde desarrolló una intensa labor pastoral, social y educativa. Fundó el Instituto Misionero del Corazón Inmaculado de María, formado por sacerdotes, diáconos, religiosas contemplativas y laicos. Gracias a su iniciativa se construyeron iglesias, capillas, casas de retiro y espacios para ancianos y actividades parroquiales. Fundó además una imprenta para publicar materiales formativos y un Instituto de Ciencias Religiosas.

Sufrió dos ictus, en 2000 y 2004, que limitaron su actividad. Murió el 15 de septiembre de 2008. En su vida se reflejó el amor al Señor, la pobreza evangélica y un ardiente celo apostólico.

Cabo mayor en la Gran Guerra

Gioacchino de la Reina de la Paz, nacido Leone Ramognino el 12 de febrero de 1890 en Sassello (Liguria), recibió su nombre en honor al Papa León XIII. Creció en una familia muy religiosa y trabajó como carpintero. Participó en la Primera Guerra Mundial como cabo mayor, destacándose en la construcción de puentes y canales en el Isonzo y el Piave, por lo que fue condecorado Caballero de Vittorio Veneto.

Tras la guerra, colaboró con su párroco en la fundación del Círculo San Luigi para la educación juvenil y ayudó a crear un grupo de exploradores católicos. Promovió la construcción del Santuario de la Reina de la Paz en el monte Beigua, del que fue custodio desde 1927, viviendo allí como ermitaño durante una década.

En 1951 ingresó en el convento del Desierto de Varazze de los Carmelitas Descalzos, donde continuó su servicio al santuario hasta su muerte, el 25 de agosto de 1985, a los 95 años. Dedicaba largas horas a la oración ante el Sagrario y manifestaba una tierna devoción a la Virgen. Caritativo y acogedor, fue ejemplo de vida espiritual para los novicios, tanto que la gente lo llamaba cariñosamente “Ninu u santu”.

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