Domingo, 20 de junio de 2021

Religión en Libertad

San Pascual Bailon, que no bailador

Fraile humilde, enamorado del Sacramento y de la Madre de Dios. Mártir de deseo y obediente hasta el martirio.

Ramón Rabre

San Pascual Bailón.
San Pascual Bailón.

San Pascual Bailón, religioso franciscano alcantarino  17 de mayo.

Pascual Bailón (o Baylon) nació en Torrehermosa el Domingo de Pentecostés de 1540, 16 de mayo, por eso se le impuso el nombre Pascual. Fue hijo de los labradores Martín e Isabel. Se cuenta que de niño desapareció y fue hallado en la iglesia, en el altar del Santísimo, muy alegre; y no una vez, sino varias veces insistió el niño en estas escapatorias pías. No es extraño que de santo tan devoto del sacramento se embellezca su infancia de esta manera. Anécdotas parecidas se leen de San Antonio de Padua (13 de junio) o San Idunet de Landevennec (8 de mayo, 19 de octubre y 5to domingo de Pascua). Otra dice que a los siete años se puso el hábito franciscano de un primo que lo llevaba por devoción y estaba enfermo. Al quitárselo su madre dijo: "Da igual, más tarde me haré fraile".

Fue pastor de niño y joven, era piadoso, trabajador y listo, aprendió a leer solo con el devocionario, preguntando como se decían las letras. En su cayado tenía grabada una imagen de la Virgen María (costumbre muy común entre los pastores), así que, clavándolo en la tierra, le servía de protección y medio para su oración. Era bueno con todos, incluido el ganado, al que no arrojaba piedras, ni le apaleaba, "ni usaba de él para acción alguna menos decente", al decir de Pascual Salmerón, otro de sus biógrafos. En esta época hizo varias veces el milagro de hacer aparecer fuentes para dar de beber al ganado y los pastores. Varias veces se le aparecieron San Francisco (4 de octubre, 17 de septiembre y 25 de mayo) y Santa Clara (11 de agosto y 23 de septiembre), que en una de esas le dieron el hábito que había de vestir, reformado y descalzo. Un último detalle: Cuando no podía asistir a misa, se ponía en oración y abriéndose el cielo, veía a los ángeles adorando al Sacramento. Hasta jovencito fue pastor y su último amo, Martín García, le ofreció a su hija en matrimonio, pero Pascual la rechazó para hacerse religioso. Varios lugares de la zona valenciana, donde vivió y trabajó como pastor junto a su hermana Juana, reclaman su presencia como pastor y fraile, dejando estelas de milagros en ellos.

Para tomar el hábito, eligió la orden franciscana, en la familia alcantarina, fundada por San Pedro de Alcántara (19 de octubre), la más penitente de esos momentos y que luego sería absorbida por los frailes menores. Profesó como hermano lego en Elche, el día de la Candelaria de 1565. Su pobreza era extrema, hasta el grado de aprovechar hasta una hebra de hilo que encontrase, o solo usar hábitos rehusados por los otros religiosos, de puro remiendo que eran. Durante diez años ayunó a pan y agua, no dormía más de tres horas y para eso, sentado o de rodillas, recostado a la pared de su celda, que era el agujero de una escalera.

El demonio lo tentaba contra su castidad por medio de pensamientos y mujeres malas, pero siempre resistió. Era tanta su pureza, dicen los hagiógrafos, que años después, llevando la condesa de Pedemonte una reliquia entre los pechos, se le abrió una llaga gusaneada que duró hasta que no se quitó la reliquia de ese sitio. Y bueno, que decir de su oración... que era tan absorta que caía en éxtasis, se elevaba y solo el mandato del superior podía sacarle de ello. Destacó por la devoción al Sacramento, y siempre que podía se hallaba de rodillas ante él. Era muy caritativo con los pobres y los enfermos, llegando a multiplicar las sopas que hacía para ellos, o el renacimiento de las acelgas en Almansa, donde al arrancar las últimas, al otro día había un bancal lleno de esta verdura.

Fue cocinero, hortelano, fraile limosnero, muchas veces en compañía del Beato Andrés Hibernón (18 de abril). Ya profeso, fue a París, por un encargo de Guardián; en este viaje sucedió una de sus anécdotas más repetidas: Le encontró un hereje luterano y le preguntó: "¿Dios está en el cielo?", a lo que respondió afirmativamente, y el hombre le dejó en paz. Luego más tarde se lamentaría Pascual de no recordar decirle que Dios está también el en Sacramento, y por ello haber perdido la gracia de ser mártir.

En 1589 fue destinado a Villareal, Castellón, donde quedó para siempre y es el punto neurálgico de su devoción. Aquí también destacó como un religioso ejemplar, devotísimo del Santísimo, muy obediente y penitente. Cayó enfermo de "calenturas y dolor de costado", y así estuvo unos días. El Domingo de Pentecostés de 1592, 17 de mayo, falleció mientras se cantaba la misa del Espíritu Santo: A la elevación de la Hostia, abrió los ojos, dijo el nombre de Jesús y murió. En sus funerales se repitió el hecho, ya esta vez como milagro: A la elevación abrió los ojos, para cerrarlos definitivamente. Otros milagros ocurrieron en los días antes de sepultarlos: cojos, mancos, ciegos, lisiados, llagados... hallaron curación y consuelo, según consta en el proceso de canonización.

El cuerpo fue metido en cal, para acelerar la descomposición, pero 8 meses después, estando el provincial de visita, se abrió el sepulcro y se halló fresco y lozano. 2 años más tarde, lo mismo, los hábitos estaban desechos, salvo un trozo que cubría la zona genital y que fue tenido como un signo del último resguardo de su pureza. El cuerpo fue puesto en pie y no se cayó. 19 años más tarde, más de lo mismo. En una de estas elevaciones de las reliquias, se le cortaron los pies, que fueron cortados en trozos y enviados a diversos conventos como reliquias. Ya en el siglo XIX le faltaban una pierna completa, un dedo y dos dientes, todo repartido. El cuerpo se conservaba incorrupto hasta 1936, en que fue profanado y quemado, pudiéndose salvar solo unas pequeñas reliquias, que reposan en su santuario, dentro de una imagen yacente.

El 19 de octubre de 1618 Pablo V lo beatificó, y el 16 de octubre de 1690, lo canonizó Alejandro VIII. Gregorio XV concedió y extendió su memoria a toda la orden, para el día 17 de mayo. León XIII le proclamó patrón de las Asociaciones Eucarísticas. Es, además, patrón los Congresos Eucarísticos, la Archicofradía del Santísimo Sacramento y de la Adoración Nocturna. En el arte suele ser representado con el Sacramento, las ovejas y el cayado de pastor.

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