Miércoles, 20 de noviembre de 2019

Religión en Libertad

Harvey Weinstein es donante de todas las causas políticamente correctas

Los abusos en Hollywood retratan la liberación sexual: no tan lejos del islam en su trato a la mujer

Harvey Weinstein, cumplimentado por Michelle Obama, Whoopi Goldberg y Hillary Clinton, como gran donante del Partido Demócrata y de Planned Parenthood.
Harvey Weinstein, cumplimentado por Michelle Obama, Whoopi Goldberg y Hillary Clinton, como gran donante del Partido Demócrata y de Planned Parenthood.

ReL

Las acusaciones contra el productor cinematográfico Harvey Weinstein, factótum en Hollywood durante los últimos treinta años, uno de los principales donantes del Partido Demócrata y del emporio abortista Planned Parenthood, buen amigo de los Obama y los Clinton e impulsor de todas las causas políticamente correctas en las que involucraba a lo más granado del establishment del séptimo arte, ha disparado las denuncias de doble moral contra ese conglomerado de poder político, cultural y mediático. Y no tanto por los hechos en sí mismos (el abuso de poder para lograr favores sexuales), como porque eran conocidos o consentidos por buena parte de quienes (políticos, actores, creadores de opinión) ridiculizaban y denostaban la moral cristiana en nombre de la "liberación" de la mujer. Al final resulta que ellos no estaban tan lejos del trato reservado a la condición femenina por el islam, como señala Derya Little, educada en Turquía como musulmana (aunque profesó el ateísmo después y finalmente se convirtió al catolicismo mientras se doctoraba en Ciencias Políticas en el Reino Unido), en un artículo publicado por Crisis Magazine:


Derya Little ha plasmado su experiencia de conversión en el libro From Islam to Christ [Del islam a Cristo], publicado por Ignatius Press.

De vez en cuando aparece algún artículo que defiende la práctica de las mujeres islámicas de cubrirse el pelo. Si realmente quiere ser ofensivo, añade la foto de una monja con hábito al lado de una bella mujer con el hiyab. "¿Cuál es la diferencia", pregunta.

"Es cuestión de elección", respondo. Uno podría pensar que el movimiento que se puso a sí mismo el adjetivo "pro-choice" [pro aborto como "decisión, elección" {choice} de la madre] apreciaría el matiz. A pesar de los infinitos juegos verbales, una mirada honesta al mundo actual revela que el único lugar en el que las mujeres tienen verdadera posibilidad de elección es la Iglesia, donde reina Cristo.
 
He seguido los recientes sucesos de Hollywood de manera distante, sin asombro o sorpresa. Hay implicados dinero, hombres poderosos y mujeres que están deseando hacer cualquier cosa para avanzar en su carrera, o que se sienten demasiado atrapadas y solas para resistir. Sea como sea, es una fórmula que cosifica a las mujeres y abusa de ellas. No es la primera vez. Y no será la última.


Weinstein, en un evento a favor de la multinacional abortera Planned Parenthood este mes de mayo. Aparece con su esposa y madre de sus dos hijos, Georgina Chapman, quien ha anunciado que le abandona al conocerse los escándalos en los que está involucrado.

La actitud de los hombres hacia las mujeres, y la imposibilidad de elección de las mujeres en el islam y en Hollywood, es notable. En un extremo del espectro tenemos la abrumadora apariencia de querer custodiar la virtud de las mujeres. Las mujeres musulmanas tienen la responsabilidad de cubrir sus cuerpos. Incluso en el país musulmán y secular en el que crecí, desde temprana edad se enseña a las niñas que la más mínima falta de recato puede llevar al hombre a pecar. Y ese pecado recae sobre nuestros hombros.

El islam... 
Imagínense lo que es crecer oyendo que es culpa de las mujeres si hay abusos sexuales, acoso o violación. Luego, imagínense qué significa convertirse en una leprosa social porque la virginidad lo es todo, no importa cómo se haya perdido. Tras oír este continuo adoctrinamiento y adorar a Alá, que es el señor supremo sin consideración de padre, el ciclo de abusos está completo.
 
A los hombres no se les enseña a controlar sus ojos o sus cuerpos, como si sus impulsos sexuales estuvieran totalmente fuera de su control. Ciertamente, se les enseña a mantenerse alejados de las esposas de otros hombres, pero es increíblemente fácil casarse y divorciarse. Tener más de una esposa y varias esclavas significa tener un harén: "Vuestras mujeres son para vosotros un campo de siembra; id a vuestro sembrado según queráis..." (2:223). Es un mundo en el que los hombres y Alá son los reyes.


 
Claro está, no todos los hombres musulmanes son depredadores, pero la cultura dominante gira alrededor del supuesto de que las mujeres son inferiores en inteligencia y virtud; por consiguiente, son responsables de la caída del hombre. Si un hombre anciano toca a una mujer joven de manera inapropiada, ésta debe mirar hacia otro lado y cerrar la boca. Si una mujer pierde su virginidad, la vergüenza que recae sobre su familia es tan abrumadora que a menudo el precio es la vida de la mujer. Los asesinatos por honor no son algo de un pasado distante, sino otra crueldad que el islam tolera.
 
Las mujeres en los países islámicos realmente creen que es su culpa si un hombre cae, y es responsabilidad de ellas prevenir que no suceda. Para cuando llega la edad de la razón, el miedo y la vergüenza dominan cualquier deseo o valor de alzar la voz o plantear una pregunta. La palabra "elección" se convierte en un término irrelevante, incluso irrisorio.

...y nuestro mundo sexualmente "liberado" 
Ahora bien, en el otro extremo del espectro tenemos un mundo en el que la idea de modestia o recato es absurda. Hollywood es el lugar donde floreció la revolución sexual; donde la pornografía fue normalizada; donde la "liberación" de las mujeres fue celebrada. Por consiguiente, ahora que hay anticoncepción libre, aborto "seguro" y ninguna obligación de casarse, las mujeres, en Hollywood, deberían ser más libres que en ningún otro sitio.
 
Sin embargo, como sucede en el islam, la cultura atea de la industria del cine no comprende la naturaleza de la persona humana. Los hombres, cuando se les da el poder y la capacidad, tienen más probabilidades de abusar de las mujeres. En el islam, el poder viene de Alá; en Hollywood, de la posibilidad de construir o destruir una carrera. Todos estos hombres se convierten en pequeños ídolos que pueden controlar la vida de las mujeres.
 
Yo supongo que estas aspirantes a actrices no sabían lo horribles que podían ser las cosas cuando decidieron ser famosas. Confiar en el propio talento y belleza, y descubrir que una no es tan excepcional en un mundo en el que muchas están dispuestas a comprometer su integridad por un pedazo del gran pastel, debe ser demoledor.



Rodeadas de hombres poderosos, ricos y cultos que les aseguran que el sexo no es nada, estas jóvenes ambiciosas se ven metidas en las situaciones más indeseables. De nuevo, ese término tan repetido, "elección", sale volando por la ventana junto a las esperanzas de conseguir una carrera prometedora sin tener que pasar por la cama del productor.
 
El resultado final es el mismo. El islam y la revolución sexual hacen lo mismo: eliminar la protección que el cristianismo ofrece a las mujeres.
 
Cristo, la virtud y la gracia
No importa lo mucho que el mundo lo niegue: la verdad es que los hombres y las mujeres son distintos. Los hombres tienen más fuerza física que las mujeres. Y si esta fuerza física no es contenida con una autodisciplina de virtud y gracia, los hombres abusarán de las mujeres.
 
Sólo en un mundo en el que los hombres y las mujeres sean iguales en dignidad y amados por igual por el Creador del Universo, las mujeres podrán esperar la libertad. El cristianismo lleva a los hombres hacía los niveles más elevados porque Cristo se sacrificó por su esposa [la Iglesia].
 
A diferencia de lo que se enseña en el islam y en la cultura saturada de sexo de Occidente, el cristianismo enseña que todos podemos decir "no", incluyendo las mujeres. Hombres y mujeres de fe han sido tentados con la lujuria a lo largo de la historia de la Iglesia. Y también mucho antes. Si no, que pregunten a San Antonio, Santo Tomás de Aquino o San Benito.


"Cristo asigna como tarea a cada hombre la dignidad de cada mujer", dijo San Juan Pablo II en la audiencia general del 24 de noviembre de 1982. Imagen: Will Smith y Rosario Dawson en Siete almas [Seven pounds] (Gabriele Muccino, 2008).

Cuando un sistema de creencias declara que el hombre y la mujer son creados a imagen de Dios, y que el Hijo de Dios murió para salvarles a ambos, el hombre y la mujer se postran humildes ante este Creador. Todos necesitamos la gracia salvífica, incluso la propia Madre de Dios. El mismo Hombre que quitó el pecado del mundo lleva a su criatura a los niveles más elevados, porque con su gracia todas las cosas son posibles. Por primera vez las mujeres tienen verdadera libertad, porque si todos los hombres imitan a Cristo, no hay razón para temer la fuerza y el poder masculinos. Se espera de los hombres que mantengan su castidad a pesar de lo expuesto que esté el cuerpo de las mujeres. En ese mundo en el que nadie es un ídolo, las mujeres pueden finalmente tener una elección, porque el miedo servil y la vergüenza debilitante han desaparecido.
 
Mientras el islam enseña que es responsabilidad de las mujeres evitar que los hombres pequen y Hollywood enseña que tener sexo no es diferente a comerse un trozo de pastel de chocolate, Cristo exige que custodiemos la mirada que tenemos sobre el otro y la castidad. Mientras el islam exige que la mujer cubra cada centímetro de su cuerpo, no sea que un hombre se excite al ver un tobillo o un codo, y Hollywood muestra siempre que puede mujeres desnudas y pornografía, Cristo pide modestia y recato y que se represente la belleza, no la sexualidad.
 
Sin la sabiduría de la Iglesia, sin hombres y mujeres que humildemente cumplen con ella, habría más asesinatos de honor, violaciones, víctimas de la pornografía y Harvey Weinsteins.
 
Traducción de Helena Faccia Serrano.
 
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