Domingo, 07 de junio de 2020

Religión en Libertad

Santa Paula Montal

ReL

 Cuando hablo con el Criador que no me interrumpan las criaturas, pues sería muy tonto dejar el todo por la nada.

Sed almas de oración, sólo así progresará nuestro amado Instituto.

La oración es un ratito que tenemos para conversar con el Esposo, para recreamos con Él.

Salvemos las familias enseñando a las niñas el santo temor de Dios, y que Su Majestad sea glorificado por medio de sus tiernos corazones.

¡Qué placer me causa, Dios mío, el pensar que en esta hora tantas niñas te alaban!

Santo, Santo, Santo, Señor, se os repite en tantas partes..., y por tantas niñas. ¡Qué hermoso ha de ser este canto en el cielo!

Para hacer oración, cerrad los ojos del cuerpo y abrid los ojos del alma.

Mira, Amor mío, yo me vaya descansar; en el Sagrario te dejo mi corazón: que te ame siempre sin cesar..., y cuando yo vuelva mañana por él, que me lo entregues hecho un ascua de amor... y que este amor sea sólo para Ti y para tu Madre y mi Madre, la Virgen Santísima... Cuando mi corazón esté dispuesto de esta suerte, entonces envíame cruces y penas, que todo lo sufriré con alegría... Mas, si un instante de mi vida he de dejar de amarte, ¡oh!, entonces, quédatelo; no me lo devuelvas, pues no lo necesito más 'que para emplearlo en tu amor.
¿Es posible, Amor mío, que haya un solo ser que no te ame? Yo no lo comprendo; pero si hubiera alguno, que mi corazón Te ame por él.

¡María es nuestra Madre, y la Madre de Jesús! Dime, ¿no te conmueve este pensamiento? ¡Pensar que somos sus hijas! ¡Oh! Qué alegría experimento de pensar que muy pronto vendrá a buscarme Y me llevará en su compañía.

Basta, basta; ahora los ojos al suelo Y la mirada al cielo. Pensemos un poquito en lo que acabas de leer; pues la lectura espiritual es como la comida, que si no se mastica no se digiere bien, Y si no se digiere no nutre.

¡Ay Madre mía, venid, sí, venid!

Infiltrad en el corazón de las niñas el amor a la oración, a la virtud, regadlos con buenas aguas Y darán bueno frutos.

¡Cuándo me uniré con mi Amado y daré un abrazo a mi Santísima Madre la Virgen María!

La humildad y la obediencia nos conducirán a la patria celestial, donde tendremos la dicha de ver a nuestro amado Esposo de nuestras almas.

Hablemos de nuestro Amado (Amor), dejemos las cosas de la tierra, puesto que hemos de ir al cielo.

¡Qué alegría, hermanas, vemos en el cielo!

Mi deseo es verlas allí (el cielo) a todas ustedes; ya se lo puede decir a todas mis Hermanas, que a todas las amo en el Señor.

Vida, no me seas molesta. Ven, muerte, que te quiero y te requiero.
 
Con la humildad y la obediencia nos uniremos a Jesucristo.

Para llegar a la cumbre de la perfección hemos de practicar la santa humildad y la obediencia.
 
Estamos obligadas a buscar la honra de Dios, a trabajar por el decoro de su casa - Iglesia, y a procurar el sosiego y progreso de la sociedad.

En nosotras está el porvenir... y a tan risueñas esperanzas corresponde nuestra fe, con el fuego de nuestro amor, con la llama de nuestro entusiasmo que arde en nuestro pecho agitada por la mano del Patriarca Calasanz, cuya imitación es nuestra dicha, nuestra esperanza, nuestro consuelo..."
 
La santa obediencia lo ha dispuesto así; ¡hágase en todo la voluntad de Dios!

Para llegar a la cumbre de la perfección hemos de practicar la santa humildad y la obediencia; con sólo estas dos virtudes nos uniremos a Jesucristo y tendremos la dicha de ver al Amado Esposo de nuestras almas, por eternidades.

Mira, Amor mío, yo me vaya descansar; en el sagrario te dejo mi corazón: que te ame siempre sin cesar..., y cuando yo vuelva mañana por él, que me lo entregues hecho un ascua de amor..., y que este amor sea sólo para Ti y para tu Madre y mi Madre la Virgen Santísima... Cuando mi corazón esté dispuesto de esta suerte, entonces envía me cruces y penas, que todo lo sufriré con alegría... Mas, si un instante de mi vida he de dejar de amarte, ¡oh! entonces, quédatelo; no me lo devuelvas, pues no lo necesito más que para emplearlo en tu amor."

6. "Mare, Mare meva!", "¡Madre, Madre mía!"

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