Domingo, 09 de agosto de 2020

Religión en Libertad

Anticoncepción y aborto. Cuál es el mal mayor


La primera niega la vida a quien debería nacer. El segundo la quita a quien ya está vivo. Encendido intercambio de opiniones entre dos teólogos sobre una cuestión que sigue abierta a debate

por Sandro Magister

Opinión

La polemica estalló a finales de enero, después del viaje del Papa Francisco a Filipinas.

Quien la inició fue el jesuita Joseph Fessio. Que no es un desconocido. Formado en la escuela teológica de Joseph Ratzinger – de cuyo círculo de discípulos, el "Ratzinger Schülerkreis", es miembro destacado –, ha fundado y dirige en Estados Unidos, en San Francisco, la casa editorial Ignatius Press, entre cuyas recientes publicaciones hizo ruido el libro "Remaining in the Truth of Christ", con las intervenciones de cinco cardenales contra la comunión a los divorciados que se han vuelto a casar.

Y el blanco de su polémica es otro célebre jesuita, el francés Pierre de Charentenay, ex presidente del Centre Sèvres, el instituto de estudios superiores de la Compañía de Jesús en París, anteriormente director de 2004 al 2012 de "Études", la revista de los jesuitas de Francia, y que desde el año pasado ha entrado a formar parte del grupo de escritores de "La Civiltà Cattolica", la revista de los jesuitas de Roma, impresa con el control previo de las autoridades vaticanas y dirigida por un hombre muy cercano al Papa, el padre Antonio Spadaro.

En un libro sobre la Iglesia en Filipinas publicado en concomitancia con la visita del Papa, el padre de Charentenay había criticado duramente a los obispos de este país por su enérgica oposición a la ley sobre "salud reproductiva", es decir, sobre la anticoncepción y el aborto, impulsada y hecha aprobar por el presidente Benigno "Noynoy" Aquino, de fe católica.

Padre de Charentenay acusaba a los obispos filipinos de ser "atrasados" y "cerrados" no sólo respecto a las orientaciones de la modernidad, sino también respecto a las solicitaciones del Papa Francisco:

> Los obispos de Filipinas abofeteados. Examinados y rechazados

A las tesis de padre de Charentenay, el padre Fessio reaccionó con una carta enviada a www.chiesa y publicada con su permiso:

> "La Civiltà Cattolica" no siempre tiene razón. Palabra de jesuita

Pues bien, entre los "errores de razón y de hecho" contestados por padre Fessio a su hermano de Charentenay, hay uno que ha cogido de sorpresa a no pocos lectores.

Mientras que para padre de Charentenay el aborto es siempre y en toda circunstancia un mal más grave que la anticoncepción, por lo que es mejor consentir el mal menor si sirve para reducir el mal mayor, para padre Fessio las cosas no son para nada de esta manera:

"Pregunto: ¿es verdad que el aborto es un mal peor que la anticoncepción, y también 'decididamente más grave'? No necesariamente.".

Y esto porque – prosigue padre Fessio – "es un mal mayor privar a alguien de la existencia respecto a privar a alguien de la vida temporal".

Era previsible que esta tesis – ni usual ni descontada – suscitara reacciones. Y efectivamente, las ha suscitado.

La más tranquila y argumentada llega de Canadá, con dos cartas enviadas a este sitio web firmadas por Michel Fauteux, profesor de filosofía y teología, padre de 13 hijos.

El padre Fessio ha respondido a ambas cartas empezando por la segunda, punto por punto, en una especie de brillante y cautivadora "quaestio disputata", reconociendo que "la cuestión es una de esas que aún no ha sido decidida de forma definitiva por la Iglesia por lo que cada fiel puede disentir".

He aquí, a continuación, el carteo entre ambos, metidos en una disputa que promete no terminar aquí.
__________
LA SEGUNDA CARTA DE MICHEL FAUTEUX…

Hola Sandro,

Si he entendido bien, según Juan Pablo II la anticoncepción y el aborto son frutos de la misma planta, pero el aborto es un mal más grave que la anticoncepción. El padre Fessio, al contrario, dice que el aborto no es necesariamente un mal más grave que la anticoncepción.

Juan Pablo II, “Evangelium Vitae”, 13: “Es cierto que anticoncepción y aborto, desde el punto de vista moral, son males específicamente distintos: la primera contradice la verdad plena del acto sexual como expresión propia del amor conyugal, el segundo destruye la vida de un ser humano; la anticoncepción se opone a la virtud de la castidad matrimonial, el aborto se opone a la virtud de la justicia y viola directamente el precepto divino 'no matarás'. A pesar de su diversa naturaleza y peso moral, muy a menudo están íntimamente relacionados, como frutos de una misma planta”.

Michel Fauteux,
Québec, Canadá

… Y EL COMENTARIO DEL P. JOSEPH FESSIO S.J.

Estimado Michel,

"Last-in, first-out". Última en entrar, primera en salir. Empiezo por tu segunda carta antes de responder a la anterior.

Distingo: cuando la anticoncepción es vista en el sentido de que “contradice la verdad plena del acto sexual como expresión propia del amor conyugal”, es un mal menor respecto al aborto. Pero cuando es vista como un obstáculo a la voluntad de Dios de que un niño sea concebido, es un mal mayor.

Un pecado de omisión es más difícil de evaluar que un pecado de actuación. Pero si “en algunos casos es voluntad de Dios que [los esposos] estén abiertos a una nueva vida” y ellos impiden una concepción que en otro caso hubiera tenido lugar, esto es ciertamente un obstáculo a la voluntad de Dios en una materia grave. ¿Cómo podemos entender mejor la gravedad de un rechazo a la voluntad de Dios? Pensemos en la crucifixión y la muerte de Jesús. Jesús es el Verbo y la voluntad sustancial del Padre. La crucifixión es el “No” supremo a  la Voluntad de Dios. Por consiguiente, no es solo la devoción sino la teología la que afirma esta ecuación: crucificar a Cristo significa rechazar la voluntad de Dios; rechazar la voluntad de Dios quiere decir crucificar a Cristo.

¿Y qué gravedad tiene este acto particular de omisión? Es tan grave como el abismo entre ser y no ser. Donde Dios quiso que hubiera un alma inmortal hay un vacío.

Después iré a la carta anterior y responderé a las otras objeciones.

P. Joseph Fessio, S.J.
San Francisco, EE.UU.
__________

LA PRIMERA CARTA DE MICHEL FAUTEUX COMENTADA PUNTO POR PUNTO POR P. JOSEPH FESSIO S.J.

Buenos días Sandro,

He aquí algunas reflexiones sobre la carta de Joseph Fessio publicada en su sitio web el 29 de enero de 2015.

Como mínimo se puede decir que es bizarro sostener que la anticoncepción es un mal moral más grave que el aborto directo.
 
(JF: No pienso que “bizzarro” sea aquí una categoría pertinente).

La anticoncepción, en cuanto anticoncepción, es siempre un mal moral objetivo. Por este motivo, Pablo VI declaraba en la "Humanæ vitæ" que había que excluirla (n. 14). Pero con el pretexto de que impide la procreación de una nueva vida para la eternidad no debe considerarse, como hace Joseph Fessio, un mal moral más grave que el aborto directo, mientras que éste - el aborto directo - se limita a acortar dicha vida.
 
(JF: De acuerdo. Esta es su tesis. Pero no he dicho que la anticoncepción es siempre más grave de por sí. He dicho que el aborto “no necesariamente” es más grave que la anticoncepción en algunos casos).

La omisión de la procreación (no la anticoncepción que es siempre un mal moral) puede a veces ser buena en los casos en que esté dictada por la paternidad responsable. La omisión de la procreación no siempre es un mal moral.
 
(JF: Nunca he dicho que lo sea).
 
Por ejemplo, un matrimonio que ya tiene 12 hijos y que podría tener otro de manera responsable no está obligado en justicia a tener un decimotercer hijo. Si esta pareja trae al mundo otro hijo, será por una forma de generosidad heroica. En dicho caso, el hecho de omitir tener un hijo no sería un mal moral y seguramente no un mal moral más grave que el aborto directo, con el pretexto que esta omisión impediría la existencia de un ser humano para la eternidad.
 
(JF: Estoy plenamente de acuerdo. Y no he escrito nada que diga lo contrario).

La omisión de la procreación mediante la anticoncepción debe ser excluida, según Pablo VI, pero esto no significa que la misma omisión de la procreación sea un mal moral, como acabamos de demostrar. Al contrario, puede ser un mal moral también el hecho de no omitir la procreación en el caso en que, por ejemplo, generar una nueva vida sea irresponsable. Omitir el generar una nueva vida puede ser muy loable moralmente, pero debe excluirse la anticoncepción como modo para alcanzar dicho fin.
 
(JF: De nuevo, estoy plenamente de acuerdo. Tus comentarios no están “al margen” de mi carta. Están completamente fuera de la página).

Sin embargo, ¿puede haber una omisión injusta de procreación?

(JF: Aquí, de nuevo, se plantea una pregunta muy distinta de la que he planteado yo. No he presentado mi ejemplo en términos de “injusticia”. No puede haber una cuestión de injusticia respecto a una persona que no existe. Sin embargo, cada pecado, ya sea de actuación como de omisión, puede considerarse un acto de injusticia hacia Dios).

Ciertamente, sí. Dicha omisión no es siempre injusta, pero puede suceder que lo sea. Personas casadas en grado de tener hijos, que tienen relaciones sexuales y que no tienen ningún motivo serio para no procrear, cometerían una injusticia si omitieran el procrear.

(JF: Un acto de injusticia ¿respecto a quién? A Dios, supongo).

Obviamente, el aborto directo es un mal más grave que la omisión injusta de dar la vida.

(JF: Esta es una afirmación, no una argumentación. Puede parecerle “evidente” a algunos. Pero no es una "evidence", una prueba).

Si fuera consecuente, Joseph Fessio diría: "Pero el aborto directo es menos grave porque, en tal caso, nos limitamos a acortar la vida mientras que la omisión de procrear impide una existencia y es mejor existir durante menos tiempo que no existir en absoluto".

(JF: He sido y sigo siendo coherente y he dicho esto, pero sólo como una posibilidad en circunstancias muy concretas. No he afirmado nunca que cada acto de anticoncepción sea un mal más grave que el aborto).

Esta objeción no debe hacernos dudar de algo evidente, a saber: que el aborto directo es un mal moral más grave que la omisión injusta de dar la vida.

(JF: La argumentación no se basa en repetir que mi posición es “evidente”. Puede ser evidente para ti. Esto no quiere decir que sea evidente para todos).

Ante todo, no nos podemos basar simplemente en el hecho que la existencia es mejor que la no-existencia para concluir que el aborto es un mal moral menos grave que la omisión injusta de procrear.

(JF: Tienes razón. Y no lo he sostenido nunca).

No es posible pasar de un juicio "ontológico" a uno moral. El juicio moral concierne a los actos humanos.

(JF: En este contexto, estoy de acuerdo. No nos conviene entrar aquí en la discusión sobre si el “deber ser” puede derivar del “ser”).

El aborto directo es un acto humano (que son los que juzga la moral) con el que una persona acaba injustamente con una vida humana inocente. Dicha persona cumple un acto injusto gravísimo respecto al ser humano al que le quita un bien sumamente importante, uno de los bienes temporales más importantes y, por lo tanto, el más fundamental aquí abajo. Se puede añadir también que con el aborto directo se pone fin a una vida humana muy débil e inocente que debería ser defendida y apoyada de manera especial por los seres humanos adultos.

(JF: De nuevo, concuerdo. Sin embargo, no pienso que añadir el término "injustamente" realmente aporte algo. La afirmación sería verdad también sin él).

Además, quien comete un aborto directo se arroga un derecho que sólo pertenece a Dios. Efectivamente, Dios es el único "proprietario" de la vida humana. Es una injusticia gravísima respecto a Dios arrogarse de este modo el derecho sobre la vida y la muerte de otros seres humanos inocentes. Actuar así significa querer convertirse en Dios.

(JF: Concuerdo).

La omisión injusta de procrear es, objetivamente, un mal importante.

(JF: Concuerdo. Pero hago observar nuevamente que la palabra “injusta” es demasiado amplia en este contexto. La que yo he descrito era una forma específica de injusticia contra Dios: los casos en los que es voluntad de Dios que los esposos estén abiertos a una nueva vida y los que, sin la anticoncepción, un niño sería concebido).

En este caso, es una injusticia hacia Dios. Comprometidas por el matrimonio, las personas casadas que están en grado de tener hijos, que tienen relaciones sexuales y no tienen ningún motivo serio para no procrear, viven el matrimonio sin aceptar la obligación que de él deriva: dar hijos a Dios. Es una grave injusticia hacia Dios.

(JF: Concuerdo).

Pero en el caso de la omisión injusta de procrear, no se comete ninguna injusticia hacia un ser humano. Efectivamente, el niño que podía ser procreado no existe. No puede por tanto ser un sujeto de derecho y sufrir una injusticia.

(JF: Concuerdo también aquí. Y esto no ha formado nunca parte de mi argumentación).

Por lo tanto, si comparamos estos dos comportamientos (aborto directo y omisión injusta de procrear), vemos que ambos son males morales graves; pero el aborto directo es más grave en cuanto, además de la injusticia contra Dios, se comete una injusticia sumamente grave contra un ser humano al que se le quita la vida, arrogándose derechos que sólo Dios tiene sobre esta vida.

(JF: Y es en esto en lo que no estoy de acuerdo. Esta afirmación implica el cálculo moral según el cual uno de los actos es injusto sólo contra Dios y el otro es injusto contra Dios y otra persona y constituye, por consiguiente, un mal más grave. Pero entonces también podría fácilmente proponer un cálculo moral distinto: el aborto obstaculiza la voluntad de Dios de que un niño vivo continue su vida temporal, mientras la anticoncepción obstaculiza la voluntad de Dios de que el niño sea concebido y de que el niño concebido viva una vida temporal, siendo por lo tanto un mal más grave. En otras palabras: yo pienso que obstaculizar la voluntad de Dios de que un niño sea concebido - y que por lo tanto exista - es una ofensa más grave contra Dios que obstaculizar su voluntad de que un niño existente – que vivirá siempre en el cielo – tenga una vida más larga en la tierra).

Sin embargo, se podría objetar que si fuera una injusticia sólo contra Dios, en el caso de la omisión injusta de procrear dicha injusticia es mucho más grande que la injusticia cometida contra Dios y contra un ser humano en el caso del aborto.

(JF: ¡Oops! ¡Debería haber releído toda tu primera carta antes de empezar a responder!).

Probablemente esta objeción derivaría, de nuevo, de una confusión entre el juicio ontológico y el juicio moral del que hemos hablado antes.

(JF: No. No es de allí de donde proviene, aunque no pienso que los juicios morales estén tan separados de los juicios ontológicos como tú pareces creer, Michel).

En el caso del aborto directo, la injusticia cometida contra Dios consiste en arrogarse un derecho que pertenece sólo a Dios. Actuar así significa querer convertirse en Dios.

(JF: Aquí no entiendo bien el razonamiento. Recuerdo que antes has dicho que el aborto es también un acto de injusticia contra el niño, lo que implicaría que también el niño tiene un derecho).

En el caso de la omisión injusta de procrear, se trata también de una injusticia cometida contra Dios que consiste en el hecho de que una pareja no respeta el propio contrato de matrimonio hacia Dios, al no darle los hijos que se había comprometido a darle casándose.

(JF: Este es sólo uno de los aspectos del mal: no honrar el contrato. Pero es demasiado genérico. Hay muchos modos en los que los esposos dejan de honrar el contrato. Estoy hablando de un fracaso específico que llevaría a un resultado específico: “un ser humano con un alma inmortal, querido por Dios y destinado a la felicidad eterna”).

Pero esta ruptura del contrato no comporta arrogarse un derecho que pertenece sólo a Dios. Simplemente no se cumple lo que nos habíamos comprometido a hacer respecto a Dios, pero no nos convertimos en Dios arrogándonos un poder propiamente divino.

(JF: Y es aquí, en mi opinión, donde el concepto de “justicia” no se sostiene. Tú hablas de los “derechos” de Dios. Yo hablo de la “voluntad” de Dios. Probablemente existe un modo de traducir mi lenguaje de la “voluntad” en tu lenguaje de los “derechos”. Si Dios dona la existencia a los esposos, eleva sacramentalmente su amor, los sostiene en su existencia como también en todo lo que tienen y son, y quiere que “sean fecundos y se multipliquen” y ellos se niegan, esto hay que considerarlo como una injusticia decididamente grave contra Dios. No estoy seguro de que implique un “derecho que pertenece sólo a Dios”. Pero mi argumentación no se apoya en esto).

En el caso del aborto directo, en cambio, nos arrogamos un poder propiamente divino, el poder de vida y muerte sobre seres humanos inocentes. Nos convertimos en Dios arrogándonos este poder.

(JF: Este es, efectivamente, un acto grave: convertirnos en Dios. Pero tal vez algunas omisiones pueden ser más graves que algunas situaciones).

Ya desde el punto de vista de la injusticia cometida hacia Dios se puede pensar que la injusticia cometida contra Dios sea más grande en el caso del aborto directo que en la omisión injusta de procrear.

(JF: Y “se puede pensar” de manera distinta. Como hago yo).

Pero incluso si se pusieran estas injusticias contra Dios al mismo nivel, puesto que en el caso del aborto directo se comete una injusticia grave contra un ser humano, algo que no es así en el caso de la omisión injusta de procrear, la injusticia sería, en resumen, más grande en el caso del aborto directo que en el caso de la omisión injusta de procrear.

(JF: No acepto el cálculo moral. La matemática no tiene nada que ver con esto. Y en todo caso, el núcleo de mi argumentación se basa en que no pongo los actos de injusticia contra Dios al mismo nivel.  Pero Michel, me gustaría concluir con una nota positiva. Agradezco tu carta y el hecho de que eres un defensor de la enseñanza de la Iglesia y, lo más importante, padre de una familia numerosa. Creo que la cuestión sobre la que estamos discutiendo no ha sido decidida de forma definitiva por la Iglesia y, por consiguiente, los fieles católicos pueden tener opiniones distintas. He decidido evitar escribir o hablar en público de este tema porque [1] no tengo certezas y podría estar equivocado; pero sobre todo porque [2] probablemente crearía mucha ansiedad en cualquier matrimonio católico. Y aunque estuviera seguro de tener razón, sería reacio a hacerlo).

Michel Fauteux
Profesor de filosofía y teología, padre de 13 hijos
Québec, Canadá

P. Joseph Fessio, S.J.
Profesor de teología, ningún hijo
San Francisco, EE.UU.
(Mis antepasados franceses Govreau llegaron a Québec en 1704)
____________________

En cuanto esta disputa se ha colgado en la red se ha visto enriquecida por un nuevo y encendido intercambio de opiniones, tal como se puede leer en este ulterior intercambio epistolar, reproducido en sus originales francés e inglés:

> Il seguito della disputa tra Joseph Fessio e Michel Fauteux

Traducción en español de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares, España.
 
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