Los obispos alemanes y la «aceptación» de la píldora del día después en hospitales católicos
La primera referencia reciente sobre una «aceptación» de la así llamada píldora del día después en la Iglesia católica alemana fue una declaración del arzobispo de Colonia, Card. Joachim Meisner, el 31 de enero de 2013: «Si después de un estupro se utiliza un preparado, cuyo principio activo es impedir una concepción, con la intención de impedir la fecundación, se trata, desde mi punto de vista, de un acto justificable». Y añadió: «Si por el contrario, el principio es impedir la anidación, si es usado con la intención de impedir la anidación del óvulo ya fecundado, esto continúa siendo no justificable, porque en tal forma al óvulo fecundado corresponde la protección debida de la dignidad de ser humano».
El contexto y motivación de la declaración del Card. Meisner era uno bien específico: a mediados de diciembre de 2012 dos hospitales católicos en la arquidiócesis de Colonia se negaron a atender a una chica violada aduciendo el dilema de tener que expedirle la píldora del día después, cosa que un hospital católico no podía procurar al suponer un aborto. Semanas después, tanto el arzobispado de Colonia como los hospitales lamentaron la confusión que derivó en que no se atendiera adecuadamente a la joven supuestamente violada.
El 21 de febrero de 2013 la Conferencia Episcopal Alemana comunicaba la determinación de ofrecer en los hospitales católicos un preparado (fármaco) con principios activos alterados que podrían darse a mujeres violadas: «La Asamblea reitera que las mujeres que son víctimas de una violación reciben, por supuesto, asistencia humana, médica, psicológica y espiritual en los hospitales católicos. Esto puede incluir la administración de un preparado partiendo de la base de que sus principios sean no abortivos, sino anticonceptivos» (n. 8 del documento).
Y agregaban: «Seguirá sin poderse aplicar métodos médicos o farmacéuticos que conlleven la muerte del embrión. Los obispos alemanes confían en que las instituciones de sello católico se atendrán a su aplicación práctica siguiendo este requisito teológico y moral. En cualquier caso, ha de respetarse la decisión de la mujer afectada. La Asamblea reconoce la necesidad de, paralelamente a los primeros posicionamientos ante el preparado, profundizar en otras cuestiones sobre el asunto –también en contacto con quien competa en Roma– y desarrollar las distinciones que sean necesarias. Los obispos mantendrán las correspondientes conversaciones con hospitales y ginecólogos católicos, así como con consejeros, asistentes sociales».