Religión en Libertad

El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.

El bautismo de Cristo es ejemplo para nuestra vida de Fe

🔹San Agustín. Tratado del Evangelio de San Juan 80, 3🔹

🔹San Agustín. Tratado del Evangelio de San Juan 80, 3🔹

🔹San Agustín. Tratado del Evangelio de San Juan 80, 3🔹- NMN

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¿Y de dónde le viene al agua tanta virtud, que con el contacto del cuerpo lave el corazón, sino por la eficacia de la palabra, no de la palabra pronunciada, sino de la palabra creída? 🔹San Agustín. Tratado del Evangelio de San Juan 80, 3🔹

▶️ En el contexto de la Espiritualidad Católica esta frase nos muestra una de las piedras angulares de la nuestra fe. San Agustín define la esencia misma de lo que es un sacramento y cómo opera la Gracia divina en la materia tangible. Desde la espiritualidad católica vemos tres dimensiones profundas: la unión de la materia y la forma, la purificación interior y la centralidad de la fe.

Para la Iglesia, el agua por sí sola es solo un elemento natural. Sin embargo, San Agustín establece aquí el principio teológico de que "se une la palabra al elemento, y se hace el sacramento". El bautismo no es magia. El agua no tiene "poderes" intrínsecos, es Cristo quien actúa. La "virtud" del agua proviene de la invocación de la Santísima Trinidad y la institución de Cristo. Cuando el sacerdote pronuncia la fórmula bautismal, es Cristo quien bautiza.

La fe no nos lleva a un cumplimiento aparente y externo de actos. No es una representación social. El agua toca la piel, pero la Gracia regeneradora del Espíritu Santo penetra la esencia del ser, borrando el pecado original y otorgándonos la filiación divina. Es una transformación ontológica (del ser), no solo un baño ritual.

Quizás la parte más profunda de la cita es el final: "no de la palabra pronunciada, sino de la palabra creída". Los sacramentos son signos de fe. No actúan mecánicamente como una medicina física que funciona aunque el paciente esté inconsciente. Requieren una disposición, una apertura y, fundamentalmente, la fe para dar fruto pleno en la vida del cristiano.

Dios utiliza lo humilde (el agua) para realizar lo sublime (la salvación), pero que el puente entre ambos es Su Palabra viva, Cristo, aceptada por la Fe.

Para el cristiano de hoy, meditar esta frase es una invitación a valorar el Bautismo no como un evento pasado, sino como la fuente actual de su vida espiritual. Renovar la conciencia de que su pureza interior depende de la Gracia y no sólo de los méritos humanos.

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