Religión en Libertad

Manual para encontrar a Dios en lo cotidiano: cuando la fe se vuelve luz «entre tapers desparejados»

Matilde Latorre publica Por la gracia de Dios, una animada radiografía de lo que podría llegar a ser un hogar cristiano en los tiempos de hoy.

"Hay milagros que no hacen ruido, pero sostienen una vida entera", defiende Matilde.Maturana

Juan Cadarso
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Dios tiene sentido del humor, y Matilde Latorre (una de las blogueras más exitosas y leídas de ReL, puedes leer aquí todos sus artículos) lo ha comprobado "entre calcetines pegados al perro, lavadoras rebeldes, y niños que convierten el domingo en una guerra santa"

Por la gracia de Dios (Cuadranta Editorial) "no es un libro de rezos perfectos nis de milagros de escaparate". "Es un disparo al caos cotidiano, donde la fe se pone a prueba en cada desayuno derramado, cada fila interminable del supermercado y cada tapa de inodoro olvidada", indica la contraportada. 

"Aquí no encontrarás santidad sin manchas; encontrarás vida real: risas entre lágrimas, paciencia a prueba de berrinches, y la certeza de que Dios se esconde en los pequeños desastres". 

Lo nuevo de Matilde celebra la santidad imperfecta, "la que sobrevive a la rutina, al desorden y a los abrazos que curan el alma. Porque la verdadera gracia no exige perfección, sino coraje, humor y mucho amor".

-¿Cómo se puede utilizar el humor para hablar de la presencia de Dios en el caos cotidiano?

-Creo que el humor es una de las formas más humanas de mirar la realidad sin desesperarse. Y también, sinceramente, una prueba de humildad. 

»Cuando una vive rodeada de tuppers sin tapa, mochilas olvidadas, lavadoras infinitas y niños que te preguntan algo importantísimo justo cuando te sientas por primera vez en el día… o aprendes a reírte un poco o terminas viviendo todo como una tragedia griega

»En mi caso, el humor no es una forma de banalizar la vida, sino de descubrir que Dios también está ahí, en medio del caos, y no solo en los momentos "perfectos" o espiritualmente elevados. A veces, la gracia aparece precisamente cuando todo sale regular. 

-¿Cómo muestra el libro la espiritualidad que nace entre lavadoras, desayunos, deberes...?

-Muchas veces hemos pensado la espiritualidad como algo separado de la vida real, cuando en realidad la mayor parte de nuestra existencia sucede entre cosas aparentemente poco épicas: hacer cenas, recoger juguetes, llegar tarde, cuidar a alguien cansada tú también. 

»Y, sin embargo, creo que Dios entra sobre todo ahí. En lo repetitivo. En lo pequeño. En esos actos invisibles que nadie aplaude. El libro intenta mostrar que la vida ordinaria no es un obstáculo para la fe, sino el lugar exacto donde la fe toma cuerpo. 

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-¿Se puede vivir la “santidad” en la imperfección y el desorden familiar? 

-Espero que sí, porque si no estamos todos perdidos. Creo que durante mucho tiempo hemos confundido santidad con perfección estética o emocional. Y la vida familiar real no funciona así. Las familias son ruidosas, contradictorias, agotadoras y profundamente imperfectas. Pero precisamente por eso son una escuela brutal de amor. 

»La santidad no consiste en no perder nunca la paciencia, sino quizá pedir perdón cuando la pierdes, volver a empezar y seguir queriendo incluso cuando una no tiene fuerzas ni para encontrarse a sí misma. 

-¿La maternidad es un camino de gracia, paciencia y humor? 

-Totalmente. Y también de supervivencia. La maternidad te rompe bastante el personaje. Te obliga a aceptar que no controlas casi nada, que el cansancio existe de verdad y que puedes amar a alguien de manera salvaje mientras al mismo tiempo sueñas con formar parte del programa de protección de testigos y cambiar de identidad. 

»Pero precisamente ahí aparece algo muy profundo: una descubre capacidades de entrega, de ternura y de resistencia que no sabía que tenía. Y sí, sin humor sería imposible sobrevivir a ciertas escenas familiares. Creo que Dios lo sabía perfectamente cuando inventó a los niños. 

-¿Qué son los “milagros cotidianos” y cómo los podemos identificar en lo ordinario?

-No creo que los milagros cotidianos sean necesariamente cosas espectaculares. A veces son muchísimo más discretos. Una conversación que llega justo a tiempo. Una reconciliación inesperada. Un hijo que te abraza cuando estabas al límite. La capacidad de levantarte otro día más cuando pensabas que no podías. La paz repentina en mitad de un día horrible. 

»Vivimos obsesionados con buscar grandes señales y muchas veces Dios actúa de forma mucho más silenciosa. Hay milagros que no hacen ruido, pero sostienen una vida entera. Y además creo que hay algo muy importante: la familia es probablemente la mejor escuela para educar el ego. Lo digo mucho en mis artículos porque sinceramente pienso que el gran cáncer espiritual de nuestro tiempo es el ego. Y, paradójicamente, a veces también dentro de ambientes católicos. 

»Esa necesidad de parecer espiritualmente impecables, de tener siempre la respuesta correcta, de convertirse casi en intermediarios oficiales de Dios para los demás… todo eso puede acabar tapando lo esencial. Porque mientras uno intenta parecer muy elevado espiritualmente, se le escapan los verdaderos milagros: los domésticos, los pequeños, los de andar por casa. Ahí sucede muchísimo de Dios. Más de lo que imaginamos. 

"La maternidad te rompe bastante el personaje. Te obliga a aceptar que no controlas casi nada", asegura Matilde.Maturana

-¿Es el humor un recurso "espiritual" para poder sobrevivir en esta vida?

-Yo creo sinceramente que sí. Hay personas que viven la fe desde una gravedad constante, casi como si Dios estuviera siempre vigilando desde una esquina con gesto severo. Y yo no creo que Dios sea así. El humor bien entendido tiene algo profundamente espiritual porque relativiza el ego, baja dramatismos innecesarios y nos recuerda que no somos el centro del universo. Reírse de uno mismo es bastante sano para el alma. 

-¿Familia "auténtica" o "perfecta"?

-Auténtica. Sin ninguna duda. La perfección familiar suele ser una puesta en escena agotadora. Y además profundamente injusta, porque hace sentir fracasadas a familias normales que simplemente están intentando sobrevivir y quererse lo mejor posible. Yo prefiero una familia donde haya verdad, incluso con caos, cansancio y días malos, antes que una familia impecable hacia fuera pero emocionalmente congelada por dentro. 

-¿“Dios tiene sentido del humor”? ¿Por qué ese título?

-Porque después de ciertas escenas de mi vida solo quedan dos opciones: o Dios tiene sentido del humor o directamente le encantan las tramas imposibles. El título nace un poco de ahí. De descubrir que muchas veces la vida no sale según nuestros planes, pero aun así termina teniendo una belleza inesperada. Y también de entender que Dios no aparece únicamente en los momentos solemnes, sino muchísimo en lo cotidiano, en lo absurdo, en lo pequeño y hasta en lo cómico. A veces creo que Dios sonríe bastante más de lo que imaginamos. 

»Vivimos en una época agotada de aparentar perfección: maternidades perfectas, casas perfectas, espiritualidades perfectas, vidas perfectamente gestionadas. Y este libro quiere decir justo lo contrario: que la gracia de Dios trabaja en medio del desorden humano real. No después de nuestra fragilidad. En medio de ella.

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