Juan Valderrama: “Sor Patrocinio era un faro en tiempos de tinieblas”
El autor de "El caso sor Patrocinio" confía en que su libro ayude a sacar a la luz la única aparición mariana reconocida en Madrid y la devoción a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias.

Sor Patrocinio junto a la imagen que aparecio milagrosamente en el convento tras la aparicion
Acababa de regresar de Fátima, adonde peregrina cada año, cuando Juan Valderrama se preguntó si en la España reciente había existido alguna aparición mariana reconocida por la Iglesia. Esa búsqueda le llevó hasta la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias y hasta sor Patrocinio, una figura casi desconocida incluso para católicos de su propia ciudad.
Tras años de trabajo y un viaje a los archivos del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el cantante y periodista publica "El caso sor Patrocinio", un libro en el que narra cómo esta monja perseguida, estigmatizada y calumniada fue, en sus palabras, “un faro en tiempos de tinieblas” y cómo su historia continúa sepultada bajo toneladas de olvido.

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-Acababa de llegar de Fátima, donde voy anualmente. Me surgió la duda de si en España habría una aparición mariana reconocida por la Iglesia en la historia reciente. Después de mucho buscar, encontré a la Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias y a la protagonista de la aparición, Sor Patrocinio. Investigué un poco y llegué a la conclusión de que resulta inexplicable que una historia permanezca oculta a los ojos del gran público. Tengo amigos en Guadalajara y no sabían de su existencia. Llamativo.
-Lo que he encontrado lo descubrirá el lector cuando llegue a ese capítulo. Pero lo que sí puedo decir es que la principal causa de que Joseph Ratzinger detuviera el proceso de beatificación de sor Patrocinio en 1999, queda completamente desmontada. Fue un error producto de una denuncia falsa, una más en una vida llena de calumnias que solo trataban de desacreditarla, sin que nadie o muy pocos sacaran valor para salir en su defensa. En su tiempo, el miedo se impuso a la verdad y quienes debían defenderla, la negaron.
-Sor Patrocinio ha sido presentada así por los que siempre han intentado borrar la fe católica de la vida de los españoles. El relato de la monja maquiavélica fue creado por los mismos que cerraron conventos, desamortizaron bienes de la Iglesia y se los repartieron para enriquecerse. Solo hay que visitar las hemerotecas y mirar a qué partido obedecía, o directamente servía, la prensa que creó esa leyenda negra que todavía pesa sobre ella y que no aporta ni una sola prueba, por cierto.
-Esa frase es de mi prologuista, el sacerdote y novelista Jesús Sánchez Adalid. Es un hecho que la fe resulta un incordio para el poder, ya que limita su radio de influencia. Supone una barrera infranqueable que el creyente defenderá incluso con su propia vida. Una sociedad sin fe es más dúctil, más sencilla de contentar. La fe siempre ha sido una china en el zapato de los gobernantes que carecen de ella.
-Sor Patrocinio era un faro en tiempo de tinieblas, alguien dispuesto a entregarlo todo, sin reservas, sin alardes, en silencio, soportando un castigo que no merecía, imitando la vida de Cristo en muchos aspectos; la traición, la negación, los golpes, el abandono y devolviendo amor y perdón. Pagó muy caros sus estigmas, su fe, sin un solo testimonio de queja.
Lo de las escuelas para niñas, que no deja de ser un logro social sin parangón, es solo un detalle de la grandeza de su alma. Ella había tenido una infancia marcada por los malos tratos y el sacrificio, por eso trataba de sacar a las niñas más desfavorecidas del analfabetismo que ella misma sufrió. Pero a mí, lo que me desarma completamente es su capacidad para perdonar todo y a todos. Ese perdón no es del mundo, es del Cielo.
-Yo no vengo de la televisión, sí he colaborado en programas de radio y nunca he dejado del todo mi faceta periodística. Pero este libro se basa en un proceso de cambio más profundo que todo eso. El lector será testigo de esta especie de viaje, porque entrelazada con la historia de este caso, está la mía, la de alguien que se siente rozado por lo sagrado y siente que ya nada es igual, que necesitas compartir con los demás esa especie de tesoro que has encontrado.
-El día que visité por primera vez la iglesia del Carmen de Guadalajara y la encontré tan sola, tan “olvidada”, salí de allí entre lágrimas. ¿Cómo era posible? Algo me decía que tenía que arremangarme y ayudar a limpiar las toneladas de lodo que sepultan la verdad de este caso. Es solo una ínfima muestra de agradecimiento en comparación con los favores recibidos.
Nota