El secreto de Don Bosco para financiar sus obras: abandono total en la providencia
Don Bosco veía el dinero como un instrumento para salvar y educar jóvenes pobres: pobreza, providencia y transparencia.

San Juan Bosco (1815-1888) hizo pivotar todas sus obras educativas sobre dos pilares: la devoción eucarística y el amor a la Virgen María.
Lejos de considerar el dinero como algo malo, San Juan Bosco lo entendía como una herramienta al servicio de una misión mucho mayor: educar y salvar a los jóvenes más pobres.
Esa es una de las grandes enseñanzas que hoy siguen destacando los Salesianos al recordar la figura del sacerdote piamontés, fundador de la congregación salesiana y uno de los santos más influyentes de la Iglesia contemporánea, tal y como reseña en Avvenire la periodista Cristina Uguccioni.
El dinero como un fin
El padre Fabio Attard, rector mayor de los Salesianos, explica que Don Bosco nunca vio el dinero como un fin, sino como un medio imprescindible para levantar escuelas, talleres, oratorios y hogares destinados a los jóvenes abandonados. “El dinero debe estar al servicio de la educación”, resume.
La obra de Don Bosco no era pequeña. Su llamado “sistema preventivo”, basado en la razón, la religión y la bondad, necesitaba edificios, recursos y estructuras capaces de ofrecer una formación integral a miles de muchachos. Para ello, el santo recorrió media Europa buscando benefactores.
Y los encontró.
Confianza y coherencia
Personas sencillas y grandes donantes confiaban en él porque veían coherencia entre sus palabras y su vida. Don Bosco vivía pobremente y dedicaba todo lo recibido a los jóvenes. “Fue su credibilidad lo que convenció a sus benefactores”, recuerda Attard.
Pobreza sí, miseria no
Los Salesianos destacan que Don Bosco insistía firmemente en el voto de pobreza. No se trataba de romantizar la miseria, sino de vivir con sencillez y sin privilegios personales. “Debemos vivir en la pobreza, por los pobres”, repetía.
Esa coherencia sigue siendo, según Attard, uno de los grandes desafíos actuales para cualquier institución religiosa: la transparencia y la credibilidad.
“La gente necesita confiar”, señalan desde los Salesianos. Y esa confianza solo puede mantenerse cuando las obras muestran claridad en el uso de los recursos y fidelidad a su misión.
“No quiero dinero del Papa, quiero bendiciones”
Uno de los episodios más conocidos ocurrió al final de la vida de Don Bosco. El papa León XIII le pidió terminar la Basílica del Sagrado Corazón en Roma, una obra que había quedado paralizada por falta de fondos.
El Pontífice le advirtió de que no podía darle dinero. Pero Don Bosco respondió con una frase que se hizo célebre: no quería dinero del Papa, sino sus bendiciones.
Después salió a buscar ayuda económica confiando en la providencia. Y la encontró. En pocos años, la basílica quedó terminada.
Para los Salesianos, esa confianza absoluta en Dios sigue siendo una lección vigente: el dinero no debe acumularse para privilegios personales, sino compartirse para construir obras buenas y ayudar a quienes más lo necesitan.
“Los pobres no eligen ser pobres, pero nosotros sí podemos elegir ser generosos”, decía Don Bosco.