Cómo dejar que la gracia actúe con los presos: así se empezó con terroristas de las Brigadas Rojas
Caterina Giojelli se ha acercado a los responsables de una singular iniciativa: Encuentro y Presencia.

Un preso anhelando la libertad desde su celda
La asociación Incontro e Presenza [Encuentro y Presencia] nació en Italia en 1986, vinculada a Comunión y Liberación, para facilitar el retorno a la vida a quienes han acabado entre rejas, muchos de ellos por vínculos terroristas con las Brigadas Rojas.
Algunas experiencias y la perspectiva de responsables y beneficiarios, con algunas llamativas biografías, las recoge Caterina Giojelli en Tempi:
Nacidos dos veces
- "Estaban allí todos los terroristas de Italia, o casi todos, salvo los de Roma y más al sur. Una planta de la cárcel de San Vittore de Milán estaba ocupada por la sección de las Brigadas Rojas de nombre Walter Alasia [terrorista muerto en 1976 en un tiroteo con la Policía], y otra planta por otra sección diferente, Primera Línea. [...] Eran los años de la gran ruptura, del arduo, tormentoso pero fascinante proceso de la ruptura entre ambas secciones. [...] Fue allí donde sentí esa presencia violenta de Cristo cerca de mí. Hice una ronda de llamadas, llamé a Alberto, a Aldo y a algunos de mis amigos más queridos del movimiento [Comunión y Liberación] y les dije: creo que está a punto de pasar algo. Tres días después, tres ex terroristas de Primera Línea que estaban en libertad me llamaron por teléfono" (Mirella Bocchini en el Meeting de Rímini de 1990, el 30 de agosto de ese año)
En cuanto a militancia, Mirella Bocchini no tenía nada que envidiar a nadie. Alumna y pupila de don Luigi Giussani, apasionada defensora del entonces infame instituto Ipsia Pacinotti, en las afueras de Milán, se había propuesto salvar a los hijos de los pobres del "asesinato educativo en masa" y, sobre todo, de la fascinación que ejercían los profesores enviados por la izquierda a buscar presas fáciles.
Personajes
Carmen Giussani: Luigi Giussani no se atrincheró en el pasado porque Cristo es señor de la historia
Luis Javier Moxó Soto
Eran los Años de Plomo y en las aulas se encontraba todo el espectro del PCI [Partido Comunista Italiano]: Vanguardia Obrera, Democracia Proletaria, Lucha Continua, Lucha Comunista, Autonomía Obrera, Autonomía Obrera Armada y para rematar, dos brigadistas, como se supo cuando tuvieron que huir dejando en la escuela dos paquetes de folletos de las Brigadas Rojas.
Pero esto no intimidaba en absoluto a la exalumna del Liceo Berchet, obsesionada con "repetir en Milán lo que había hecho don Lorenzo Milani [1923-1967, sacerdote y pedagogo] en la montaña".
Ella solo tenía que aplicar al pie de la letra "lo que Giusssani nos enseñó", contaría muchos años después en el Encuentro de Rímini, retomando el pasaje de un evangelio apócrifo sobre el que Giussani había invitado a sus chicos a reflexionar decenas de veces:
- "Jesús, con sus apóstoles, está paseando cerca de Jerusalén, por donde se arrojaban basuras, y se topan con el cadáver de un perro. Y mientras los apóstoles le sugieren que se aleje porque huele mal, Él se acerca y, asombrado, dice: 'Mirad qué dientes blancos y bonitos tiene'. Este es el criterio didáctico, esta es la clave de todo".
Lo inesperado entre los escombros
Fíjate qué dientes tan blancos tiene. Pues bien, durante los Años de Plomo, la profesora Mirella Bocchini había sido elegida, entre otras cosas, concejala por la Democracia Cristiana, y se le asignó la comisión encargada de la prisión de San Vittore.
El 28 de diciembre de 1985 cruzó la puerta de la Plaza Gaetano Filangeri de Milán y lo que encontró fueron hombres sedientos de una mirada diferente a la que se reserva a un cómplice o a una bestia del zoo.
Nueva Evangelización
Lanzan la campaña «Adopta un terrorista», y piden no meterlo en tu casa; pero sí en tus oraciones
Aleteia
Ella salió y llamó a sus amigos. Tres días después fueron tres reclusos de Primera Línea quienes la llamaron: habían recibido un telegrama de los compañeros de San Vittore que les instaban a buscar a "esa católica". ¿Para darle una paliza? No. Para hablar de todo lo que había sucedido a ellos, a los demás, a los rojos, a los católicos, y de lo que ocurría ahora tras las rejas y cómo funcionaba.
Seis meses después, en 1986, de un puñado de miembros de Comunión y Liberación y de terroristas en vías de ruptura nació, para entrar en la cárcel, la asociación Incontro e Presenza [Encuentro y Presencia].
Fabio Romano sabía que había nacido en el "lado correcto" del puente de la Plaza Corvetto.
- De esta parte, las escuelas de la calle Martinengo, el oratorio, las monjas, don Giussani, con quien te cruzabas de camino al colegio, los padres siempre presentes;
- de la otra, el 'Bronx', con los maranza [chicos de la calle] antes de que existiera el término, a quienes el destino de forajidos les había quedado grabado en las suelas de los zapatos.
"Los de allá venían a robarnos el balón o a molestarnos y nosotros teníamos miedo cuando, en la parada del tranvía, Manhattan se encontraba con el Bronx. Así que si acababan en la cárcel, el veredicto estaba claro: se lo han buscado, se lo merecen", cuenta a Tempi.
No volvió a pensar en el puente durante años. Una licenciatura en Ciencias Políticas, un trabajo en París, luego multinacionales y una carrera que construir:
- "Una experiencia increíble, incluso tras una terrible enfermedad, poder decir que era capaz de aguantar esos ritmos, coger aviones con frecuencia, reuniones y éxitos, todo eso era, para mí, mi redención".
Luego, llega la crisis financiera que derriba el castillo. Fabio se cae de bruces. De ejecutivo a los treinta a hombre sin trabajo a los cuarenta, para volver a empezar con dificultad una carrera:
- "Había llegado a lo más alto, pero había dejado todo lo demás de lado".
Pero es entre los escombros donde florece lo inesperado.
El "monstruo" había desaparecido
Mara, una amiga a la que le asignan un puesto de profesora en una cárcel, durante las vacaciones le abruma con sus preguntas. Fabio le propone presentarle a dos amigos suyos de Milán, veteranos de Incontro e Presenza, Felice y Daniela:
- "Le dije a Mara: 'Te espero abajo en el coche', al fin y al cabo no me sentía muy involucrado. Pero luego subí y ya no me fui".
Comienza una odisea que ya dura veinte años.
Mirella, al cabo de un tiempo, a pesar de que a él no le fascinaba mucho la idea, lo invita a ser pionero con Felice en la localidad de Bollate. Él se mete en ello con sus exámenes de Derecho a sus espaldas y el prejuicio del burgués Corvetto [barrio de Milán]: considerar la cárcel como un vertedero de monstruos. A los diez minutos, esa teoría ya estaba en la papelera.
Testimonios
Preso, su compañero ateo le recomendó un libro que cambió su vida: «Descubrí que no estaba solo»
Religión en Libertad
Ante Roberto, un suramericano con una vida complicada, su castillo de ideas se derrumba:
- "Empezamos a hablar del Inter, de Zanetti y Cambiasso. En un segundo, el 'monstruo' desapareció. Había una persona con mis mismas pasiones, los mismos vacíos, la misma insignificancia".
Entre Fabio y Roberto surge una amistad que poco tiene que ver con la cárcel. A Roberto le gusta hacer belenes con materiales reciclados. Fabio acude a la función navideña del hijo de Roberto porque él todavía estaba dentro.
A los miembros de Comunión y Liberación les encanta citar a Giussani ("el método viene impuesto por el objeto") y para Roberto el camino a seguir no pasaba por las páginas de El sentido religioso de Giussani, sino por las de La Gazzetta dello Sport. Luego Roberto sale, hace pequeños trabajos, se las arregla como puede.
Un viernes por la tarde va a ver a Fabio a la oficina a tomar un café y el lunes desaparece, y nunca más se le vuelve a ver:
- "Lo viví como un fracaso, porque no me di cuenta de que se iba a escapar. Fue la prueba: seguir o dejarlo. Me llevó un tiempo comprender que Roberto no era 'mi' recluso. Hablé muchas veces con Emanuele porque no me lo podía creer, pero luego comprendí que la cárcel es el último lugar de libertad que queda, el encuentro entre dos libertades que deciden estar ahí: la mía de entrar en mis días libres, la suya de bajar a reunirse conmigo. Si le quitas la libertad, solo estás haciendo un gesto burocrático. Queríamos llevar compañía y Roberto había entendido la diferencia: por eso, aquel viernes, había venido a despedirse".
Tres bolsas de kaláshnikov
Ernesto Balducchi, líder de los Comités Comunistas Revolucionarios, recordaba con claridad el día en que don Luigi Melesi, capellán de San Vittore, le pidió la lista de sus compañeros caídos en tiroteos. Se la devolvió poco después: los nombres de los caídos impresos en una estampa con un crucifijo. Era 1983.
Ninguno de ellos -ni siquiera Balducchi, que antes de Lenin había frecuentado el PIME [Pontificio Instituto para Misiones Extranjeras]- iba a misa; sin embargo, cuando el capellán entró en la sala invitándoles a rezar por sus muertos, las celdas se abrieron. A menudo se dice que fue la caridad, antes que la política, lo que les desarmó. Pero también el método "impuesto por el objeto".
Ese año, el cardenal Carlo Maria Martini, tras la misa de Navidad, subió al "pabellón especial". Un recluso de Primera Línea le preguntó: "Eminencia, ¿rezamos al menos un Padrenuestro juntos?".
"También estaba presente una persona a la que no conocía", recordará Balducchi, entrevistado por Giorgio Paolucci para Avvenire: "Tenía lágrimas en los ojos. Más tarde supe por don Melesi que se trataba de Giovanni Testori [1923-1993, escritor con vetas religiosas]".
Poco después, el escritor publicó en el Corriere aquella Carta desde la cárcel en la que los terroristas reconocían el fracaso y asumían la responsabilidad de sus actos ante las víctimas.
La mañana del 13 de junio de 1984, el acto final: tres bolsas cargadas de kaláshnikovs, granadas de mano y cohetes para bazucas fueron entregadas en el arzobispado. Era todo el arsenal de los Cocori [Comités Comunistas Revolucionarios].
El resto es historia. En 1985, Balducchi obtuvo la libertad condicional con servicios sociales y, al año siguiente, al fundar una empresa de mensajería para ex reclusos, fue uno de los fundadores de Incontro e Presenza: una unión entonces impensable entre utópicos traicionados y cristianos inquietos.
Y esa es la esencia de la obra Incontro e Presenza: una presencia. No para hacer un "servicio social", sino por una necesidad imperiosa:
- "Mirella decía: 'Vas allí por ti mismo, para seguir siendo humano'. Al principio me parecía algo egoísta. Luego lo entiendes: aunque la premisa sea presentar proyectos que resulten comprensibles para la burocracia, la verdad es que entramos allí 'con las manos en los bolsillos' . A menudo nos preguntan: 'Pero, ¿qué han venido a hacer?' y la respuesta es siempre la misma: 'A hacerte compañía'. Solo aportamos nuestra persona, lo cual es desarmante porque deja claro de inmediato lo que nos interesa: no prestar un servicio más, otra iniciativa entre las tantas que ya existen, sino encontrarnos con un hombre; nunca preguntamos qué delito han cometido para que ninguno de ellos se sienta definido por esa respuesta. Cuando un recluso comprende que no le eres útil para conseguir una reducción de la pena o por motivos prácticos, sino que le quieres por lo que es, entonces se derrumba toda defensa. Luego, claro, la asociación es el vehículo para responder a las necesidades concretas -desde el mono hasta el cepillo de dientes para quien llega a la celda sin nada-, pero el objetivo sigue siendo la relación".
USA - Edición Hispana
12 peligrosos presos arrodillados junto al sacerdote: la oración que produjo la curación de un joven
ReL
Pedir pasta a quien no tiene nada
Al frente de Incontro e Presenza, Fabio puede contar hoy con los amigos que entran en San Vittore, en Opera, en Bollate, en Monza, en Bérgamo y en Lecco, nombres concretos y lugares de "pequeñas peticiones": Farouk, que quiere una entrevista; el carterista que pide sellos; el asesino que, por iniciativa propia, te cuenta por décima vez cómo mató a su novia:
- "Te lo dicen para ponerte a prueba. Quieren ver si lo que dices -que no te importa el delito, sino ellos- es verdad o es una pose. Te echan encima la mochila de la culpa. Nosotros no podemos quitarles esa mochila, ellos son los que se enfrentan al mal. Nosotros solo podemos ayudarles mientras la llevan. Y estar allí cuando preguntan: '¿Volverás?'. Por cierto, a las entrevistas en la cárcel siempre vamos dos o más y, para ellos, somos uno solo. Si yo inicio un diálogo un sábado, el recluso lo continúa el sábado siguiente con los demás amigos: para ellos no somos yo o él, pertenecemos a una sola cosa, una obra que continúa más allá del individuo".
Luego está la colecta de alimentos. En 2010, a instancias -por decirlo suavemente- de un recluso, se propone llevarla a cabo en San Vittore.
La administración penitenciaria se muestra perpleja: "¿Les pedís pasta a quienes no tienen nada?".
- "Por supuesto, nosotros también teníamos dudas. Cuando los reclusos preguntaron a nuestros voluntarios qué significaba vivir la caridad, estos mencionaron el Banco de Alimentos, donde habían aprendido que 'incluso dar una nuez es caridad'. 'Bueno, una nuez también la tenemos nosotros', respondieron ellos, 'una nuez, una naranja...'".
Moraleja: desde entonces recogen cientos de kilos de alimentos cada año para la colecta alimentaria. Un gesto que se ha vuelto contagioso. En 2020, en pleno confinamiento, la secretaría de Bollate llama a Fabio: "Los reclusos han recogido comida para el Banco, de forma espontánea, ven a recogerla".
Durante años sus familias han recibido "el paquete", saben lo que significa pasar hambre y quieren contribuir. Cuando Fabio y Lorenzo llegan a cargar la comida, se dan cuenta de que "nadie les había pedido que lo hicieran, pero un gesto realizado juntos durante años se había convertido en 'su" gesto. Luego se repitió también cuando estalló la guerra en Ucrania".
Hoy en día, Fabio Romano dirige un grupo de amigos, unos 200 voluntarios. Se encuentra con muchas personas que han acabado en la cárcel por falta de alternativas: historias de inmigración o del Milano in, de quienes matan bajo los efectos de sustancias y lloran una carga que no se borra, o de quienes tienen el interruptor de la conciencia apagado por motivos patológicos.
"¿Puede un hombre mayor renacer a la vida?": es la pregunta que se hacen los reclusos, los exreclusos y los propios voluntarios.
"La respuesta es sí -explica Fabio-, siempre que cuente con una compañía constante en un entorno vivo, y se le eduque para una vida 'normal' y que nunca olvide a las víctimas". Pero tampoco los dientes blancos.
Todo queda resumido en el Jubileo de los Presos celebrado el pasado diciembre en Roma.
Vaticano
León XIV, en el Jubileo de los presos: «¡Que nadie se pierda! ¡Que todos se salven! Esto es lo que quiere Dios»
Religión en Libertad
Fabio se sienta junto al altar de San Pedro con reclusos, condenados a cadena perpetua:
- "Yo no he matado a nadie y, sin embargo, allí, ante ese altar, la indulgencia nos abarcaba a todos. Yo pecador, ellos pecadores. ¿Quién hubiera dicho que llegaría al altar del Papa a través de los reclusos? Sin ellos, no sería tan plenamente humano".
Es la conciencia de que la diferencia entre la celda y la libertad es una línea tan fina como un cabello: "¿Por qué él está dentro y yo no?".
Vaticano
El Papa se reúne con 650 presos en Bata: «La vida no sólo se define por los errores cometidos»
Religión en Libertad
Fabio se lo explica a menudo a los chicos:
- "Si durante una pelea juvenil el otro se hubiera dado un golpe en la cabeza, yo también habría acabado dentro, a pesar de haber nacido al otro lado del puente. Y después de tantos años de Incontro e Presenza sé que fue así solo porque alguien quería que lo cruzara".
Quien está dentro y quien está fuera
"Ha sido realmente un designio misterioso el que nos ha puesto frente a estos hombres y, precisamente, unos frente a otros", contaba Mirella Bocchini en el Meeting de Rímini, recordando aquel comienzo de aventura que los envolvió a todos: seguidores de Lenin y alumnos de Giussani, jóvenes de Corvetto y delincuentes argentinos.
- "Estos encuentros tocan lo más profundo, la herida más profunda del propio corazón, porque ponen al descubierto nuestra necesidad, nuestro deseo de ser. Nos obligan a una verdad de nosotros mismos mucho más radical y, por eso, son ellos quienes nos hacen caridad. [...] Nosotros hacemos compañía al hombre y él nos hace compañía a nosotros, y queremos ser hombres, plenamente hombres, con talentos y límites, perdonándonos las traiciones mutuas. Entonces vivimos esta aventura humana con ellos por esa tensión hacia el infinito que es idéntica y precisa en lo que está dentro y en lo que está fuera".