Relatos de niños que vieron desaparecer el fantasma del divorcio
«Niños Retrouvaille», hablan 4 hijos de matrimonios salvados: «Mi casa se convirtió en hogar»

"Retrouvaille", la muestra de que todo matrimonio puede sanar.
Según se desprende del portal oficial de Estadísticas de Canadá, el número de divorcios estaría experimentando una caída atípica, especialmente desde el fin de la pandemia. Precisamente en 2019 tuvieron lugar cerca de 57.000 casos, una cifra similar a la que se dio en 1977, un año después se redujeron a 43.000. Precisamente en 1977 nació Retrouvaille, un ministerio de ayuda y sanación matrimonial que hoy se extiende por buena parte de Europa. Cuatro décadas después, son muchos los matrimonios salvados y sus resultados visibles. Especialmente en el olvidado campo de los hijos de matrimonios en crisis, que ya se llaman “Niños Retrouvaille”.
Retrouvaille se define como “un programa de ayuda para matrimonios en crisis”, "un salvavidas para tu matrimonio". Está vinculado a la Iglesia y se dirige especialmente a quienes sufren cualquier tipo de problema en su matrimonio, desde la infidelidad, el alcoholismo o la drogadicción hasta a quienes se encuentran en proceso de divorcio.
Retrouvaille ayuda a las parejas a conectar las piezas y a reconstruir una relación. Está formado y coordinado por otros matrimonios que un día decidieron luchar por su relación y no resignarse a la ruptura. Desde que dieron el paso y vieron sanar su matrimonio tras el retiro de familias, no fueron pocos los que permanecieron en el ministerio, expandiéndolo y consolidándolo durante los años. Y en muchos casos, los hijos fueron testigos de la sanación.
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"No sé qué sería de mí sin Retrouvaille"
Es el caso de la familia Allan, cuyo relato ha sido recientemente publicado en el portal de la delegación británica de Retrouvaille.
Para los pequeños, Kerri y Megan, la pesadilla comenzó a partir de 2003, cuando tenía cinco años.
“La relación empeoraba cada día y los gritos eran cada vez más fuertes. Mi madre siempre estaba de viaje de negocios y con frecuencia se sentaba en mi habitación a llorar. Mi hermana y yo nos abrazábamos con miedo a que fuera el fin y se divorciaran, como siempre decían”, cuenta.
Por aquel entonces, Megan, la hermana mayor, tenía 7. Recuerda que pasaba la mayor parte del tiempo junto a Kerri, en casa de sus abuelos: “Cuando mi madre estaba en casa, mis padres siempre se peleaban y la única manera que sabía [para lograr] que dejaran de pelear era rompiendo algo. Uno de mis peores recuerdos es el de estar agarrada a mi hermana en la bañera cuando mi padre me dijo que se iban a divorciar”.
Y entonces, en plena ruptura y sin nada que perder, surgió la posibilidad de acudir a Retrouvaille. Las hermanas dan fe de cómo, tras aquel fin de semana y las sesiones posteriores, sus padres parecían personas distintas.
“Parecían más tranquilos y las peleas disminuyeron. Fueron a todas las sesiones posteriores y lo llevaban a la práctica cada día. Mi hermana y yo los animábamos a que tuvieran "su" tiempo”, relatan las Allan.
Hoy, pasados los años, confiesan que la familia sigue utilizando las herramientas aportadas por Retrouvaille.
“Nuestra casa volvió a ser un hogar: un lugar donde queríamos estar y donde nos sentíamos seguros y a salvo. A menudo me pregunto qué habría sido de no haber existido Retrouvaille”, escribe Megan.
"Me ha ayudado más de lo que puedo afirmar"
Situación similar fue la vivida por Holly Fagan. Cuenta que, aún sin tener más de diez años, notaba que tenía que haber “algo más” que explicase que su madre durmiese cada noche en el sofá.
“Nuestra casa se había convertido en eso, en una casa y no un hogar como antes. Toda mi familia sentía la tensión a diario”, relata, y aunque tratasen de disimularlo, ella lo notaba: “Es imposible que la relación entre padres e hijos no afecte a sus hijos”, sentencia.
De nuevo, Retrouvaille llegó para cambiarlo. Poco después de que pasasen el fin de semana, los hermanos admitieron presenciar un cambio considerable en su actitud.
Hoy, tanto los Fagan como muchos otros "niños Retrouvaille" se consideran “la prueba viviente de que las condiciones pueden mejorar”. Casi con las mismas palabras de las hermanas Allan, observa que una muestra de esta mejoría es cuando una "casa" empieza a verse de nuevo como un "hogar".
“Estoy eternamente agradecida a Retrouvaille porque no solo ha ayudado a mis padres, sino que me ha ayudado a mí de más maneras de las que podría explicar”, concluye.
Familia
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"Hoy somos una familia unida"
Kaitlyn, una joven de Kansas City, es otra de esas “niñas Retrouvaille” que contaron su historia, en este caso, a The Leaven. Tenía tres años cuando sus padres, en crisis, acudieron por primera vez al fin de semana de Retrouvaille.
A partir de entonces, sus padres “se comunican bien y no se guardan nada”. Y, por el contrario, cuando se olvidan o descuidan poner en práctica los recursos aprendidos en Retrouvaille, los problemas reaparecen, “hay más discusiones y no hay tanta paz”. Por el contrario, dice, “cuando lo hacen, es más feliz y no hay tensión”.
“Hoy somos una familia unida, no dividida”, agrega la joven.
"Una niña Retrouvaille de los pies a la cabeza"
En el caso de Jamie, no recuerda la relación de sus padres antes de aquel fin de semana, y con poco más de 30 años se define como “una niña de Retrouvaille de pies a cabeza".
Aunque nació solo un año después de que sus padres probasen Retrouvaille, Jamie continúa viendo los efectos del ministerio en su vida.
“Hasta el día de hoy, si mi padre tiene algo serio que comunicarle a alguno de nosotros, nos escribe una carta”, dijo la joven. Este es solo uno de los recursos aprendidos por el matrimonio y que años después siguen aplicando.
Como en el caso de Kaitlyn, Jamie dijo que siente que podría tener algunas ventajas al provenir de un hogar con padres que permanecieron casados. Una de ellas reside en sus creencias sobre el matrimonio.
“Sé que renunciar no es una opción”, dijo.
Hablando de su madre y de cómo cambió su vida, Jamie asegura que Retrouvaille no solo salvó su matrimonio, sino que también la hizo querer ser católica.
“No existiría si mis padres no hubieran ido a Retrouvaille. Entonces, supongo que le debo mi vida”, confiesa.