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Misionera religiosa en Guinea y Haití: elegir quién vive y quién muere

Redacción REL
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Valle Chías estudió con los jesuitas en España. Estudiando Medicina, se confirmó su vocación a ser misionera, con las Religiosas de Jesús María. Desde niña ya pensaba en ser misionera, explica entrevistada por Obras Misionales Pontificias.

Colaboró con las misioneras de la Inmaculada Concepción. Estudió Medicina Tropical. Primero sirvió de Guinea Ecuatorial. Más adelante, la enviaron a Haití, a un pueblecito a dos horas de la carretera más cercana. "Con los bandidos que han tomado todo lo asfaltado ya no puedes acercarte a esas zonas", explica.

Es el campo: no hay saneamientos, no hay conducción de agua, no hay estructuras... "Empezamos solo con la clínica móvil y con el conductor y un auxiliar. El coche nos lo acaba de donar, super nuevo, Manos Unidas. Empezamos a pasar consultas y visitar más poblados. Fui estructurando proyectos contra la malnutrición, laboratorio, cribados..."

La clínica móvil ayuda a muchos: pasa 4.000 consultas al año. "Es muy duro, porque no hay recursos, pero a la vez es muy bonito porque se junta la necesidad y la creatividad y la generosidad de la gente", señala.

Descubrió que la mayoría de niños enfermos, simplemente, estaban desnutridos, o la desnutrición abría paso a la enfermedad. Uno de cada cuatro estaba desnutrido.

"Hicimos números, se necesitaban 25.000 euros para el proyecto contra la malnutrición. Me fui a la capilla: 'Señor, esto es tuyo, tú verás, porque esto es mucho. Es tu gente, y si siguen muriéndose, yo me piro ya". Al día siguiente había 25.000 euros en la cuenta. Llaman a puertas y una de esas puertas respondió. Y responde cada año desde 2021. Pero otros proyectos no lo consiguen. Dios no es indiferente, insiste esta religiosa. Pero, pese a todo, un proyecto así es "un taponcito en una grieta enorme".

En Haití, dice, "me he roto mucho". Pero con la gente ha crecido en la relación con Dios, en la fe y esperanza, "un Dios que es Providencia y una relación que es íntima, de confiar y de expresarse".

Es duro, sin embargo, cuando le toca tomar decisiones sobre recursos escasos y eso significa que alguien muere o alguien se salva. Tras siete meses de vuelta a España, piensa en esas decisiones con cierta distancia. "El tema es la esperanza como misterio, esa confianza completa en que Dios no nos deja y Dios forma parte de la historia y que por eso mismo Dios no va a soltar de la mano. No nos quedemos con 'buah, mira lo que hay'. Creamos que el mundo puede ser de otra manera, según el deseo de Dios".

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