De la muerte de San José: ¿sabemos algo de ella?
Después de conocer en detalle la presencia de San José en los evangelios (pinche aquí si le interesa el tema) y muchas otras cosas porque la de San José es una figura muy bienquista a esta columna, vamos a entrar hoy en tema tan terrenal como el de su muerte, una costumbre demasiado humana que, curiosamente, en aquella casa de Nazaret, fue el único que degustó.
A la muerte de José no existe referencia alguna en ninguno de los textos canónicos, ni en consecuencia con lo dicho, tampoco en los evangelios. Sí cabe extraer la constancia de que para cuando Jesús comienza su ministerio, José ya ha muerto, porque no existe referencia a él en pasajes en los que, de haber estado vivo, habría aparecido sin duda. Notablemente, el del regreso de Jesús a Nazaret, que reza como sigue.
“Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es esta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?» Y se escandalizaban a causa de él.” (Mc. 6, 1-3).
O el conocido como “El verdadero parentesco de Jesús”:
“Todavía estaba hablando a la muchedumbre, cuando su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte.» Pero él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre de los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.»” (Mt. 12, 46-50).