Religión en Libertad

León XIV propone en la misa de Hipona tres puntos para una «reforma eclesial verdadera y eficaz»

El Papa animó a los cristianos de Argelia a ser «signo humilde y fiel del amor de Cristo».

El Papa consagró en la basílica de San Agustín ante los jóvenes arrodillados con velas e incienso.

El Papa consagró en la basílica de San Agustín ante los jóvenes arrodillados con velas e incienso.Vatican Media (captura)

Redacción REL
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El último acto de León XIV en Annaba antes de su regreso en avión a la capital del país, Argel, fue la misa que celebró en la basílica de San Agustín

Lo hizo ante unos pocos cientos de fieles, en buena parte de raza negra por el elevado número de católicos procedentes de la inmigración africana.

La misión de la Iglesia

"La Palabra divina atraviesa la historia y la renueva con la voz humana del Salvador", comenzó tras la lectura del Evangelio. 

La "misión para toda la Iglesia", afirmó, es ayudar a "nacer nuevamente de lo alto" invitando a "una vida nueva" a "todo hombre y toda mujer que busca la salvación". En esta perspectiva "la fe vence las dificultades terrenas y la gracia del Señor hace florecer el desierto". 

La basílica de San Agustín en Hipona, lugar donde se celebró la misa.

La basílica de San Agustín en Hipona, lugar donde se celebró la misa.Vatican Media (captura)

Las palabras de Cristo "tienen toda la firmeza de un deber" que podría parecer "un mandato imposible". Todo lo contrario, argumentó León XIV, porque "el deber expresado por Jesús es para nosotros un don de libertad", en la medida en que "renacer de lo alto" hemos de hacerlo según la "voluntad de amor" de Dios, "que desea renovar a la humanidad llamándola a una comunión de vida, que comienza con la fe".

"Cristo nos pide renovar totalmente toda nuestra existencia", sí, pero "también nos da la fuerza para hacerlo". Nuestra vida "puede recomenzar desde cero" porque es lo que el Señor nos pide, y "no importa cuán oprimidos estemos por el dolor o por el pecado", pues "el Crucificado lleva todos esos pesos con nosotros y por nosotros". 

La "fuerza de Dios" vence nuestras debilidades, y puso como ejemplo a San Agustín, a quien, "antes que por su sabiduría, lo contemplamos por su conversión", y de quien sabemos que renació "providencialmente acompañado por las lágrimas de su madre, Santa Mónica".

Los tres puntos para la reforma eclesial

Dicho esto, el Papa, tras recordar que la Iglesia nutre "con los sacramentos" a aquellos que son "regenerados por Dios como hermanos y hermanas de Jesús", planteó la gran propuesta de esta homilía: "Acoger y realizar este canon apostólico, meditándolo como auténtico criterio de reforma eclesial; una reforma que comienza en el corazón, para ser verdadera, y concierne a todos, para hacerse eficaz".

Él apunto tres puntos para ello.

  • Primero, la "unidad espiritual", que consiste en la "concordia" como "comunión de corazones que laten juntos, porque están unidos al de Cristo". E hizo una advertencia importante: "La Iglesia naciente no se basa, por tanto, en un contrato social, sino en una armonía en la fe, en los afectos, en las ideas y en las opciones de vida, pues tiene el centro en el amor de Dios, hecho hombre para salvar a todos los pueblos de la tierra".
  • Segundo, "el efecto material de esta unidad espiritual de los creyentes" con las propiedad de las cosas materiales, que se hace "transformando la posesión en don": una "entrega fraterna" que "no representa una utopía más que para los corazones rivales entre sí y las almas ávidas de sí mismas". Nada que  ver con lo que exige "la fe en el único Dios, Señor del cielo y de la tierra", la cual "une a los hombres según una justicia perfecta, que invita a todos a la caridad, es decir, a amar a toda criatura con el amor que Dios nos da en Cristo". Es por eso que, "sobre todo ante la indigencia y la opresión, los cristianos tienen como código fundamental la caridad: hagamos al prójimo lo que quisiéramos que hicieran por nosotros". Y animada por esta ley que Dios escribe en los corazones, la Iglesia otorga "esperanza", "dignidad" y "reconciliación".
  • Tercero, la "caridad", que "antes que compromiso moral, es signo de salvación". En efecto, "los Apóstoles proclaman que nuestra vida puede cambiar porque Cristo ha resucitado de entre los muertos, y por tanto "la primera tarea de los pastores, ministros del Evangelio, es dar testimonio de Dios al mundo con un sólo corazón y una sola alma". E hizo una advertencia: hay que hacerlo "sin que las preocupaciones nos corrompan con el miedo ni las modas nos debiliten mediante las componendas". 
San Abustín parece bendecir a su hijo León XIV al entrar en la basílica que lleva su nombre.

San Abustín parece bendecir a su hijo León XIV al entrar en la basílica que lleva su nombre.Vatican Media (captura)

"Permanezcan en esta tierra" con espíritu de incienso

El Papa concluyó su homilía con un último mensaje a los "queridísimos cristianos de Argelia": "Permanezcan en esta tierra como signo humilde y fiel del amor de Cristo. Den testimonio del Evangelio con gestos sencillos, relaciones verdaderas y un diálogo vivido día a día; así darán sabor y serán luz allí donde viven".

Y recordó como ejemplo de ello al incienso como grano incadescente "que esparce perfume porque da gloria al Señor y alegría y consuelo a tantos hermanos y hermanas". Es "un elemento pequeño y precioso" que invita "a dirigir nuestros corazones a Dios, animándonos unos a otros a perseverar en las dificultades del tiempo presente" con el "olor de la misericordia, de la limosna y del perdón".

Pidió a todos ser "herederos" de la tradición establecida por San Agustín, "dando testimonio en la caridad fraterna de la libertad de quien nace de lo alto como esperanza de salvación para el mundo".

  • La misa, resumida en 1 minuto:
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