Ruinas de Cesarea de Filipo en Banias
El tercero, cuando expone las condiciones para seguirle: “Entonces dijo Jesús a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? «Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino.»” (Mt. 16, 24-28). Estos son los seguros. Hay dos más que, según se relatan en los evangelios, podrían haber ocurrido también en Siria, si bien la tradición los ha situado fuera ya del actual territorio sirio: hablamos del sorprendente episodio de la Transfiguración, que se acostumbra a situar en el monte Tabor, a unos 70 kms. de Cesarea de Filipo, y en territorio actualmente israelí, aunque bien podría haber sucedido en el monte Hermón, a cuyo pie se sitúa Cesarea de Filipo, ya que el Evangelio no aporta los datos concretos para su identificación. “Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto [el Tabor según la tradición, ¿por qué no el Hermón?]. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: «Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.» Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salió una voz que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.» Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: «Levantaos, no tengáis miedo.» Ellos alzaron sus ojos y no vieron a nadie más que a Jesús solo” (Mt. 17, 1-7). Y el último, la curación de un endemoniado. “Cuando llegaron donde la gente, se acercó a él un hombre que, arrodillándose ante él, le dijo: «Señor, ten piedad de mi hijo, porque es lunático y sufre mucho; pues muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua. Se lo he presentado a tus discípulos, pero ellos no han podido curarle.» Jesús respondió: «¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo acá!» Jesús le increpó y el demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento. Entonces los discípulos se acercaron a Jesús, en privado, y le dijeron: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?» Díceles: «Por vuestra poca fe. Porque yo os aseguro: si tenéis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: `Desplázate de aquí allá´, y se desplazará, y nada os será imposible.»” (Mt. 17, 1-13). Tras su visita a Siria, y como el propio Mateo nos relata de nuevo, Jesús “vuelve a Galilea” (Mt. 17, 22). ©L.A. Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema(haga click en el título si desea leerlos) ¿Estuvo Jesús en el Líbano?¿Cómo era el Líbano que conoció Jesús?¿Qué ciudad es esa Magdala de la que proviene la Magdalena?Del Barrio Copto de El Cairo, donde se refugió la Sagrada Familia