Religión en Libertad

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La catequesis de hoy debería servir, en primer lugar, a los jóvenes que están en ese fascinante período académico que es la Universidad así como al profesorado; pero también y por extensión a todos nosotros para valorar adecuadamente qué es la Universidad, situarnos ante lo que es su realidad, entender el momento histórico-cultural en que vivimos, subrayar el valor de la razón y su ejercicio iluminado por la fe.

Cuando titulamos una visión "católica" no significa tanto la visión propia de la Iglesia Católica, cuanto la visión más completa e integradora de la Universidad misma en su vocación originaria, aquello que le dio su impulso al nacer en la Edad Media, propiciada por la Iglesia, aquello que constituye su sustancia y su naturaleza y sin lo cual la Universidad se degrada a una mera institución u organismo expendedor de créditos y títulos para incorporarse al mercado laboral competitivo.

No cabe duda de que Ratzinger tuvo como maestro interior a Newman y comparte con él una manera de ver, analizar y considerar. Y Newman es un intelectual de categoría, fundador de la Universidad Católica de Irlanda, en Dublín. En una lección pública, Newman presentó la naturaleza y la vocación de la Universidad:

"Aquí, al mismo tiempo, me siento invitado a explayarme sobre la grandeza de una institución cuya amplitud de miras es suficiente como para permitir un debate sobre un tema como éste. Entre los objetivos del quehacer humano -estoy seguro, caballeros, de que puedo afirmarlo sin exageración- ninguno es más alto ni más noble que el que contempla la fundación de una Universidad.
Es menester confesar que poner en pie y mantener con vida y rigor una auténtica Universidad, lo que realmente se entiende por la palabra "Universidad", es una de las más grandes tareas, grande en su dificultad y en su importancia; una tarea en la que merecidamente se consumen los intelectos más preclaros y los legados más variados. Pues, en primer lugar, pretenden enseñar lo que haya que enseñar en cualquiera de las ramas del saber humano, y la amplitud de su actividad alcanza los temas más nobles y elevados del pensamiento humano y los campos más fértiles de la investigación. Nada hay demasiado extenso, nada demasiado sutil, nada demasiado distante, nada demasiado diminuto, nada demasiado discursivo, nada demasiado exacto, para captar su atención" (NEWMAN, J.H., Cristianismo y Ciencias de la Universidad, Eunsa, Pamplona 2011, pp. 38-39).

El saber humano y por tanto la búsqueda de la Verdad es lo que da sentido a la Universidad. Las distintas ramas del saber humano, sin competencia entre ellas, sino convergentes, buscan el saber, la Verdad y por tanto el ejercicio de la razón que unifica saberes sin disgregar, que no parcela sino que aúna, que no fragmenta sino que integra.

Una y otra ciencia, uno y otro saber, distintas especialidades humanas, científicas y técnicas, dialogan y se encuentran. La perspectiva es el desarrollo de la investigación y la estimulación del pensamiento humano que intenta comprender de manera global. Ese era el deseo de Newman:

"Se podría afirmar, con cierta razón, que el reunir las escuelas de todas las ramas del saber bajo un mismo nombre y llamarlas una universidad es una mera generalización; y se podría alegar que el objetivo de que los estudios de todo tipo de saber llevados a sus últimos límites requiera la más amplia y extensa aplicación de nuestras capacidades intelectuales no es sino una obviedad.    
La razón por la que hablo de una Universidad en los términos que he utilizado es que no solo ocupa simplemente todo el territorio del saber, sino que es el territorio mismo; que pretende mucho más que acoger y alojar, como en una posada, todo arte y todo ciencia, toda historia y filosofía. Lo que en verdad pretende es asignar a cada campo de estudio que imparte su propio lugar y sus justos límites; definir los derechos, establecer las relaciones mutuas y facilitar la comunicación entre todos y cada uno de ellos; contener a las ambiciosos y a los invasores, y mantener y socorrer a aquellos que de vez en cuando sucumben bajo los que gozan de mayor popularidad o de circunstancias más afortunadas; salvaguardar la paz entre todos y encauzar sus diferencias y sus contrariedades hacia el bien común. por esta razón afirmo, caballeros, que erigir una Universidad es una empresa a la vez tan ardua y tan beneficiosa, a saber: proque promete admitir -sin temor, sin prejuicio, sin componendas- a todos los que llaman a su puerta, si vienen en nombre de la Verdad; promete ajustar puntos de vista, experiencias y hábitos mentales de lo más independiente y dispares, y permitir que se explayen el pensamiento y la erudición en sus formas más originales, en sus expresiones más intensas y en toda su amplitud. De esta forma, su especial función es unir muchas cosas distintas en una sola. Y la Universidad aprende a hacerlo, no por la aplicción de reglas escritas, sino por sagacidad, sabiduría y tolerancia; actuando con una profunda comprensión de la materia y contenido del saber y mediante la vigilante represión de cualquier agresión o fanatismo en cualquier sector" (Id., pp. 39-40).

Entrar en la Universidad es una decisión que debe estar orientada a lo más profundo de la persona: alcanzar la Verdad, crecer en el saber humano con una visión lo más amplia posible. Es siempre algo más que matricularse en una Facultad, escoger créditos y asignaturas y fotocopiar unos apuntes, agotando convocatorias de exámenes. Es situarse ante la Verdad y un deseo de saber y conocer cuanto más mejor.

Alumnos y docentes, movidos por la fe católica, ponen en juego la razón en esa búsqueda del saber que realmente los vuelve más humanos al responder a la exigencia de su razón que busca. En cierto modo, sería una vocación a la Universidad, no una etapa más en la que inscribirse para rellenar unos años y tener un título.

La perspectiva de Newman y cuanto decimos aquí, se ve expuesta por el discurso de Benedicto XVI a los profesores universitarios católicos y, por extensión, a toda la comunidad educativa de la Universidad, por tanto, también a los jóvenes, y especialmente a los jóvenes católicos, que deben vivir apasionadamente su formación universitaria.

El deseo es vivir la unidad de saberes y adquirir una visión global:

"Esta “universitas” que entonces viví, de profesores y estudiantes que buscan juntos la verdad en todos los saberes, o como diría Alfonso X el Sabio, ese “ayuntamiento de maestros y escolares con voluntad y entendimiento de aprender los saberes” (Siete Partidas, partida II, tít. XXXI), clarifica el sentido y hasta la definición de la Universidad" (Benedicto XVI, Disc. a los profesores universitarios, El Escorial, 19-agosto-2011).

Sería una pobreza limitarse únicamente a la rama del saber elegida, a la propia área y al temario necesario para aprobar; el deseo de saber siempre busca más, profundizando en la propia materia lo más posible y complementando la visión conseguida con los otros saberes y disciplinas académicas: leer más, asistir a conferencias de otras disciplinas, etc.

"La genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano. En efecto, la Universidad ha sido, y está llamada a ser siempre, la casa donde se busca la verdad propia de la persona humana. Por ello, no es casualidad que fuera la Iglesia quien promoviera la institución universitaria, pues la fe cristiana nos habla de Cristo como el Logos por quien todo fue hecho (cf. Jn 1,3), y del ser humano creado a imagen y semejanza de Dios. Esta buena noticia descubre una racionalidad en todo lo creado y contempla al hombre como una criatura que participa y puede llegar a reconocer esa racionalidad" (ibíd).

Matricularse en la Universidad, o dar clases en la Universidad, es siempre un ejercicio que nos pone en relación con la Verdad y en situación de diálogo con el Logos. Busca la racionalidad de lo creado. Es profundamente humano.

Lo más verdadero que pueden transmitir los profesores universitarios es la búsqueda de la verdad y encaminar a los jóvenes a buscar siempre a la verdad para que estas generaciones, a su vez, encaminan a las siguientes:

"Personas abiertas a la verdad total en las diferentes ramas del saber, sabiendo escuchar y viviendo en su propio interior ese diálogo interdisciplinar; personas convencidas, sobre todo, de la capacidad humana de avanzar en el camino hacia la verdad. La juventud es tiempo privilegiado para la búsqueda y el encuentro con la verdad. Como ya dijo Platón: “Busca la verdad mientras eres joven, pues si no lo haces, después se te escapará de entre las manos” (Parménides, 135d). Esta alta aspiración es la más valiosa que podéis transmitir personal y vitalmente a vuestros estudiantes" (ibíd.).

Además la enseñanza es "una formación de jóvenes a quienes habéis de comprender y querer, en quienes debéis suscitar esa sed de verdad que poseen en lo profundo y ese afán de superación" (ibíd.). Los jóvenes, por su parte, deberán siempre acrecentar esa sed de verdad y no apagarla, buscando, investigando, estudiando, logrando una síntesis. Tanto docentes como alumnos, se guiarán en ese ejercicio por la fe que busca conocer y por la razón, que necesita la fe para llegar más allá de sus propios límites:

"El camino hacia la verdad completa compromete también al ser humano por entero: es un camino de la inteligencia y del amor, de la razón y de la fe. No podemos avanzar en el conocimiento de algo si no nos mueve el amor; ni tampoco amar algo en lo que no vemos racionalidad: pues “no existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor” (Caritas in veritate, n. 30). Si verdad y bien están unidos, también lo están conocimiento y amor. De esta unidad deriva la coherencia de vida y pensamiento, la ejemplaridad que se exige a todo buen educador" (ibíd.).

Pero hay peligros, o mejor, se incurre en errores muy frecuentes cuando, apartando el saber, el deseo de verdad, la búsqueda y la complementariedad de un saber universal -Universitas- se limita a la creación de títulos, expedientes, en busca de una competitividad laboral y de mercado. Es una visión utilitarista de la educación y la enseñanza.

Se apaga la sed de verdad cuando la Universidad se reduce a la transmisión de unos contenidos en unos temarios, sólo en función de exámenes y cada rama del saber se encierra en sí misma. En el fondo, hay un desprecio a la Verdad y se privilegia una razón técnica, fáctica, no exenta de "pensamiento débil".

"A veces se piensa que la misión de un profesor universitario sea hoy exclusivamente la de formar profesionales competentes y eficaces que satisfagan la demanda laboral en cada preciso momento. También se dice que lo único que se debe privilegiar en la presente coyuntura es la mera capacitación técnica. Ciertamente, cunde en la actualidad esa visión utilitarista de la educación, también la universitaria, difundida especialmente desde ámbitos extrauniversitarios. Sin embargo, vosotros que habéis vivido como yo la Universidad, y que la vivís ahora como docentes, sentís sin duda el anhelo de algo más elevado que corresponda a todas las dimensiones que constituyen al hombre. Sabemos que cuando la sola utilidad y el pragmatismo inmediato se erigen como criterio principal, las pérdidas pueden ser dramáticas: desde los abusos de una ciencia sin límites, más allá de ella misma, hasta el totalitarismo político que se aviva fácilmente cuando se elimina toda referencia superior al mero cálculo de poder. En cambio, la genuina idea de Universidad es precisamente lo que nos preserva de esa visión reduccionista y sesgada de lo humano" (ibíd.).

Poniendo el dedo en la llaga, afirmaba lapidariamente el Santo Padre:

"La Universidad encarna, pues, un ideal que no debe desvirtuarse ni por ideologías cerradas al diálogo racional, ni por servilismos a una lógica utilitarista de simple mercado, que ve al hombre como mero consumidor" (ibíd.)

Estas palabras, en la JMJ, pueden ser un aliciente a los jóvenes para vivir de manera nueva y más profunda su etapa de formación académica que es algo más: es una formación de toda su persona a la Verdad. Por tanto la fe católica debe y puede ayudar hoy a los jóvenes y a sus profesores a vivir esta etapa con auténtica vocación, sabiendo que es el momento de cimentar toda la personalidad en referencia y orientación a la Verdad. Podríamos decir que hay un "modo católico" de estar en la Universidad, un "modo católico" también de enseñar en la Universidad.

Pensarlo despacio ayudará a todos a replantearlo.

Tal vez podría ser un fruto más de esta JMJ para los jóvenes universitarios.

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