Miércoles, 30 de septiembre de 2020

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También se muere por Cristo en el Congo

por Mientras el mundo gira

Uno de los signos de nuestros tiempos es el gran número de mártires; un testimonio trágico e impactante, que nos llena de pesar, pero al mismo tiempo un tesoro para la Iglesia, que sabe que ya están en el cielo intercediendo por nosotros y que, en consecuencia, alimenta nuestra esperanza. Mártires víctimas del islamismo, como en Siria, Iraq, Egipto, Nigeria, Pakistán..., o víctimas del comunismo, como en el caso de Corea del Norte. Pero hay más.

Acabo de enterarme de un caso, que seguramente habrá pasado desapercibido, pero que resulta muy significativo: el asesinato del Padre Vicente Machozi, religioso agustino de la Asunción, en la República Democrática del Congo.

Machozi, de 51 años de edad, se encontraba en la casa que su congregación posee en la región de Kivu norte, junto a la frontera con Ruanda y Uganda, cuando varios hombres le acribillaron hasta matarle. El Padre Machozi era conocido, y odiado, debido principalmente a su denuncia de la balcanización de la región y de los intentos genocidas de acabar con los Yira (incluyendo las tristemente conocidas matanzas a machetazos), pobladores de una zona codiciada por sus riquezas mineras, especialmente de coltán.

El Padre Machozi había tenido que marcharse de África debido a las amenazas recibidas y fue enviado por su congregación a Estados Unidos desde 2003 hasta 2012. Fue entonces cuando pidió regresar al Congo, convencido de que el lugar en el que Cristo le quería era allí y muy consciente de los riesgos que esto entrañaba. Según el vicario general de los Asuncionistas, el también congoleño P. Emmanuel Kahindo, Machozi le dijo el pasado mes de octubre lo siguiente: "mis días están contados. Voy a ser asesinado, lo siento... pero como Cristo, por el bien de nuestro pueblo, no callaré. Continuaré mi lucha hasta el final y continuaré condenando a todos aquellos que siembran división y odio entre grupos étnicos en la región para continuar en el poder y explotar sus riquezas".

El asesinato del Padre Machozi plantea una cuestión teológica interesante. El mártir es quien entrega su vida por Cristo, el testigo de Cristo. Uno de los requerimientos que la Iglesia exige es que el mártir haya sido asesinado por odio a la fe, in odium fidei, y no por otras motivaciones. Por muy buena que sea una persona, si lo que mueve a sus asesinos no es el odio a la fe, la Iglesia no lo puede proclamar mártir. Podrá ser un santo, por su vida ejemplar, pero no un mártir.

El caso del P. Machozi plantea una zona gris: sus asesinos le mataron por su denuncia de las atrocidades cometidas sobre el pueblo Yira, pero esta denuncia no era una ocurrencia personal suya, sino que nacía de su fe y era inseparable de la misma. En cierto modo puede afirmarse que era parte indisociable de su fe. Doctores tiene la Iglesia, y yo me someto a lo que la Iglesia dictamine, pero en estos casos me parece que si no estamos ante un martirio técnicamente hablando, estamos enormemente cerca.

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