Lunes, 17 de enero de 2022

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Europa si y solo si es cristiana, hasta en Navidad

Europa si y solo si es cristiana, hasta en Navidad

Este martes 30, día de San Andrés, uno de los primeros apóstoles así como hermano del también conocido como Cefas y primer Pontífice de la Iglesia, ha salido a la luz un enésimo pero bochornoso intento de erosión de las tradiciones, los principios y los valores cristianos.

Desde la Comisión Europea, el órgano más ejecutivo de la eurocracia soviética, se había elaborado una especie de borrador que, bajo el pretexto del "lenguaje inclusivo", pretendía, de cara a las fechas venideras, que se omitiesen, en la medida de lo posible, al máximo, las referencias a la Navidad.

Se consideraba que reconocer el "diferencial cristiano" en la sociedad europea podría suponer un acto de discriminación, habiendo de «ser sensible al hecho de que las personas tienen tradiciones religiosas diferentes». Sí, algo que ciertamente no se trata de "mala nueva alguna".

Esto va más allá las estrategias de "las alcaldías del cambio" españolas (vinculadas a PODEMOS, herederas de la siniestralidad frentepopulista histórica y erigidas como "garantes de cambio" y "falsa pulcritud en la gestión publica") que vieron la luz en 2015: Ada Colau, Manuela Carmena y Joan Ribó principalmente.

Chart: Europe's largest Muslim populations | Statista

En varios países de Europa Occidental, durante lustros, ha empezado a primar la "sugerencia" de no hacer referencia a la Navidad para "no ofender a los musulmanes", que suponen volúmenes muy elevados de población en Francia, Reino Unido, Alemania, Bélgica, Holanda y zonas de España como Cataluña, Ceuta, Melilla y Andalucía.

De hecho, ya es sabido que el Islam pretende imponerse en Europa mediante la fuerza, la sumisión y la invasión migratoria, con la colaboración de las demás hordas revolucionarias, por medio de una liberticida corrección política que les sirve también para destruir la Cristiandad. Pero no es el quid del artículo profundizar en esto.

Volviendo al asunto principal, resulta que se quería trasladar a un nivel superior de las herramientas políticas el proyecto de ingeniería social secularista. Con algo de culpa nuestra, por no querer reafirmarnos aún, la eurocracia y muchos Estados-miembro pretenden que Europa se niegue a sí misma.

Así pues, si ya en 2013 molestaban las cruces representadas en la versión eslovaca de las monedas de Euro, no es nada extraño que ahora, en base a la constante erosión de cualquier atisbo de cristiandad, se pretenda ir contra una fiesta que por desgracia está perdiendo su sentido más espiritual, algo que necesariamente se puntualizará en este ensayo.

Vivir la Navidad con ilusión, pero en la fe

La Navidad se ha reducido a día de hoy, en muchos hogares, a un periodo de vacaciones escolares y laborales donde todo se reduce a la jovialidad familiar y amistosa así como a la compra masiva de regalos, sin medir mucho el bolsillo en algunas ocasiones o el interés de la persona que los pueda recibir (entornos familiares e íntimos).

Es más probable, en esta sociedad secularizada, que se piense más en el cotillón de Nochevieja que en la adoración del Niño Dios. Sin duda, hacer esta apreciación no implica incurrir en un ascetismo extremo y desmedido así como tampoco en una crítica hacia la libertad económica.

No me parece mal que uno quiera agradar a sus familiares y demás seres queridos por medio de un obsequio material, ya se trate de un balón de fútbol, un jersey o un libro. También es legítimo que uno tenga esperanza de ganar más dinero por cuanto se genera una mayor actividad económica recompensada (comerciantes, transportistas, fabricantes...).

No me parece descabellado que uno busque el escenario más idóneo tanto para la psiqué como para el paladar a la hora de celebrar la venida del Niño Diosla Epifanía del Señor o el fin del presente año. Tampoco es anormal considerar ese momento como óptimo para disfrutar de la familia natural y de aquella que se escoge (la amistad). La convivencia interactiva es esencial para formar cualquier clase de comunidad natural.

No me parece exacerbado que uno ejerza su libertad para descansar en estas fechas tan señaladas, lo cual no solo le liberará de cargas de estrés o de cierto esfuerzo físico, sino que también le permitirá dedicar más tiempo a la reflexión, la meditación espiritual y la convivencia con aquellos a los que más queremos (incluso a la reconciliación, cuando sea necesario).

Recuperar el sentido de las fiestas navideñas

No es necesario, por ende, renunciar a esos "deseos anteriores". Básicamente es cuestión de volver a asimilar bien el concepto de la Navidad, lo cual también servirá para oponer resistencia exitosa al esfuerzo secularista y constante que se lleva a cabo desde las esferas del "poder político".

La Navidad tiene sentido, en las fechas en las que se desarrolla, porque celebramos el nacimiento de Jesús de Nazaret en Belén, lo cual tuvo lugar, en palabras de San Juan Pablo II, «para todo hombre oprimido por el pecado, necesitado de salvación y sediento de esperanza».

Decimos también que vino el Niño Dios a este mundo, porque al mismo tiempo cabe recordar que Dios está representado, en base a la Trinidad, en tres "conceptos": el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Es más, nos convendría tenerlos más presentes en la vida cotidiana y tratar de vivir en el Espíritu, que siempre sabe qué es mejor para nosotros.

Así pues, conviene reflexionar y tratar de cumplir con ciertos deberes espirituales que, mediante la oración, el discernimiento y la alabanza, puedan ayudarnos a tener una concepción correcta. Luego es obvio que vendrá implícita la puesta en alza de valores esenciales para un cristiano como el amor, la caridad, la gratitud y el perdón.

El valor espiritual frente al valor positivista

No puede ser que demos bastante importancia a la efeméride obrerista-socialista del Día del Trabajo o al Día de la Constitución, que a fin de cuentas es un artificio racionalista e iuspositivista que contribuye a poner bloques en la construcción de esa entidad artificial con la que se pretende reemplazar a Dios.

El paulatino pero progresivo proceso de favorecimiento de las fiestas seculares frente a las religiosas es una apuesta por el desarraigo social y trascendental de los individuos, lo cual no les beneficiará en ningún sentido (se sentirán menos libres y más desamparados). Y esto hay que recordárselo a la eurocracia soviética.

Ya finalizando, conviene recordar que el interés que históricamente ha suscitado, adecuadamente, la Navidad en el continente europeo ha de servir como recordatorio del hecho según el cual Europa no tendría sentido sin la Cristiandad, que le dio una "esencia singular" como civilización, respetuosa con la dignidad de la persona y la libertad

 

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