Jueves, 08 de diciembre de 2022

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La clave de Fátima que no se debe olvidar

por César Uribarri

 
Ya antes del atentado contra el Papa en 1981 -y por tanto con anterioridad a la carta de 1982- se puede rastrear desde las mismas fuentes documentales que narran la génesis de la redacción del Secreto la preocupación de sor Lucia por el destino del hombre. Sor Lucia, dócil al mandato de la Virgen, seguía guardando el Secreto en su fuero interno hasta que en 1944 recibe el mandato expreso de su obispo para plasmar por escrito la única parte pendiente de ser revelada. Lo que podría ser cuestión de un par de horas, supuso para la vidente una titánica lucha interior de varios meses, hasta el punto de que la angustia y la ansiedad la cercaban. Una carga mortal le impedía plasmarlo por escrito.
 
 
Tal sufrimiento psíquico es desconcertante hasta para la misma vidente. La ansiedad sólo cederá cuando reciba el consuelo del Cielo y el permiso expreso de escribirlo en obediencia a lo mandado. Pero, ¿por qué de esa ansiedad interior? Indudablemente salvo que la propia implicada explicara los por qué sólo caben suposiciones. Sin embargo una de ellas parece razonable. En este caso sor Lucia tenía la certeza no sólo de la veracidad del secreto (¡venía del mismo Cielo!) sino de que su cumplimiento sólo sería evitado secundando los mandatos de la Virgen –el Mensaje-. Y ya entonces, en 1944, las perspectivas de conversión de la humanidad no eran buenas.
 
 
Aun ahora me asusta pensar solamente en lo que pueda suceder. Y mi repugnancia a hablar es tal, que a pesar de tener ante mis ojos la carta con la que Vuestra Excelencia me manda que explique todo cuanto yo recuerde, y aún estando íntimamente convencida de que esta es la hora señalada por Dios para que yo lo haga, estoy en la duda y en una verdadera lucha sobre si debo remitir a Vuestra Excelencia este escrito o quemarlo.”
 
 
En este punto hoy resulta desconcertante la fecha en la que dijo que se debía dar a conocer el secreto: el año 1960. ¿Acaso pensaba que ese era el año en que todo se verificaría, o que darían comienzo los dolores? Las razones del porqué de esa fecha son contradictorias. Así según el canónigo Barthas, sor Lucia le dijo que esa fecha era deseo expreso de la Virgen. Bertone, en cambio, dice que era una decisión personal de sor Lucia. Lo cierto es que tras esos años se empieza a verificar la descomposición de la Iglesia: apostasías, abandonos de vocaciones, fortalecimiento de un pensamiento no católico (y mayoritario) en el seno de la Iglesia... En cierto modo cuantos conocían el mensaje de Fátima y el tercer secreto, podían vislumbrar como empezaban a darse las causas que podían conducir a la culminación de la profecía. Quizá es por esto por lo que tras aquel 13 de mayo de 1981, una vez recuperado de las graves heridas producidas por Alí Agca, Juan Pablo II preguntó a sor Lucia: “¿Es esta la consumación de la profecía?”. Sor Lucia tenía clara la respuesta, y así consta en el Documento oficial: “Desde el momento en que no hemos tenido en cuenta este llamamiento del Mensaje, constatamos que se ha cumplido, Rusia ha invadido el mundo con sus errores. Y, aunque no constatamos aún la consumación completa del final de esta profecía, vemos que nos encaminamos poco a poco hacia ella a grandes pasos.”
 
 
La Vidente parecía saber algo más, parecía tener claro el destino de la humanidad. Y es que, no en vano, Nuestro Señor en una comunicación íntima del año 1931 le había revelado cuál sería el comportamiento de aquellos a los que destinaba el mensaje: “Participa a mis ministros que, en vista de seguir el ejemplo del Rey de Francia, en la dilación de la ejecución de mi petición, también lo han de seguir en la aflicción. Nunca será tarde para recurrir a Jesús y a María.”
 
 
Tenía el convencimiento, por revelación del Cielo -y por constatación de la realidad histórica al comprobar año tras año que no se hacía caso del mensaje- que el tercer secreto se cumpliría y de modo más grave al “simple” atentado contra el Papa. Los únicos remedios que podían evitar la consumación de la profecía, la oración y la penitencia, caían en el cajón de los olvidos. No se hacía caso del mensaje ni siquiera después de aquel año 2000. Por eso un año después, aquel año 2001, sor Lucia pudo reiterar por escrito su preocupación por el destino de la humanidad:
 
 
Por eso, asusta mirar el mundo de hoy, con el desorden que reina a tal respecto y con la facilidad con se sumerge en la inmoralidad. Como remedio resta una única solución: arrepentirse, cambiar de vida y hacer penitencia. Para los que no quisieren andar por este camino, dice Jesucristo: “Si no hacéis penitencia, todos pereceréis igualmente (Lc, 13, 5).
 
 
Y es que, tal como había recordado la misma vidente al papa Juan Pablo II: “La tercera parte es una revelación simbólica, que se refiere a esta parte del Mensaje, condicionado al hecho de que aceptemos o no lo que el mismo Mensaje pide: “si aceptaren mis peticiones, la Rusia se convertirá y tendrán paz; si no, diseminará sus errores por el mundo, etc.”
 
 
Lo único necesario de la visión era entender que de no convertirse la humanidad, esos errores diseminados por el mundo afectarían a todos, y no de un modo etéreo, sino tan material que la misma visión del secreto no era sino una plasmación escenográfica de lo que habría de ocurrir a lo largo de los tiempos, afectando a Iglesia y mundo. Ya en 1978 lo señalaba el padre Alonso. “Lucia está muy segura en esa teología difícil de las permisiones secretas de Dios, cuando no se cumple su santa Voluntad manifestada. Veámoslo. Lucía, decimos, recibe la orden sobre la consagración de Rusia en junio de 1929, en un momento en que el terror estaliniano impera sobre Rusia. Todas las tentativas de Lucia de obtener ese acto de consagración de Rusia resultaron ineficaces. Y muy pronto, en agosto de 1931, es iluminado sobre los secretos juicios de Dios, así: “Participa a mis ministros que, en vista de que siguen el ejemplo del Rey de Francia, en la dilación por ejecutar mi petición, le han de seguir también en la aflicción. Aunque nunca será tarde para recurrir a Jesús y María”.
 
 
¿Era necesario que la Dulce Señora detallara cómo habría de ser la aflicción de los ministros de Su Hijo? Más bien era necesario que la Madre de Todos explicara por qué “si no os convertís, todos pereceréis”. Más bien era necesario explicar a un mundo que había olvidado el sentido del pecado que el infierno existe, y que a él van “los pobres pecadores”. Más bien era necesario que quedara claro el que sólo la conversión podría evitar esos males, aunque antes hubieran ocurrido muchos otros, pues “nunca será tarde para recurrir a Jesús y María”. Pero como al mensaje no hacemos caso, la Virgen nos da el secreto.
 
 
“Me asusta pensar lo que pueda pasar”, diría sor Lucia en 1944, para en 2001 decir, “me asusta mirar el mundo de hoy”. No es lo grave el secreto o lo que pueda faltar de él, sino que de no convertirnos, todo se verificará.
 
 
¿Y sobre el secreto? Mucho se debe y puede decir sobre si hay algo oculto, o no. Pero qué pueda ser o a qué haga referencia, por ahora lo dejo a la sabiduría de los lectores. Sin embargo, olvidar que la clave es el mensaje de conversión es abrir la puerta a que todo aquello dicho u oculto, se verifique. Mejor es una conversión sin saber de qué nos hemos librado, que padecer lo viniente llenos de sabiduría y faltos de conversión. Y aún así, fuerte es la curiosidad que nos espolea a conocer qué nos deparará a los hombres.
 
 
 
 
 
x    cesaruribarri@gmail.com

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