«Estoy aquí para proclamar la paz», dice el Papa en Camerún frente a quienes «manipulan la religión»
Su discurso en la catedral de San José de Bamenda no pareció solo destinado a los católicos del país.

León XIV, a su llegada a la catedral de San José en Bamenda (Camerún).
El acto de León XIV en su segundo día de estancia en Camerún tenía una significación especial, en cuanto apuesta decidida por la paz en una zona que ha sufrido un largo conflicto de una década. Fue en la catedral de San José, en Bamenda, la capital de una región anglófona en el noroeste del país, cerca de la frontera con Nigeria, donde grupos armados se oponen al gobierno francófono.
Por eso este evento congregaba representantes de diversas religiones (creencias locales, protestantes y mahometanos) y de ambas lenguas, aunque el Papa se dirigió a los presentes en el inglés que caracteriza a la región.
"Como vuestros testimonios acaban de demostrar", dijo tras escuchar algunos de ellos, "la experiencia de sufrimiento que ha vivido vuestra comunidad solo ha hecho más fuerte vuestra convicción de que Dios nunca nos ha abandonado. ¡En Dios, en su paz, siempre podemos comenzar de nuevo!".
El Papa elogió que aquella comunidad se había mantenido en la senda del bien a pesar de las "dificultades y obstáculos", y les exhortó a continuar en esa senda porque "conduce a la paz": "¡Y yo estoy aquí para proclamar la paz!", añadió, y recordó que la crisis vivida había servido para aproximar a las comunidades cristianas y musulmanas "más que nunca antes" y para que sus líderes creasen un Movimiento por la Paz con el que intentar mediar entre los bandos enfrentados por razones políticas, en las que el separatismo ha estado muy presente.
"Desearía que esto sucediese en muchos otros lugares del mundo", exhortó el pontífice, "vuestro trabajo por la paz puede ser un modelo". Y rechazó a quienes "manipulan la religión y el propio nombre de Dios para su propio beneficio militar, económico o político, arrastrando lo que es sagrado a la oscuridad y la inmundicia". ¡Unas palabras que quizá venían preparadas desde el Vaticano, pero que también pueden haber sido adaptadas a los conflictos de esa naturaleza sucedidos en las últimas fechas en referencia a Irán!

La catedral de San José, abarrotada de fieles para escuchar al Papa.
En cualquier caso, el Papa elogió la posición contraria, la de sus "queridos hermanas y hermanos hambrientos y sedientos de justicia, que son pobres, misericordiosos, mansos y puros de corazón", a quienes consideró "la luz del mundo".
Por eso transmitió su gratitud especial a todos los que se han ocupado de las personas traumatizadas por la violencia que ha padecido la región: "Los maestros de la guerra aparentan ignorar que basta un momento para destruir, y en ocasiones toda una vida no es suficiente para reconstruir. Y cierran los ojos al hecho de que se gastan miles de millones de dólares en matar y destruir, pero no se encuentran en ningún lado los recursos necesarios para la salud, la educación y la restauración".
"Quienes asaltan vuestra patria por sus recursos suelen invertir buena parte del beneficio en armas, perpetuando así un ciclo sin fin de desestabilización y muerte", señaló acusando a lo que está pasando en numerosos países africanos, Camerún entre ellos. Una "explotación de la creación de Dios que debe ser denunciada y rechazada por toda conciencia honesta".
"El mundo está siendo arrasado por un puñado de tiranos", continuó León XIV, abriendo la incógnita de a qué tiranos se refiere cuando se refiere al mundo, "sin embargo se mantiene unido por una multitud de hermanos y hermanas que se apoyan, que son los descendientes de Abraham, tan numerosos como las estrellas en el cielo y los granos de arena en la playa".
Y lanzó su mensaje de paz y unidad: "Mirémonos a los ojos: ¡somos un pueblo inmenso! La paz no es algo que tengamos que inventar, sino algo que hemos de abrazar aceptando a nuestro prójimo como hermano y hermana. No elegimos a nuestros hermanos y hermanas: ¡simplemente debemos aceptarnos mutuamente! Somos una sola familia, que habita el mismo hogar: este maravilloso planeta que las culturas antiguas han cuidado durante milenios".

León XIV suelta una paloma de la paz a las puertas de la catedral de San José, al concluir el acto.
León XIV concluyó su intervención evocando a su predecesor, Francisco, porque también "nos exhortó a caminar juntos, cada uno según nuestra vocación y fortaleciendo los vínculos de nuestras comunidades". Por lo cual animó a todos a "caminar juntos buscando siempre la paz".
Y como gesto que corroborase esta intención, al salir de la catedral soltó una paloma ante la multitud congregada fuera del templo, que no cabía dentro, y les recordó: "El Señor nos ha elegido a todos para que trabajemos por traer la paz a esta tierra. Recemos al Señor para que la paz reine realmente entre nosotros".