Religión en Libertad

El profeta de calamidades más nocivo del mundo ha muerto

Paul Ehrlich fue el líder del grupo de alarmistas apocalípticos que durante décadas nos metieron el miedo en el cuerpo de unos desastres que nunca ocurrieron.

Paul Ehrlich, el mayor profeta de calamidades del siglo XX

Paul Ehrlich, el mayor profeta de calamidades del siglo XX

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Decía Cherterton que “el periodismo consiste esencialmente en decir ‘Lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo”. Pues bien, ha muerto Paul Ehrlich, y como muchos no sabrán qué fue de su vida, me gustaría explicarte quién era esta persona que tanto influyó entre las élites políticas de los grandes organismos internacionales, arruinando la vida de millones de personas.

Meter miedo

Los anuncios apocalípticos producen miedo en la gente. Cuando diversos profetas de calamidades repiten sin cesar que los recursos naturales son limitados, y que no hay alimentos para todos, es normal que la gente entre en pánico. Y ese histerismo se traslada a los políticos, que comienzan a aplicar políticas para remediar esa angustia colectiva.

Pesimismo maltusiano

Eso es lo que pasó en los años sesenta. Muchos profesores universitarios se dejaron envolver por un pesimismo maltusiano y comenzaron a propagar la idea de que la civilización había llegado al colapso

El biólogo Paul Erlich, de la Universidad de Stanford, publicó un libro titulado “La explosión demográfica” con una descripción aterradora del futuro del Planeta: “La batalla para alimentar a toda la humanidad ha terminado. En las décadas de 1970 y 1980, cientos de millones de personas morirán de hambre a pesar de los programas de emergencia que se hayan iniciado”.

Ese discurso apocalíptico fue ampliamente difundido por comunicadores como Johnny Carson, en su programa televisivo de prime-time The Tonight Show, así como en otros espacios de gran audiencia. El resultado fue que un manual universitario como “La explosión demográfica” se convirtiera en un best-seller mundial, con una venta que superaba los tres millones de ejemplares.

El argumentario de Ehrlich prendió, y otros muchos respaldaron sus teorías, como es el caso de Garrett Hardin, biólogo de la Universidad de California, que en 1970 publicó un ensayo titulado: “La ética del bote salvavidas: el argumento en contra de ayudar a los pobres”, en el que afirmaba que “debemos reconocer la capacidad limitada de cualquier bote salvavidas”. 

La ética del bote salvavidas

¿Qué quiere decir eso? El bote salvavidas es limitado y no hay capacidad para que todos accedan a él. Por lo tanto, hay personas que no tienen sitio en el bote y hay que mantenerlas fuera del mismo. Además, si esas personas que no tienen sitio en el bote salvavidas accedieran a él, podrían en peligro las vidas de los que ya tienen sitio asegurado.

“Sin importar lo humanitaria que sea nuestra intención, cada vida indígena salvada mediante asistencia médica o nutricional del extranjero disminuye la calidad de vida de los que se quedan y de las generaciones posteriores”, señala Hardin.

"No hay sitio en los salvavidas"

Al hilo de la teoría de Hardin el New York Times Magazine publicó un amplio reportaje firmado por el periodista Richard J. Barnet titulado: “No hay sitio en los salvavidas”, en el que reclamaba hacer algo para controlar el aumento de la población en el mundo.

Y el Club de Roma también publicó en 1972 un informe “Límites al crecimiento”, con la misma idea: vamos directos al colapso si no se toman medidas drásticas en limitar los nacimientos.

El concepto del “bote salvavidas es limitado” tuvo un éxito sin precedentes y condicionó las nuevas políticas de los gobiernos. 

A partir de ese momento, ese histerismo alarmista por reducir la población mundial provocó que muchos países del Tercer Mundo aplicaran políticas dictadas por organismos como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional, que, a cambio, de nuevos préstamos tenían que obligar a millones de sus conciudadanos a ser esterilizados -en la India más de seis millones-, extender igualmente el aborto, así como otros programas de la llamada salud reproductiva o planificación familiar.

Que los pobres tengan menos hijos...

Lo curioso es que estos bárbaros académicos pedían sacrificios para evitar una tragedia planetaria, pero esa “coerción”, por el bien de la humanidad, siempre se debía aplicar a los países en vías de desarrollo, a los más pobres, vamos a hablar claro, y no a las naciones opulentas. “Que los pobres tengan menos hijos, pero nosotros sigamos con nuestra vida”, venían a decir… 

“En el bote salvavidas no cabemos todos, pero nosotros sí tenemos asegurado un sitio”. Pura hipocresía.

Unos pronósticos errados

Con la distancia del tiempo, tenemos la certeza de que esos profetas de calamidades erraron completamente sus pronósticos. Pero el daño ya estaba hecho. El pánico que provocaron obligaron a los políticos a implementar unas políticas que nos podíamos haber ahorrado. Políticas equivocadas que transformaron la existencia de mucha gente, y provocaron mucho sufrimiento.

Las falsas profecías de Ehrlich

+ “La batalla para alimentar a toda la humanidad ha terminado. En las décadas de 1970 y 1980, cientos de millones de personas morirán de hambre, a pesar de los programas de emergencia que se hayan iniciado ahora”. Paul Ehrlich (1968)

+"La mayoría de las personas que morirán en el más grande cataclismo de la historia de la humanidad ya han nacido". Paul R. Ehrlich (1969)

+ ​“La polución ocultará el sol y causará una nueva era glacial en el primer tercio del próximo siglo”. Paul R. Ehrlich en The Boston Globe (1969)

​+ “En algún momento de los próximos quince años, llegará el fin. Y con ´el fin` me refiero al colapso total de la capacidad del planeta para mantener a la humanidad”. Paul Ehrlich (1970)

​+ “Para el año 2000, el Reino Unido será simplemente un pequeño grupo de islas empobrecidas, habitadas por unos setenta millones de personas hambrientas”. Paul Ehrlich (1971)

​+ “Todo apunta a que esta escasez energética nos acompañará durante el resto de este siglo, y antes de 1985 la humanidad entrará en una era de escasez en la que careceremos de muchas de las cosas que dependen de la energía… Entre otras, ciertas comodidades como la comida, el agua potable, el cobre y el papel serán cada vez más difíciles de obtener y desde luego mucho más caras… El hambre que azotará a las personas irá acompañada de una carestía de materiales necesarios para la industria”. Paul y Anne Ehrlich (1974)

​+ “Cada año desaparecen 250.000 especies. Antes del año 2000 la mitad de las especies del planeta desaparecerán. Y todas las especies desaparecerán entre los años 2010 y 2025”. Paul Ehrlich (1981)

Una buena parte de este texto está recogido en el libro "Despierta y combate a los bárbaros que arruinan tu vida" (LibrosLibres).

Puedes leer las primeras páginas AQUÍ

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