Argüello, al Gobierno y a los monjes del Valle: «Les invito a un acuerdo que supere la polarización»
El cardenal habló en la Plenaria de la CEE sobre emotivismo y polarización social.

La Iglesia debe estar presente en la vida pública sin caer en instrumentalizaciones ideológicas, dijo Argüello.
El arzobispo de Valladolid y presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Luis Argüello, inauguró este lunes 20 de abril la 129ª Asamblea Plenaria. Tras el discurso del presidente, el nuncio Piero Pioppo dirigió su primer saludo a la Plenaria desde su nombramiento, en septiembre de 2025.
El discurso de Argüello estuvo centrado en temas como la visita del Papa a España, el próximo mes de junio, y otros como "las emociones" y la última nota doctrinal de la CEE sobre esta cuestión, o la relación entre Iglesia-Estado. Puedes leer aquí la intervención completa de Luis Argüello.
Reducir la fe a una emoción
Para Argüello, la Nota doctrinal Cor ad cor loquitur aborda el papel de las emociones en la vida espiritual y en el acto de fe. Reconoce el valor del afecto en la experiencia humana y cristiana, especialmente en iniciativas de primer anuncio que han revitalizado la evangelización en contextos secularizados.
El documento, dice el cardenal, advierte sobre el riesgo del emotivismo, propio de la cultura postmoderna, que absolutiza los sentimientos y puede reducir la fe a impacto emocional. La Iglesia propone recuperar el sentido profundo del corazón, integrando afecto, razón y voluntad para que la experiencia emocional conduzca a una verdadera conversión y discipulado.
Argüello señaló que este emotivismo afecta también a nuevas formas de vida consagrada y a expresiones de religiosidad popular, donde pueden surgir liderazgos excesivamente afectivos o espiritualidades sentimentalistas. Por ello, se subraya la necesidad de acompañamiento y discernimiento pastoral.
En este apartado, el prelado analizó, además, cómo la polarización social tiene un fuerte componente afectivo: el rechazo al otro, la identificación emocional con el propio grupo, el miedo, la indignación moral y la deshumanización del adversario. La pérdida de vínculos y la lógica de "bandos" impiden el diálogo y alimentan la división.
En el apartado sobre "ideologías", Argüello afirmó que, en un contexto emotivista, éstas afectan también a la vida eclesial. En una audiencia con el Papa, dijo, surgió la preocupación por la "ideologización de la fe", que puede distorsionar la misión de la Iglesia. Las ideologías convierten ideas legítimas en identidades rígidas al servicio del poder, generando división.
Y ofreció ejemplos concretos: los estudios de género, necesarios para afirmar la dignidad de hombres y mujeres, pueden derivar en ideologías que niegan la diferencia sexual; la reacción contraria puede negar la dimensión cultural de la sexualidad o dificultar el acompañamiento pastoral. En ambos casos, la polarización impide un discernimiento equilibrado.
También abordó la tensión entre la privatización de la fe y la tentación neoconfesional. La Iglesia debe estar presente en la vida pública sin caer en instrumentalizaciones ideológicas. La polarización política convierte la vida pública en un combate cultural, pero el verdadero combate cristiano es espiritual y se libra en el corazón, no contra personas o grupos.
En el apartado relación Iglesia-Estado, el cardenal defendió que la Iglesia mantiene relaciones con todas las administraciones, aunque la relación con el Gobierno central tiene mayor visibilidad. Afirma que, pese a la aconfesionalidad del Estado, el Gobierno adopta posiciones "confesionales" en cuestiones antropológicas (vida, familia, sexualidad) y muestra tendencia a intervenir en la sociedad civil, controlar instituciones y medios, con criterios ideológicos.
Aun reconociendo que estas dinámicas pueden darse en muchos gobiernos, la Iglesia, dijo el cardenal, reafirma su voluntad de colaborar de manera respetuosa y crítica. En los últimos meses se han tratado temas como inmigración, vivienda y educación, pero el Gobierno ha centrado su interés en los abusos a menores en la Iglesia y en la resignificación del Valle de Cuelgamuros. Argüello reconoce, no obstante, la buena colaboración en la preparación del viaje del Papa.
El presidente de los obispos explicó, también, por qué se ha llegado a un acuerdo con el Gobierno sobre la reparación integral de víctimas: lleva años trabajando en prevención, formación y regulación canónica, y quiere situar a las víctimas en el centro. Se impulsa un decreto general sobre sanciones y se mantiene un Plan de Reparación con una comisión asesora. La colaboración con el Defensor del Pueblo busca ampliar vías de reparación, incluso cuando los delitos han prescrito o el agresor ha fallecido.
La Iglesia expresa inquietud por la insistencia del Gobierno en ignorar reparaciones ya realizadas y reducir todo a indemnizaciones económicas. Se rechaza la idea de que "el Gobierno decide y la Iglesia paga", recordando que muchas diócesis ya han indemnizado y acompañado a víctimas sin imposición externa. Aun así, se reconoce que debe seguir mejorando y pide la misericordia de Dios como verdadera fuente de reparación.
España
Los obispos alertan de un «reduccionismo emotivista de la fe» y ofrecen algún criterio de actuación
Religión en Libertad
En el discurso de Argüello, se invitó al Gobierno y a los monjes del Valle a alcanzar un acuerdo razonable que muestre que es posible superar la polarización. El apartado concluye afirmando que la Iglesia está llamada a avanzar en una presencia humilde pero decidida en la sociedad, ofreciendo anuncio, testimonio y acción que renueven la vida social desde una catolicidad integradora.
Primer discurso del nuevo nuncio
Siendo la cualidad de mi misión como Nuncio Apostólico sub umbra Petri, no les hablaré de mí, sino de quien represento: el Santo Padre. Les transmito a todos ustedes su saludo y bendición. Para mí, la preparación de su Viaje Apostólico a España, desde el día 6 al 12 del mes de junio próximo, se ha convertido, ya nada más llegar, en el honor de mi primera tarea. Les aseguro, queridos hermanos, que los acompaño con ilusión y empeño en la preparación del evento. Les doy las gracias, en nombre también del Papa, por la disponibilidad y por los medios, puestos ya en funcionamiento, y que auguran un encuentro fructuoso. Les confieso que, en todos los pasos, me he sentido muy respaldado, apoyado, y bien acogido. Ante esta Asamblea, me honra mencionar la satisfacción mutua en la visita de Sus Majestades los Reyes a Su Santidad, el pasado 20 de marzo. Los monarcas llevaron al Pontífice el deseo de todos por su presencia en España. Sé bien que al Papa se le quiere. Se le quiere por las todas partes. Veo que España ama al Papa. Quiero también agradecer el trabajo que, con meticuloso cuidado, va desarrollándose por parte de las personas al servicio de la Conferencia Episcopal Española y del Arzobispado de Madrid y de Barcelona, de los Obispados del Archipiélago Canario, de las Instituciones del Estado, y de la segura colaboración de voluntarios para contribuir, todos juntos, al éxito de la visita.
La presencia del Papa, su palabra como sucesor de Pedro, viene a confirmar en la fe y ayudar en su misión a este episcopado, que se esfuerza por impregnar de Evangelio la sociedad en la presente etapa. El Papa León XIV, en la escuela de San Agustín, recuerda en sus palabras y actitud con realismo armónico, que la fidelidad a la propia identidad genera futuro. La Iglesia en España seguirá siendo fuente crucial ante los desafíos, siguiendo fiel el paso de la historia, que le une a los demás pueblos. España forma parte del viejo continente que trazó, con las pisadas de sus sandalias, el Camino compostelano. Y, no solo Europa, procelando los mares, otros muchos pueblos, como bien conoce el nuevo Papa León XIV. Otro Pontífice que procede del continente de las Américas, después del recordado y amado Papa Francisco, del que mañana, 21 de abril, agradecidos al Señor por su ejemplo de pastor universal de la Iglesia, conmemoramos el primer aniversario de su piadoso tránsito.
Todos sabemos que León XIV es parte y testigo de la herencia hispana. El nuevo Papa conoce España, no solo por sus visitas como Prior General de la Orden de San Agustín, sino por la participación en la herencia hispana integrada en su ascendencia, asumida por significativa presencia de gentes en el entorno geográfico que le vio nacer en Illinois (Chicago) y, sobre todo, como agente evangelizador enamorado de Perú. El ya próximo 8 de mayo, verá cumplido el primer año de Pontificado. El Papa, que pasó a dirigirse en perfecto español al saludar a todos los fieles, es testigo directo del crecimiento de las semillas de la fe portadas por España, y de la cultura de una comunidad sensible a los vínculos y valores que ayudan a unir a la nación amada en el compromiso por el bien común, protegido e integrado en la familia, base de la comunidad humana y humanizadora, que ama y respeta íntegramente la vida, don de Dios.
En la historia, España, fiel a sus raíces cristianas, nunca se ha encerrado en sí misma. Siempre abierta al diálogo y a la colaboración con los demás pueblos de la tierra; consciente de estar llamada a ser faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo, al servicio de la paz y solidaridad entre los pueblos. El Papa León XIV, que, constantemente resalta la centralidad de Nuestro Señor Jesucristo, nos recuerda que no estamos solos en el camino de la vida. “Poneos en camino” (Lc 10,3), es el lema de la línea del nuevo plan pastoral para la singladura 2025-2030. Con sus preciosas orientaciones, el Papa animará el puesto providencial que tiene la Iglesia en España, profundizando en su identidad como Iglesia que, respondiendo a la llamada del Señor, supera con confianza los cansancios del camino y se esfuerza por hallar, en la oración personal y comunitaria, los medios para el anuncio y la trasmisión de la fe a los más jóvenes, y el fomento de las vocaciones sacerdotales y a la vida consagrada.
Como he podido constatar en estos, mis primeros meses, el Papa verá una Iglesia viva que, a través de sus numerosas obras, actividades, estructuras y, sobre todo, gracias a su dedicado personal, es capaz de ofrecer a todos los hermanos, no solo palabras de aliento, sino una ayuda eficaz que les levanta el ánimo, y les da esperanza al afrontar los desafíos que siempre acompañan el camino de la vida, haciéndoles reconocer su dignidad y el amor que Dios les tiene.
Fraternalmente, los animo entonces a que, actuando con los sentimientos de amor del mismo Cristo Jesús, sean Pastores entregados al ministerio de unidad y guías en el anuncio del Evangelio, en la celebración cuidada y digna de los sacramentos, y del testimonio concreto de la caridad en la sociedad en que nos toca vivir.
En la presente Asamblea Plenaria que inauguramos, tendrán ocasión de tratar la Visita del Santo Padre, acontecimiento que, si bien, se limita a Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, implica a las diócesis en su conjunto, pues, en el trayecto, dichos lugares retratan los rasgos de la historia común. Una historia que se remonta al inicio de la primera extensión del evangelio protagonizado por los Apóstoles y que tuvo la fortaleza y el cuidado materno de Nuestra Señora en el Pilar. A Ella encomiendo mis pasos entre ustedes, Sres. Obispos, y los trabajos de la Asamblea que comienza para que, a su vez, cooperen al propósito del Santo Padre al invitar a la Iglesia que aquí peregrina en su esperada Visita: ¡Alzad la mirada! Sí, levantemos nuestras miradas y nuestros corazones a Cristo Resucitado. Fijos en Él, seguimos adelante in nomine Domini.
¡Muchas gracias!