León XIV da pautas sobre lo que Jesús nos quita, nos da, nos pide, nos enseña... y cómo aprenderlo
Las orientaciones del Papa a la Iglesia angoleña pueden extenderse a cualquier fiel o comunidad de fieles.

León XIV mantuvo este lunes un encuentro con los principales representantes de la Iglesia angoleña.
El último acto relevante de León XIV en Angola fue el encuentro con obispos, sacerdotes, consagrados, consagradas y agentes de pastoral que tuvo lugar en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima de Luanda.
Fue el colofón de una intensa jornada que le llevó a Saurimo, al este de la capital, donde visitó una residencia de ancianos y celebró misa ante más de 60.000 fieles.
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Este martes parte por la mañana para Guinea Ecuatorial, pero en la tarde anterior tuvo lugar el importante evento de escuchar a la Iglesia angoleña y orientar a sus principales responsables, encabezados por los obispos.
El presidente de la conferencia episcopal y obispo de Luanda, José Manuel Imbamba, así como un sacerdote, un catequista y dos monjas, le transmitieron cómo es la vida de evangelización y misión que llevan y, a modo de respuesta, el Papa detalló en su discurso algunas pautas de comportamiento que sirven también en cualquier diócesis o en cualquier comunidad religiosa del mundo.
De hecho, en Angola "la labor de evangelización" está contribuyendo "al progreso de esta nación sobre los cimientos sólidos de la reconciliación y la paz" con "el anuncio de la fe" y "el servicio de la caridad".
¿Qué mensaje les transmitió el Papa para continuar esa labor? "Abrirle nuestro corazón por completo a Cristo", dijo. Y ofreció pautas concretas para hacerlo.

El Papa, con cientos de representantes de la evangelización en Angola.
Lo que Jesús nos quita
Hay "la tentación de pensar que Él venga a quitar[nos] algo", y frente a esa tentación hay que "dejarle tomar las riendas de [nuestra] vida".
En particular lo dijo a los jóvenes de los seminarios y casas de formación, invitándoles a "moldear íntegramente su vida según la suya [la de Cristo]".
Por que Él "no nos quita nada", salvo una cosa: "Lo único que nos quita y toma sobre sí es el pecado". Todo lo demás lo han recibido esos seminaristas, desde la tierra y la familia donde nacieron al bautismo o la vocación.
Lo que Jesús nos da
Además de quitarnos el pecado (la finalidad de la Redención), el Señor ¿qué nos da? "El Señor", responde el Papa, "les concede la alegría de ser sus discípulos misioneros, la fuerza para vencer las asechanzas del maligno, la esperanza en la vida eterna. Todo esto es de ustedes, todo esto es un don. Un don que los ennoblece y hace grandes, que los compromete y los vuelve responsables".
Pero el don más grande es otro: "El don más grande es el Espíritu Santo que, derramado en sus corazones en el Bautismo, con miras a la misión, los ha conformado de manera especial a Cristo, quien los ha enviado para que, a partir del Evangelio, edifiquen una sociedad angoleña libre, reconciliada, hermosa y grande".

León XIV se inclina devotamente ante la Virgen de Fátima entronizada en esta parroquia angoleña, un país de arraigada evangelización de origen portugués.
"¡Cuán importante es, en esta misión, el ministerio de los catequistas!", añadió, que si en África son "una expresión fundamental de la vida de la Iglesia", además pueden ser "fuente de inspiración para las comunidades católicas de todo el mundo".
Lo que Jesús nos pide
Explicado lo que nos quita y nos da, el Papa explicó también lo que nos pide: obrar "según la ley de la caridad".
"En la base de su actuar está el ser discípulos de Jesús", dijo a quienes le escuchaban, que son los que marcan las líneas directrices en diócesis, parroquias y congregaciones: "A todos ustedes les corresponde ser imagen suya y, en esta tarea, nadie puede sustituirlos. ¡En esto se encuentra su singularidad! Ustedes son la sal y la luz de esta tierra".
Y sintetizó en una frase interpeladora a los evangelizadores: "Sus gestos, sus palabras y sus acciones, al reflejar la caridad del Señor, construyen las comunidades desde dentro y edifican para la eternidad".
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"Lo que se pide a los discípulos de Cristo es que permanezcan estrechamente unidos a Él", sintetizó, y "el resto vendrá por sí solo".
Lo que Jesús nos enseña
Los caminos que "abre el Señor a la Iglesia" (el Papa añadió "en Angola", pero vale para cualquier otra ubicación) están encabezados por "la fidelidad a Cristo", y para eso valoró, además de la "coherencia de la vida" y "el anuncio de la Buena Nueva de la paz", algo que dijo que había que valorar: "La formación permanente".
¿Por qué? Porque en la escuela de Cristo "siempre hay mucho que aprender". En particular, destacó la "dimensión contemplativa de la formación permanente".
Porque esa formación para "conocer a Cristo" tiene cuatro columnas:
- "una buena formación inicial, con el acompañamiento personal de los formadores";
- "la adhesión a los programas de sus diócesis, congregaciones e institutos";
- "un estudio personal serio, para iluminar a los fieles que les han sido confiados, salvándolos sobre todo de la ilusión peligrosa de la superstición"; y
- "la unidad de la vida interior, el cuidado de nosotros mismos y del don de Dios que hemos recibido"... "sobre todo, [con] la oración de adoración y contemplación", porque "sin esta dimensión contemplativa, dejamos de ser coherentes con el Evangelio y de reflejar el poder de la Resurrección".
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Cómo aprender lo que Jesús nos enseña
Aprender lo que Jesús nos enseña implica aplicarlo en nuestra vida: "La fidelidad de Cristo, que nos amó hasta el extremo, es el verdadero motor de nuestra fidelidad".
Y eso tiene un camino: esa fidelidad "se hace accesible gracias a la unidad de los presbíteros con su obispo y con sus hermanos del presbiterio, y de los consagrados y consagradas con su propio superior y entre ellos mismos".
Esa fraternidad, exige "franqueza y transparencia" y no ceder "a la prepotencia ni a la autorreferencialidad", además de no alejarse del pueblo ("especialmente de los pobres") y huir "de la búsqueda de privilegios".
Para esa "fidelidad" y esa "misión", y para aprender a cumplir bien ambas, "la familia sacerdotal o religiosa es indispensable, pero también lo es la familia en la que nacimos y crecimos", remató ya cerca del final:
- "La Iglesia tiene en gran estima la institución familiar, enseñando que el hogar es el lugar de santificación de todos sus miembros... Los exhorto a que siempre los ayuden a permanecer fieles al Evangelio, a no buscar ventajas personales en su servicio eclesial. Que los apoyen con su oración y les infundan entusiasmo con los buenos consejos de un padre y una madre, para que sean santos y nunca olviden que, a imagen de Jesús, son servidores de todos".