Cuando los jesuitas Broncos de Santa Clara volvieron a la élite NCAA: fe, historia y el legado Nash
La universidad jesuita, la más antigua de California, regresó a la élite del baloncesto en las pasadas finales universitarias en EE.UU.

Steve Nash llegaría a ser dos veces MVP de la NBA (2005, 2006).
Las finales del campeonato universitario de baloncesto de la NCAA es, sin duda, el torneo que más apasiona en los Estados Unidos. Michigan es el reciente campeón, donde ha jugado el primer español campeón de este torneo, Aday Mara.
El campeonato involucra a más de 300 universidades. Un gran escaparate para el talento joven del baloncesto y una competición donde los héroes de hoy no necesariamente se convertirán en jugadores de baloncesto mañana, sino quizás en grandes médicos, ingenieros o abogados.
Una verdadero misión
Pero, lo que sí se ha demostrado este año es la valía de las universidades católicas: la edición de 2026 contó con doce equipos en el sorteo, siete masculinos y cinco femeninos. De hecho, la historia de la NCAA siempre nos recuerda que hubo un tiempo en que el baloncesto era una verdadera misión.
Desde el siglo XIX, agustinos, maristas y jesuitas han promovido este deporte en sus universidades. El baloncesto ha demostrado ser una herramienta formidable para la evangelización y la integración: para miles de inmigrantes de Europa, pero también para los propios afroamericanos.

Una de las estrellas actuales de los Broncos de Santa Clara.
Si nos fijamos en el palmarés de los últimos diez años, destacan dos títulos para los Villanova Wildcats, la universidad agustina donde se graduó el Papa León XIV. Este año, sin embargo, marca el regreso, tras treinta años, de los Santa Clara Broncos, la universidad más antigua de California.
Fundada en 1851 por los misioneros de la Compañía de Jesús, la universidad siempre ha considerado el deporte (se practican alrededor de veinte disciplinas) como parte integral del camino educativo. Los rojiblancos no habían llegado a la ronda final de la NCAA desde 1996, cuando un chico destinado a cambiar el baloncesto moderno estaba en la cancha: Steve Nash.
La mítica estrella nació en 1974 en Johannesburgo, Sudáfrica, pero sus padres británicos, cansados del apartheid, se mudaron a Canadá después de unos años. Allí, el joven Steve practicó de todo, desde hockey sobre hielo hasta fútbol, antes de que su pasión por el baloncesto se apoderara de él.
El joven tenía talento, pero a pesar de que su entrenador de la escuela envió cartas y vídeos de sus mejores jugadas a más de 30 universidades estadounidenses, Nash no fue admitido por ninguna.
Solo Santa Clara, con su entrenador Dick Davey, vio su potencial, rezando para que nadie más lo fichara: "No hacía falta ser un premio Nobel para darse cuenta de que este chico era bastante bueno. Era solo cuestión de esperar que ninguno de los grandes nombres se interesara por él".
La universidad jesuita le ofreció una beca. Nash lideraría a los Broncos durante cuatro años, de 1992 a 1996, llevándolos a la final del campeonato tres veces y realizando hazañas memorables (como contra Arizona).
En la cancha, desplegó un repertorio mágico que lo convertiría en un ícono de la NBA: más de 17.000 puntos y más de 10.000 asistencias en su carrera lo consolidaron como uno de los mejores bases de todos los tiempos.
Se retiró a los 41 años tras iluminar las canchas estadounidenses con su brillante visión de juego. Un director de orquesta con una estatura normal (191 cm) pero con dones excepcionales de creatividad e improvisación. Alguien que siempre parecía disfrutar en la cancha.
Fue el artífice de la revolución de los Phoenix Suns de Mike d'Antoni, donde la filosofía ofensiva y espectacular de "Siete segundos o menos" transformó el baloncesto moderno, dejando una huella imborrable. Dos veces MVP de la NBA (2005, 2006), al ser incluido en el Salón de la Fama, Nash dedicó palabras de elogio a Santa Clara y a su entrenador.
Hoy, a sus 52 años, se emociona al ver a sus Broncos después de treinta años. Incluso confesó que aún mantiene un chat grupal con sus compañeros de entonces: "Estamos agradecidos de haber vivido esa época. Nuestra amistad, que ha perdurado, fue fundamental para nuestro éxito. Teníamos un gran espíritu, una gran comprensión y un fuerte sentido de hermandad".
Generoso y desinteresado, sus entrenadores siempre lo criticaban por lanzar poco en comparación con sus excelentes porcentajes. Un entrenador incluso lo amenazó con multarlo si no lanzaba lo suficiente. Las estadísticas indican que habría logrado muchos más récords individuales. Pero nunca se arrepintió: "Mi forma de jugar era para servir a mis compañeros, me gustaba buscar espacios, ser creativo y hacer que el juego fuera divertido para ellos".
Nash se graduó en Sociología por la Universidad de Santa Clara en 1996, una experiencia que, según él, le abrió los ojos al mundo. Tras su retirada, fundó la Fundación Steve Nash para ayudar y brindar esperanza, especialmente a niños desfavorecidos.
Es significativo que, a pesar de no haber ganado nunca un título de la NBA, dejara una huella imborrable. Inspirándose en su formación, demostró un baloncesto con alma: basado en el pase, las relaciones y la capacidad de inspirar a quienes lo rodean. Una lección que también es válida para la vida. Hay otra forma de jugar y ganar, afirma Nash.