Religión en Libertad

Un fraile libanés será beatificado por la curación milagrosa de una mujer en silla de ruedas

La Santa Sede ha publicado los decretos por los que serán beatificados dos frailes y se reconocen las virtudes heroicas de otros dos sacerdotes y un laico.

Béchara Abou-Mourad, fraile libanés, será beatificado por la curación milagrosa de una mujer que rezó pidiendo su intercesión.

Béchara Abou-Mourad, fraile libanés, será beatificado por la curación milagrosa de una mujer que rezó pidiendo su intercesión.

Redacción REL
Publicado por

Creado:

Actualizado:

El Papa ha autorizado la promulgación de decretos del Dicasterio para las Causas de los Santos por las que se beatificará del fraile libanés Béchara Abou-Mourad y del fraile francés Gabriele Maria. Además, se han reconocido las virtudes heroicas del sacerdote italiano Francesco Lombardo, el fraile indio Teófano y del laico italiano Fausto Gei, y cuyas historias recoge Vatican News.

Béchara Abou-Mourad, sacerdote libanés y miembro de la Orden Basiliana del Santísimo Salvador de los Melquitas, será beatificado por la curación milagrosa, atribuida a su intercesión, de una mujer en silla de ruedas. Nacido como Selim, el futuro beato Béchara Abou-Mourad nació en Zahlé, Líbano, el 19 de mayo de 1853. Desde muy joven sintió vocación por el sacerdocio y la vida religiosa, ingresando en el Monasterio Basiliano del Santísimo Salvador en Saida.

Fue ordenado sacerdote el 26 de diciembre de 1883, fue nombrado Maestro de Disciplina en el Seminario Menor Basiliano y posteriormente enviado a Deir el-Qumar para ejercer la pastoral. Allí, a falta de iglesia, celebró misa en los hogares de los fieles y, con el apoyo del obispo local y la ayuda del pueblo y de benefactores, logró construir una iglesia. También fundó una sociedad privada de beneficencia y se distinguió por su gran caridad, su celo apostólico y su intensa espiritualidad. En 1922, debido a su avanzada edad y precaria salud, fue trasladado a la Catedral Melquita de Säidā, donde continuó su servicio pastoral como confesor, ofreciendo apoyo espiritual a la gente. Pasó los últimos años de su vida en el Convento de San Salvador, donde falleció el 22 de febrero de 1930.

A su intercesión se le atribuyó el milagro de la curación de una mujer confinada a una silla de ruedas debido a su dificultad para caminar. Todo comenzó en 1983, cuando a la mujer le diagnosticaron artrosis con espondilolistesis y hernias avanzadas de cuarto grado en la rodilla derecha. En 2009, encontró por casualidad una breve biografía del Padre Béchara Abou-Mourad y, recordando haber oído hablar de las curaciones realizadas por su intercesión durante su vida, durante una noche de dolor, la mujer dirigió sus oraciones al sacerdote. Confiando en su mediación, al día siguiente comenzó a caminar sin ayuda alguna y sin sentir dolor hasta llevar una vida “perfectamente sana”.

Por su parte, el fraile francés, Gabriele Maria, nacido Gilbert Nicolas, será también beato. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, aunque se presume que fue alrededor de 1460, cerca de la ciudad francesa de Riom. Tras recibir una sólida educación cristiana, desarrolló una profunda devoción mariana, y un día, al escuchar un sermón sobre la Inmaculada Concepción, se inspiró para entrar en la vida consagrada. Ingresó en los Frailes Menores Observantes del convento de Notre-Dame de Lafond y, tras ser ordenado sacerdote, sus superiores le asignaron la enseñanza de teología moral a los jóvenes hermanos, cargo que ocupó durante casi veinte años. Un momento particularmente importante en su vida fue su encuentro con Juana de Valois, la esposa repudiada del rey Luis XII de Francia (beatificada por Benedicto XIV en 1742 y canonizada por Pío XII en 1950).

El monje se convirtió en su confidente y director espiritual, y junto a ella, en 1501, fundó la Orden de la Anunciación de la Santísima Virgen María y redactó sus Reglas. Durante aproximadamente treinta años, dirigió la nueva familia religiosa como superior general, expandiéndose gradualmente a Bélgica, Países Bajos, Inglaterra y España. Entre 1511 y 1514, la Orden de los Frailes Menores de la Observancia, a la que pertenecía, le confió tareas de gobierno

En los años siguientes, en medio del delicado contexto de acalorados debates dentro de la familia franciscana, el fraile publicó un comentario sobre la Regla de San Francisco, demostrando un considerable conocimiento teológico y canónico, y continuó ocupando importantes cargos dentro de su Orden. Murió el 27 de agosto de 1532 en el monasterio de Rodez. Hombre culto y polifacético, particularmente devoto de la Virgen María, con paciencia y perseverancia impulsó significativamente el crecimiento de la espiritualidad de la familia franciscana. Fue un predicador convincente e, impulsado por una gran caridad, vivió en la pobreza, abandonándose con confianza a la voluntad de Dios. Guio a quienes acudieron a él con sabiduría e integridad, sin mostrar jamás parcialidad, y en sus puestos de responsabilidad siempre buscó el bienestar espiritual de sus hermanos y de las monjas de la Anunciación. Inmediatamente después de su muerte, se desarrolló un culto espontáneo en torno a él, que ha crecido a lo largo de los siglos, y se han atribuido varios milagros a su intercesión.

Francesco Lombardi nació el 24 de febrero de 1851 en Terzorio, Italia. Manifestó tempranamente su vocación sacerdotal y en 1864 fue recibido en el Monasterio de Santa Escolástica en Subiaco, donde permaneció hasta 1867, cuando regresó a casa por problemas de salud. A pesar de ello, continuó sus estudios eclesiásticos y fue ordenado sacerdote el 19 de agosto de 1874.

Trabajó por difundir la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y se convirtió en guía e inspiración para muchos fieles. Su apoyo fue incondicional, especialmente cuando el devastador terremoto del 23 de febrero de 1887, que azotó la ciudad durante la celebración de la Misa del Miércoles de Ceniza, causó la muerte de 54 personas y destruyó la iglesia y parte del pueblo. El sacerdote trabajó para construir un santuario dedicado al Sagrado Corazón en el lugar de la antigua iglesia, que con el tiempo se convirtió en un destino de peregrinaciones y un centro de espiritualidad.

También estableció varios proyectos sociales, incluyendo una guardería, un taller para mujeres jóvenes, un albergue para ancianos y un orfanato. A raíz de la encíclica social de León XIII, Rerum Novarum, promovió una Sociedad de Socorros Mutuos Obreros, junto con un banco rural. En 1902, fundó una imprenta para publicar una revista dedicada al Sagrado Corazón y continuó su apostolado de diversas maneras. Murió en Bussana el 13 de febrero de 1922. Rezaba mucho y dedicaba tiempo a la adoración eucarística. Rezaba el Rosario con frecuencia, incluso mientras caminaba por la calle, e instaba a los fieles a cultivar la oración. Promovió diversas iniciativas pastorales, entre ellas el apostolado de la oración, los Martes Eucarísticos y los ejercicios espirituales.

Teófano nació en la región india de Kerala el 20 de julio de 1913, en Kottapuram, y fue bautizado con el nombre de Miguel. Recibió una sólida educación cristiana en casa y en 1929 ingresó en el seminario menor diocesano de la Arquidiócesis de Verapoly. Tras profundizar en el carisma y la espiritualidad de san Francisco de Asís, atraído por la vida religiosa franciscana, decidió ingresar en el convento capuchino de Farangipet y el 31 de octubre de 1933 vistió el hábito franciscano, tomando el nombre de Teófano. Ordenado sacerdote el 20 de abril de 1941, fue director de postulantes, párroco de la capilla y miembro del grupo de retiro misionero capuchino en Kollam. En 1947, fue nombrado guardián del Convento del Sagrado Corazón en Kunnam y posteriormente párroco, primero en Tiruchirapalli y luego, hasta 1958, en Kotagiri, donde también impartió clases de Sagrada Escritura y homilética en el Seminario Teológico Capuchino local. Capellán de varias congregaciones religiosas femeninas, se dedicó a numerosas actividades pastorales y de ayuda social entre las castas indias. Trasladado a Ponnurummi, construyó un convento dedicado a San Buenaventura, junto con una iglesia y un seminario para vocaciones capuchinas.

Falleció el 4 de abril de 1968 en Ernakulam. Considerado uno de los predicadores capuchinos más estimados de la época, fue considerado un sacerdote santo, apreciado por su humildad y su apertura a los necesitados y los menos afortunados. Vivió intensamente el espíritu de pobreza de San Francisco de Asís, acogiendo con caridad fraterna y generosidad a todos los que se acercaban a él, tanto laicos como religiosos, ofreciéndoles consuelo espiritual y material. Como profesor, siempre estuvo atento y disponible para aclarar las perplejidades y dudas de sus alumnos. Recibió dones espirituales de Dios y, en cierto modo, algunos lo compararon con el Padre Pío de Pietrelcina, especialmente por su forma de acoger y orar por quienes acudían a él. Su fama de santidad, ya muy extendida en vida, se fortaleció aún más tras su muerte.

También venerable, Fausto Gei nació en Brescia el 24 de marzo de 1927. De familia católica, asistió al Oratorio de la Paz, dirigido por los Padres Filipinos, entre ellos el padre Carlo Manziana, futuro arzobispo de Crema, quien se convirtió en su director espiritual. El joven Fausto pronto desarrolló una fuerte sensibilidad social y cívica, y en marzo de 1945, acusado de participar en actividades antifascistas, fue encarcelado durante varios días junto con un sacerdote y otros jóvenes. Tras la guerra, completó sus estudios de bachillerato y en 1946 se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Pavía. Poco después, le diagnosticaron esclerosis múltiple y, debido a la pérdida del uso de sus piernas, se vio obligado a abandonar sus estudios. Tras un período inicial de intensa agitación interior, aceptó su condición, decidido a vivirla como un apostolado en la Iglesia y en el mundo.

A medida que la enfermedad avanzaba, perdió gradualmente el uso de las manos y luego el habla. Conoció a Luigi Novarese, se unió al Movimiento de Voluntarios del Sufrimiento, fundado por él mismo, y se convirtió en el líder diocesano de la diócesis de Brescia. En 1962, también se unió a la Asociación de Obreros Silenciosos de la Cruz, también fundada por Novarese, y la promovió en la diócesis, profesando anualmente los consejos evangélicos, de acuerdo con sus estatutos. Fausto también trabajó por la evangelización de los enfermos, buscando apoyar a quienes sufrían en su fe y animándolos a participar activamente en la vida de la Iglesia. Lo hizo mediante el "apostolado de la pluma", manteniendo una estrecha red de correspondencia con muchos enfermos y trabajando incansablemente para asegurar que hubiera sacerdotes dedicados al cuidado espiritual de los enfermos. Sus condiciones de vida empeoraron debido a un edema pulmonar. Falleció el 28 de marzo de 1968. Fausto Gei fue un ferviente testigo del Evangelio a pesar de la enfermedad física que marcó su vida, la cual transformó en una oportunidad para ayudar a los demás, especialmente a quienes experimentaban su mismo sufrimiento. Gracias a su compromiso, también sensibilizó a las autoridades civiles y religiosas sobre las verdaderas necesidades de los enfermos y sus familias. Devoto de la Virgen, la invocaba a diario con el rezo del Rosario, que consideraba un «arma indispensable para superar el sufrimiento» llevando la cruz con fe.

Comentarios

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente

tracking