El Papa, en una liturgia que no presidió: «Mi ministerio como obispo de Roma es preservar la unidad»
León XIV habló al término de la Divina Liturgia celebrada en la iglesia patriarcal ortodoxa de San Jorge en Estambul.

Al final de la Divina Liturgia, León XIV y Bartolomé I impartieron la bendición a los fieles congregados fuera del templo. El Papa lo hizo en latín.
León XIV asistió este domingo, en la catedral de San Jorge en Estambul, a una solemne Divina Liturgia (equivalente a la Santa Misa en los ritos latinos) que presidió el patriarca Bartolomé. Se vio pues la inusual imagen del Papa en un lugar y trono no principales en el templo, desde los cuales presenció los ritos oficiados por los sacerdotes ortodoxos.

León XIV escucha las palabras de Bartolomé durante la divina liturgia en la iglesia patriarcal de San Jorge en Estambul.
Como era natural en ese contexto, y según ha sido la orientación del viaje a Turquía que finaliza este domingo, el ecumenismo centró las palabras que dijo el Papa a la conclusión de la ceremonia litúrgica, en la que se conmemoró al apóstol San Andrés, que fue quien evangelizó por primera vez la ciudad de Estambul, la antigua Constantinopla y Bizancio.
La fe Andrés "es la nuestra", recalcó: "La misma que han definido los Concilios ecuménicos y que hoy profesa la Iglesia" en un Credo Niceno-Constantinopolitano que "nos une en una comunión real y nos permite reconocernos como hermanos y hermanas".
León XIV no ocultó que "sigue habiendo obstáculos que nos impiden estar en plena comunión", pero se felicitó por el gesto del Papa Pablo VI y el Patriarca Atenágoras hace sesenta años, cuando "declararon solemnemente que las desafortunadas decisiones y los tristes acontecimientos que llevaron a las recíprocas excomuniones del año 1054 debían ser borrados de la memoria de la Iglesia".

León XIV, en un momento de la divina liturgia ortodoxa en la iglesia de San Jorge.
Esto abrió "un camino de reconciliación, de paz y de creciente comunión entre católicos y ortodoxos" y un "prometedor diálogo teológico... Hoy, estamos llamados a comprometernos más hacia la restauración de la plena comunión".
A la luz de estos principios, León XIV expresó cómo ve su propia labor en ese camino: "En continuidad con lo enseñado por el Concilio Vaticano II y por mis predecesores, buscar la plena comunión entre todos los que están bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el respeto de las legítimas diferencias, es una de las prioridades de la Iglesia católica y, de modo particular, de mi ministerio como Obispo de Roma, cuyo papel específico a nivel de Iglesia universal consiste en estar al servicio de todos para construir y preservar la comunión y la unidad".
- La Divina Liturgia ortodoxa a la que asistió el Papa, en un minuto y medio.
Tres desafíos
Pero, además de estas referencias teológicas y eclesiológicas, el Papa habló del "llamamiento" que el Espíritu Santo dirige hoy a católicos y ortodoxos para una respuesta común a tres desafíos.
- Primero, la paz. Ante un escenario de "sangrientos conflictos y violencia" en todo el mundo, hay que "actuar, de tomar decisiones y realizar signos que construyan la paz, sin olvidar que esta paz no es sólo fruto de un esfuerzo humano, sino don de Dios. Por eso, la paz se implora con la oración, con la penitencia, con la contemplación, con esa relación viva con el Señor que nos ayuda a discernir".
- Segundo, la "amenazadora crisis ecológica", que "requiere una conversión espiritual, personal y comunitaria, para cambiar de rumbo y salvaguardar la creación que Dios nos ha confiado".
- Tercero, las nuevas tecnologías, "especialmente en el ámbito de la comunicación". Reiterando su mensaje habitual al hablar de inteligencia artificial, el Papa reivindicó "un uso responsable de ellas, al servicio del desarrollo integral de las personas, y una accesibilidad universal, para que tales beneficios no queden reservados a un pequeño número de personas y a los intereses de unos pocos privilegiados".
Por último, León XIV imploró la bendición de Dios sobre todos los presentes "invocando la intercesión del apóstol Andrés y de su hermano el apóstol Pedro, de San Jorge megalomártir, a quien está dedicada esta Iglesia, de los santos padres del Primer Concilio de Nicea, de los numerosos santos pastores de esta antigua y gloriosa Iglesia de Constantinopla".