Religión en Libertad

Así se prepara la gran crónica del viaje de León XIV a España

Cuatro vaticanistas explican cómo contar el viaje del Papa sin que el ruido mediático tape su mensaje, en un encuentro organizado por UCIPE y SIGNIS España y moderado por Josetxo Vera.

Encuentro de periodistas con periodistas, convocado por UCIPE y SIGNIS España, para compartir claves y experiencias ante la próxima visita del papa León XIV a España.

Encuentro de periodistas con periodistas, convocado por UCIPE y SIGNIS España, para compartir claves y experiencias ante la próxima visita del papa León XIV a España.

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La tarde antes de que muchos periodistas empiecen a cuadrar agendas, cables y directos para la visita de León XIV, cuatro vaticanistas de referencia –Cristina Cabrejas Giles (Agencia EFE), Eva Fernández (COPE–TRECE), Javier Martínez‑Brocal (ABC–laSexta) y Ángeles Conde Mir (Ecclesia–Rome Reports)– se sentaron, literalmente, “de periodistas a periodistas”, para hablar de lo que casi nunca se cuenta: cómo se prepara una cobertura papal para que no se pierda lo esencial.  Y lo que ellos dijeron no solo sirve a redactores y cámaras: puede ayudar también a cualquier católico a mirar el viaje del Papa a España con más fe, más inteligencia y menos ruido.

No era un acto de cara a la galería, sino un diálogo sincero, con ejemplos concretos, emitido por YouTube y organizado por UCIPE y SIGNIS España, con la moderación de Josetxo Vera, director de comunicación de la CEE y consiliario de UCIPE.

Ver el viaje “desde la periferia”

Eva Fernández abrió el encuentro con una idea que vale tanto para periodistas como para cualquier católico que quiera seguir el viaje desde casa: hay que aprender a mirar “desde la periferia”. Por muy bien colocado que esté uno en un acto papal, siempre habrá gestos y escenas que se escapen: el niño que corre paralelo al papamóvil en Angola, el comentario improvisado a alguien al pie de la escalerilla, la mirada cruzada con un preso anónimo.

De ahí su insistencia en las “fuentes periféricas”: compañeros que siguen la señal de televisión mientras otros van de acto en acto, sacerdotes o laicos que viajan cerca del Papa y captan planos imposibles para los medios, equipos de Vatican News que a veces publican, horas después, la imagen que faltaba para completar el relato. Un solo detalle, bien visto y bien contado, puede convertir una crónica correcta en algo que ayude a muchos a rezar, a agradecer o a convertirse.

Cristina Cabrejas completó la imagen con una metáfora muy gráfica: el fútbol se ve mejor desde el sillón de casa, pero se vive de otra manera en la grada. Seguir un viaje desde una redacción permite verlo todo por la tele, pero “respirar” el viaje empotrado en la comitiva papal te deja oler la lluvia en la cárcel de Bata, escuchar a los presos cantando pidiendo perdón, notar cómo se enciende la plaza cuando llega el Papa. Esa experiencia, luego, se traduce en matices y en humanidad que ninguna señal institucional puede sustituir.

«En un viaje papal, un solo gesto bien visto puede valer más que mil planos oficiales.»

León XIV, un Papa “diésel” y reconciliador

Javier Martínez‑Brocal introdujo dos advertencias muy prácticas: el avión papal casi siempre aterriza antes de la hora prevista (15–20 minutos), y el papamóvil avanza a velocidad de coche, no de procesión. Quien llegue tarde al puesto, sencillamente llega tarde. Pero lo más interesante para el lector no fue la logística, sino su descripción del estilo personal de León XIV.

Mientras que Francisco era muy directo y gestual, Martínez‑Brocal definió a León XIV como un Papa “diésel”: serio al principio, poco amigo de improvisaciones, muy atento a lo que se le dice, capaz de ir “entonándose” con el paso de las horas sin que ese arranque más frío deba confundirse con distancia. Lo que hay detrás, subrayaba, es libertad y escucha: un hombre que no quiere fingir cercanía barata, sino construir una relación auténtica con las personas y los pueblos, incluido el nuestro.

«León XIV no busca gestos fáciles: prefiere relaciones auténticas a la teatralidad de un día.»

Ángeles Conde insistió en que este estilo se entiende mejor por dónde va el Papa que solo por lo que dice. En África, por ejemplo, León XIV eligió lugares de guerra, de extracción minera o de sufrimiento extremo para “visualizar problemas” y responsabilizar al mundo, incluso cuando los discursos no contenían grandes frases llamativas. El mapa de las periferias que va trazando con sus pasos –y que ahora incluirá Madrid, Barcelona y Canarias– es parte sustancial del mensaje.

El “lado B” del viaje: vuelo, Nunciatura y salas de prensa

El encuentro dedicó buena parte de su tiempo a explicar lo que casi nunca aparece en titulares, pero condiciona toda la cobertura: el vuelo papal, la Nunciatura, las salas de prensa y los tiempos imposibles.

Cuando la Santa Sede publique la agenda definitiva, la Sala de Prensa abrirá un plazo muy breve para solicitar plaza en el avión papal. Solo pueden hacerlo medios acreditados en Roma, que deben presentar carta del director, pasaporte con validez suficiente y aceptar una condición clara: quien entra en el avión hace todo el viaje, desde Roma hasta Roma, sin billete “solo Madrid” o “solo Canarias”. Las ventajas son evidentes (la maleta va directa al hotel, la caravana oficial permite atravesar ciudades colapsadas, se llega a los actos con tiempo para hablar con la gente), pero el precio es alto: estrés constante, muchas horas de trabajo sin descanso y renuncia a algunas historias locales que pierden peso cuando el Papa pisa tierra.

La Nunciatura apostólica fue descrita por Cabrejas como un “microviaje dentro del viaje”: allí se concentran encuentros discretos con expresidentes, víctimas o colectivos que casi nunca figuran en la agenda pública. Muchas veces, los periodistas se enteran después por un breve correo del director de la Sala de Prensa y alguna foto; otras, solo si algún asistente decide contarlo. Ese “lado B” de la visita, casi escondido, puede ser clave para comprender los gestos más delicados de León XIV hacia España.

Cómo no desfigurar el mensaje del Papa

Una preocupación constante de los cuatro vaticanistas fue evitar que la visita de León XIV quede reducida al ruido ideológico o a la anécdota frívola. Martínez‑Brocal recordó que el Papa es, ante todo, un líder espiritual, y que sus palabras se mueven en horizontes de décadas, no de ciclos electorales. Por eso, advertía, es muy peligroso atar cada frase a la polémica local del momento: convertir un discurso sobre dignidad humana en munición para tertulias políticas o leer todo lo que diga en clave “a favor o en contra” de tal o cual partido.

«El Papa habla a España y al mundo con horizonte de décadas, no con la prisa de una tertulia política.»

Ángeles Conde puso un ejemplo reciente: en el viaje a África, muchos quisieron interpretar cualquier referencia a violencia, justicia o migraciones como un dardo a Donald Trump, hasta el punto de que León XIV tuvo que aclararlo en rueda de prensa. A veces, hay que aceptar lo evidente: el Papa está hablando de África cuando está en África, y hablará ante todo de España cuando esté en España, con una lectura interna para los católicos del país y otra más amplia para la vieja Europa.

Al mismo tiempo, identificaron dos claves de lectura de esta visita a España: confirmar a los católicos en su fe y poner en valor la tradición cristiana que ha dado forma a nuestra cultura, en un momento de fuerte polarización y cansancio espiritual. Aquí, la forma en que los medios cuenten el viaje puede ayudar o entorpecer mucho.

Preparar el corazón… y también la cabeza

En la ronda final, la conversación casi se convirtió en pequeña “catequesis” para periodistas, pero sus consejos sirven también para cualquier lector de este blog que quiera aprovechar el viaje.

Algunas pistas:

  • Conocer mínimamente quién es León XIV: leer algo de su biografía, sus primeros mensajes, su visión de Europa y de las periferias, para no tratarlo como un desconocido cuando pise Barajas.
  • Comprender el vocabulario cristiano: distinguir una misa de una vigilia, una homilía de un discurso, una adoración eucarística de un simple “momento de oración”, un rosario de “un collar de perlas con crucifijo”. Es un mínimo respeto a la realidad que se narra.
  • No llegar “de nuevas” al mundo León XIV: no sorprenderse de expresiones (“paz desarmada y desarmante”) que el Papa ya ha usado, sino verlas en continuidad.
  • Tener presente el contexto social y político de España, pero sin olvidar que el Papa viene a hablar a la sociedad española y, muy especialmente, a sus católicos, que necesitan ser confirmados.

Ángeles Conde recordaba con esperanza que, según datos recientes, ha crecido del 31 al 45 el porcentaje de jóvenes que se declaran católicos en España, signo de ese posible “resurgir” de la fe en la vieja Europa del que tantos hablan. La visita de León XIV puede cabalgar esa ola y darle forma, aunque quizá sus frutos no se vean inmediatamente, como sucedió con la JMJ de Madrid 2011.

Al despedir el encuentro, Josetxo Vera resumió, casi a modo de examen de conciencia profesional, las llamadas principales: la “visión periférica” de Eva, la atención al ambiente de la calle que subrayaba Cristina, la importancia de conocer bien al Papa que pedía Ángeles, y la invitación de Javier a evitar falsas expectativas y a respetar la agenda real del viaje. 

«Preparar el viaje del Papa es, para el cristiano, preparar la mirada: menos ruido, más deseo de escuchar a Dios.»

Para quienes seguiremos la visita desde España –sea con micrófono, teclado o rosario en la mano– es también un programa espiritual: mirar bien, escuchar más allá del ruido y dejar que Dios hable a través de lo que ocurra esos días. Tal vez el mejor modo de prepararse sea este: pedir la gracia de no perder ningún gesto de León XIV… y de dejar que el Señor nos hable personalmente a través de ellos.

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