Proyecto Maná: historias de superación personal... y de aprovechar alimentos
Proyecto Maná, de Cáritas, recupera alimentos que se iban a desechar y forma a personas en empresas de inserción; exitoso en 3 ciudades, va a crecer.

Jocelyn, de El Salvador, ha vivido circunstancias duras, pero en la cocina de Formació i Treball, Proyecto Maná, ha recuperado el control de su vida
El Proyecto Maná, de Cáritas Española, consiste en recuperar alimentos al mismo tiempo que generan empleos especiales, para personas en circunstancias especialmente complejas. Por un lado, tiene toda una red para recuperar comida que iba a ser tirada (en 2025 recuperó y dio buen uso a 250 toneladas de alimentos). Por otro lado, crea empleos de inserción.
Estos puestos laborales en empresas de inserción tienen un status especial: por ley, una persona solo puede estar hasta 3 años en un empleo de este tipo. De hecho, una empresa de inserción quiere que sus trabajadores lleguen a "volar solos". Algunos lo consiguen en seis meses, otros en un año, o más.
Estas empresas enseñan rutinas, hábitos y habilidades laborales a personas que a lo mejor nunca se sometieron a la disciplina de un trabajo. Pero también participan en ellas veteranos expulsados del mercado laboral. A la red de Economía Solidaria de Cáritas en España, dentro de la la iniciativa Iglesia Por el Trabajo Decente, acudieron 25.000 personas a sus procesos de intermediación laboral el año pasado. El 40% tenía más de 40 años.
Estos programas de inserción les ayudan a buscar trabajo. Cada uno tiene un acompañante que les orienta según su perfil. En el caso de la Fundación Formació i Treball, ligada a Cáritas, que gestiona Proyecto Maná en Cataluña (y otros muchos), les acompañan incluso cuando ya llevan un tiempo en el mercado laboral, hasta un año.
Historias de volver a empezar
Al visitar las instalaciones de Proyecto Maná en Sant Adrià del Besós (Barcelona), y sus restaurantes y cafeterías D'Ins, conocemos muchas historias de "volver a empezar", de recuperación personal.
Jordi García nos cuenta que cerró a los 59 años de edad su cafetería, que estaba cerca de la Sagrada Familia. Es un veterano, lleva toda una vida en la hostelería. Pero no había ofertas de trabajo para él, sólo tareas esporádicas. Considera que es, simplemente edadismo: no contratar a alguien por su edad. Ahora es camarero en el Restaurante D'Ins, de la Fundación Formació i Treball. No le importa el trabajo físico abundante, dice, porque se declara hiperactivo. "Lo que me cuesta es no trabajar", dice. Hablamos un rato de cosas espirituales. "Soy cristiano, me casé por la Iglesia, yo digo que veo a Dios en la bondad de cada uno. No voy a misa, no rezo con el Padrenuestro, como quien envia una carta, pero, no sé, quizá me rezo a mí mismo. Tengo curiosidad por esos temas. Veo el Tik Tok de Juan Manasa, un evangélico de 20 años que habla de Dios. Me interesan estas cosas". Tiene un hijo de 30 años y otro de 17. Y ve llegar jóvenes de todo tipo a las empresas de Proyecto Maná: "me recuerdan como era yo sin experiencia laboral ni de vida", dice.
A unos pasos del Restaurante D'Ins está el Campus universitario de la UPC del Besós, con su residencia Xior. Los estudiantes tienen vales especiales para su cafetería-restaurante D'Ins Xior, aunque cualquiera puede comer allí. La comida la consigue, prepara y sirve gente de D'Ins y Proyecto Maná.
"A veces se ponen a llorar y yo también lloro"
Allí hablamos con Aziza Rhadbane Ripoll, de 36 años, con padre marroquí y madre de Lérida. Tiene muchos tatuajes en los brazos, es muy expresiva y sonríe con ilusión. Es madre sola, todo lo orienta a poder atender a su hija de año y medio. Ha vivido cosas muy duras, un secuestro, malos tratos y problemas serios con la ley. Ha reestructurado su vida y hoy vive en una casa de acogida.
Lleva 4 meses trabajando en la cafetería de la Fundación, le gusta el ambiente y, sobre todo, el horario es adecuado. Sale a tiempo para ir a recoger a la niña, a 4 paradas de metro. Los clientes son amables, explica, jóvenes estudiantes con los que practica sus muchos idiomas, fruto de haber vivido en varios países. Los compañeros son buenos. Lo que ella busca, como madre sola, es estabilidad para atender a la hija. Se emociona al repasar de los abismos de dónde ha salido. Comprende a los que pierden la esperanza y se sienten hundidos. "Yo he estado en ese túnel, a quienes piensan así les digo: ¡que vale la pena luchar! Para mí ha sido difícil, pero hay gente que te puede ayudar. Hay que dejarse ayudar", exhorta.
En la misma cafetería hablamos con su jefa del día a día, Isabel Gómez, que llegó a la Fundación hace 10 años pidiendo ayuda y ahora es la responsable en D'Ins Xior. Ve llegar personas con "mochilas vitales" muy complicadas, historias duras. "A veces se ponen a llorar, y yo también lloro", explica.
En Proyecto Maná los trabajadores novatos prueban en distintos sitios: barra, sala, almacén, cocina... También pueden aprender en el curso de Ayudante de Cocina. Hay mayoría de mujeres, algunas siempre disfrutaron cocinando; otras lo aprenden ahora. Isabel cree que los restaurantes y cáterings de la Fundación Formació i Treball, con toda la gente "complicada" que recibe, funcionan bien porque tiene una dirección cercana y accesible.
Buscan que haya rotación, que los aprendices (que tienen su sueldo), con ayuda, herramientas y autoestima, vayan dando su salto al mercado laboral normal. Algunos trabajan preparando infinidad de bandejas de comida preparada para comedores sociales que llevan las furgonetas cada día.
Llevar Proyecto Maná a más ciudades
Los comedores, caterings y restaurantes de Proyecto Maná en Barcelona son sólo una iniciativa que combina el formar trabajadores con concienciar en mejorar el uso de los alimentos. La experiencia que empezó en Barcelona hace 6 años Cáritas ya la ha implantado con éxito en Albacete (El Sembrador) y otro en Vizcaya (Lapiko). Tras la fase inicial, viendo que funciona bien, quieren extenderlo a más ciudades. Para ello, se apoyan en fondos de la Unión Europea para personas en exclusión social.

Cocinera en los servicios de caterings de Proyecto Maná; cuenta que ha aprendido mucho de cocina, piensa si llevar el bacalao "amb mongetes" a Venezuela...
El 80% de la comida en Proyecto Maná se compra, pero un 20% se obtiene por otras vías; es comida de recuperación. Hay 15 empresas que colaboran con donaciones de alimentos, como La Menorquina o Mercadona, pero la mayor parte llega del Banco de Alimentos de Barcelona y de tres plataformas que median entre empresas y el sector social.
Amaya Prat explica a ReL algunos detalles de cómo colabora su empresa, Ametller Origen, donde es responsable de Sostenibilidad. La empresa tiene sede en Olérdola, se fundó en 2001, tiene 146 tiendas en Cataluña y sus propios campos, preparación, envasado, hacen todo el proceso. Evitan los conservantes de larga duración.
Lo que dice la Ley del Desperdicio de Alimentos
Amaya Prat explica que la Ley contra el Desperdicio Alimentario, vigente desde 2026, dice que cada empresa debe tener un plan contra el desperdicio, pero no obliga a cuantificar nada. Es fácil llenar un papel con vaguedades. Pero en Ametller se lo toman muy en serio, con responsables y protocolos ágiles. Ya colaboraban con Cáritas en un economato en Vilanova i la Geltrú.
"Para evitar el desperdicio, se empieza planificando, con prevención. Pero siempre queda algún producto sin vender. Puede ser por una semana de lluvias, o porque la gente se va de vacaciones en puente, y no van a las tiendas. A veces el alimento en origen es bueno para comer y cocinar pero es feo para vender. Tenemos responsables y normas para encauzar esa comida", explica Amaya Prat. A veces se vende con un 25% de descuento al acercarse la fecha de caducidad. Un último recurso es avisar a inscritos en una app para recoger productos que van a caducar, 2 horas antes del cierre de tienen. Y también dan comida a Proyecto Maná.
Marc Badía, responsable de Proyecto Maná, busca donantes de alimentos y se ingenia formas de conseguir y distribuir comida. Tienen 5 furgonetas en movimiento todo el día. Hay que trabajar con la logística. En el almacén tienen una docena de trabajadores. "Hemos aprendido a decir que no a aquellos productos con los que no vamos a poder trabajar. Por ejemplo, a un palé de chocolate no podemos darle salida. Y no queremos generar residuo".
Ayudando a encontrar empleo
Cáritas impulsa en España la iniciativa Iglesia Por el Trabajo Decente y a red de Economía Solidaria. En ella hay 1.400 personas contratadas, apoyadas por 2.200 voluntarios que aportan tiempo, habilidades y compromiso.
Ana Heras, coordinadora de Economía Solidaria de Cáritas Española, recuerda el 'mantra' de la Doctrina Social de la Iglesia: la economía no es mera lógica del beneficio, no puede dejar de lado "a las personas y el planeta". Se busca, dice, "una economía más humana, una economía que cuida, que administra los recursos de la casa común".
Para ello Cáritas tiene diversas estrategias: empleo digno, economía social, consumo responsable, comercio justo, finanzas éticas...
A nivel laboral, Cáritas en 2025 acompañó a 65.500 personas (con consultas, formación, orientación, etc...) en 900 acciones formativas para acceder al empleo y con experiencias prácticas en entornos laborales. Un 22% logró entrar en el mercado. Recordemos que el Estado, a través del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) en España, apenas logra colocar entre el 2 y el 4% de sus inscritos.
Las empresas de ecomonia social de Cáritas son casi 70. En 2025 vieron cómo 434 personas pasaban de la empresa de inserción al mercado de trabajo ordinario. Cáritas dedica 116 millones euros a la economía social. El 80% de eso lo recupera con ventas y servicio. El resto, lo consideran una "inversión en concienciación" (sobre economía justa, etc...) El comercio justo implica invertir 86.000 euros, más del 70% se recupera en ventas.
Las cifras son importantes, pero detrás están las historias de personas que reorganizan su vida, aprenden un oficio, entran en el mundo laboral, a veces llegando desde situaciones extremas y difíciles.