Domingo, 26 de mayo de 2019

Religión en Libertad

San Sergio I, Papa.

Ramón Rabre

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El Sueño de San Sergio. Getty Museum, Los Ángeles.
El Sueño de San Sergio. Getty Museum, Los Ángeles.

San Sergio I, papa. 8 y 9 de septiembre.

Su figura la recogen todos los martirologios y vidas de santos. Pero quien más datos da es Anastasio el Bibliotecario. Y el Liber Pontificalis, claro está. Sergio era natural de Palermo, e hijo de un comerciante antioqueno llamado Tiberio. Con su familia se estableció en Roma, reinando el papa Adedodato II. Fue ordenado presbítero entre 682 y 684. A la muerte del papa Conon en 687, se entró en conflicto sobre el sucesor, llegando a proponerse a tres candidatos, Sergio entre ellos (los otros fueron el arcediano Pascual y el arcipreste Teodoro).

Intereses económicos, políticos y religiosos enfrentaron a Roma y Rávena. Sergio fue conducido a Letrán y coronado papa, resolviendo el conflicto, o complicándolo, pues el Exarca de Rávena, quien lo puso en el solio pontificio, había sido sobornado para ello (¿por el mismo Sergio?). Teodoro se sometió a Sergio libremente, pero Pascual lo hizo obligado. Ambos fueron colocados en puestos relevantes, para colmar su ambición y hacer la paz.

Ya reinando, otro de los conflictos de Sergio fue con el Emperador Justiniano II, entrometido en las cuestiones eclesiáticas. En 691, Justiniano convocó un concilio en el que, entre otras cosas que cambió, rechazó la norma de la Iglesia que decía que los sacerdotes debían repudiar a sus esposas y permanecer célibes. El emperador decretó que se podían casar con mujeres honestas antes de la ordenación sacerdotal. Firmó las actas del Concilio, junto a los Patriarcas de Alejandría, Antioquía y Constantinopla (que curiosamente no debían firmar, al no ser legados papales) y dejando espacio para Sergio y los Patriarcas de Tesalónica, Cerdeña, Ravenna, y Corinto, que no estaban presentes. Al llegar las Actas a Sergio, este se negó a firmar, mandando a decir al emperador que prefería morir antes que firmar semejantes cánones. Cuando fue mandado a apresar por el Emperador, el Exarca de Rávena envió sus tropas y lo protegió. El oficial de Justiniano, al verse perdido, se escondió bajo la cama de Sergio (!), pidiendo su protección. No tuvo tiempo Justiniano de vengar la ofensa, sabemos que fue depuesto y su nariz cortada en el año 695 y cuando retornó al trono en 705, ya Sergio había muerto en 701 y sucedido por Juan VI.

Sergio introdujo en el calendario litúrgico algunas fiestas marianas y otras: las procesiones por la fiesta de la Purificación de María (2 de febrero). Para reemplazar los desfiles de primavera pagana, introdujo la fiesta de la Anunciación (25 de marzo), exactamente nueve meses antes del nacimiento de Jesús. También instituyó la Asunción (15 de agosto); la Natividad de María (8 de septiembre) y la Exaltación de la Cruz, (14 de septiembre). También introdujo el canto del "Agnus Dei" en la misa.

Fue un papa preocupado por la evangelización de las zonas de Alemania y Frisia, enviando misioneros ingleses, cuya Iglesia era floreciente en vocaciones y ardor apostólico. Bautizó a Caedwalla, rey de los sajones occidentales. Protegió a San Wilfrido de York (24 de abril) y consagró obispos a San Humberto de Lieja (3 de noviembre) y a San Willibrordo (7 de noviembre), hecho del que se cuenta una hermosa leyenda: En el año 695, San Willibrordo, que era monje, se dirigió a Roma, a ver al papa. Cuatro días antes de su llegada, Sergio tuvo un sueño en que el un ángel le avisaba de un gran siervo y amigo de Dios que se dirigía a la Ciudad Eterna, y que debía recibirlo con todos los honores posibles. Sería luz de muchos y llevaría a muchos a la Luz. Llegado el día, Sergio salió a recibirlo a las puertas de Roma, lo colmó de dignidades. Le ordenó obispo en la basílica de San Clemente, en las vísperas de la fiesta del santo: 22 de noviembre. Para su labor apostólica le dotó de libros sagrados, reliquias y ornamentos valiosos.

Sergio murió el 8 de septiembre de 701, y fue sucedido por Juan VI.

La tabla que ilustra artículo y que tuve la suerte de contemplar a menos de tres centímetros en el Getty, puede verse con más detalle aquí. No os podéis imaginar la sorpresa que tuve al tener esta obra de la que había escrito. ¡Tanta que tuve que preguntar al guardia de seguridad si era una copia!


Fuente:
-"La Leyenda de Oro para cada dia del año". Tomo III. D. JOSÉ SAYOL Y ECHEVARRÍA. Madrid, 1853.

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