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¿Puede haber mariachis en mi boda? Una diócesis de México establece lo más «correcto» litúrgicamente

La Diócesis de Cuernavaca publica un recordatorio del sentido espiritual del rito

La cuestión, señala la diócesis, no es la calidad musical, sino la coherencia simbólica.

La cuestión, señala la diócesis, no es la calidad musical, sino la coherencia simbólica.instagram

Redacción REL
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En México, donde las bodas suelen combinar el sacramento con la tradición, la Diócesis de Cuernavaca ha decidido marcar los límites entre la liturgia y las preferencias personales de cada uno. Por eso, poco antes de Navidad, publicó unas directrices que especifican qué música es adecuada en las bodas.

La iniciativa surge en un contexto muy particular, ya que Cuernavaca, situada en Morelos, se ha convertido en un destino muy solicitado para bodas gracias a su clima, jardines y templos históricos. Esta popularidad genera tensiones entre la normativa litúrgica y los deseos de parejas que buscan ceremonias personalizadas y musicalmente espectaculares. 

El documento —emitido por la Oficina Diocesana de Música Sacra— no pretende ser una lista de prohibiciones, sino un recordatorio del sentido espiritual del rito. El obispo del lugar, Ramón Castro Castro, subraya que la boda no es un acto privado, sino una celebración de la Iglesia que introduce a los esposos en el misterio del amor de Cristo. Zenit analiza este documento.

En el apartado "Misa con Mariachi", se dice: "Puesto que es una tradición de nuestra diócesis, les sugerimos que siempre sea una decisión que se tome en plena comunicación con quien preside la celebración. Es importante que el mariachi tenga experiencia y conocimiento de la liturgia y sus ritos; y que cuente con distintas sugerencias de repertorio para los cantos y la música apropiada para la boda. Mantengan siempre, tanto novios como mariachis, un diálogo constante con quien presidirá la celebración para así poder cumplir con los lineamientos propios de la liturgia".

Hay que recordar que la historia del mariachi se origina en el occidente de México (Jalisco, Nayarit, Colima) en el siglo XIX, fusionando tradiciones indígenas, europeas (instrumentos de cuerda como violín, guitarra, vihuela) y africanas, evolucionando de grupos campesinos a un símbolo nacional impulsado por el cine de oro mexicano y la profesionalización, culminando en reconocimiento mundial, incluso por la UNESCO. 

A partir de la visión del documento de la diócesis de Cuernavaca, también se aclaran aspectos concretos: la entrada de los novios debe ser una sola procesión con un único canto, tal como indica el Misal Romano, evitando entradas separadas diseñadas para resaltar gustos personales.

Uno de los puntos más sensibles es la música popular. Las directrices desaconsejan bandas sonoras, himnos deportivos o piezas ajenas al ámbito litúrgico, aunque tengan valor sentimental. La cuestión, señala la diócesis, no es la calidad musical, sino la coherencia simbólica: la música debe servir al rito, no transformarlo.

Incluso las marchas nupciales más conocidas quedan excluidas. Las obras de Wagner y Mendelssohn, explica el documento, proceden de contextos teatrales y no litúrgicos, por lo que no son apropiadas para la misa.

Para evitar vacíos, se propone un repertorio de música litúrgica adecuada a cada momento del rito, buscando no la austeridad, sino la unidad espiritual y musical.

Un apartado especial se dedica al mariachi, muy arraigado en la religiosidad popular mexicana. La diócesis no lo prohíbe, pero pide que su uso se acuerde con el sacerdote y que los músicos comprendan la estructura de la misa, respeten los silencios y utilicen repertorio sacro.

El silencio, de hecho, se destaca como elemento esencial: momentos como el consentimiento o la bendición nupcial deben realizarse sin acompañamiento musical para resaltar su significado sacramental.

También se recuerda que las oraciones fijas de la misa deben mantenerse intactas: si no pueden cantarse según los textos oficiales, deben recitarse sin modificaciones.

En el trasfondo de todas estas normas está la comprensión sacramental del matrimonio. La música, afirma el documento, es un ministerio al servicio de la gracia, no un simple adorno emocional.

El padre Cristian Alejandro Hernández Orduña, responsable de la Oficina de Música Sacra, insiste en que la música nupcial debe ayudar a percibir el verdadero sentido del rito: no solo la celebración del amor humano, sino la manifestación del amor de Dios.

En un tiempo en que muchas bodas mezclan espectáculo y religión, la diócesis propone recuperar el equilibrio y permitir que la liturgia sea la que dé forma a la celebración, especialmente en lo que respecta a la música.

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