Miércoles, 01 de diciembre de 2021

Religión en Libertad

Las universidades encabezan la censura contra la realidad biológica

¿Profesora y feminista? Objetivo a batir para la intolerancia trans: los casos de acoso se suceden

Manifestación feminista del 23 de octubre en Madrid.
«Definir mujer no es transfobia», decía, respaldada por la ciencia y la lógica, una pancarta en la manifestación feminista del 23 de octubre en Madrid contra la ministra de Igualdad del gobierno socialcomunista español, Irene Montero. La guerra entre las feministas y el lobby transgénero (al que apoya el grueso del «establishment» LGTBI) ya es abierta.

ReL

La censura en las instituciones académicas del Reino Unido ha llegado a su punto más alto contra las "amenazadoras" profesoras convencidas de que el sexo biológico existe.  Se ven obligadas a ir con guardaespaldas y deben protegerse de sus compañeros y estudiantes. Hay varios casos recientes que se suman a otros en diversos países. Caterina Giojelli pone algunos ejemplos en Tempi:

Cada día tiene su locura trans. El último golpe de efecto es que el sindicato de académicos [University and College Union] del condado de Sussex, en Inglaterra, ha publicado una declaración de apoyo. ¿A quién? ¿A la filósofa y colega Kathleen Stock, objeto de una furiosa y violenta campaña por parte de los estudiantes, que recorren el campus universitario con antorchas y pasamontañas exigiendo la cabeza de la profesora "transfóbica"? En absoluto. Los compañeros de Kathleen Stock tienen un solo objetivo: acabar con su carrera apoyando a las comunidades trans y no binarias "que se sienten amenazadas", y condenan al rector de la universidad por no hacer lo mismo. 

Kathleen Stock, filósofa de Sussex

Kathleen Stock, catedrática de Filosofía de la Universidad de Sussex, feminista y lesbiana, ha sido acusada de "transfóbica" porque defiende que el sexo biológico es más importante que la identidad de género. También cree que los hombres transexuales que se identifican como mujeres no deben tener acceso a los espacios femeninos de las cárceles, los centros de acogida o los vestuarios, y que los menores no deben recibir bloqueadores de la pubertad.

Según los estudiantes y profesores -que los apoyaron de buen grado en las manifestaciones contra Stock-, estas declaraciones no hacen de la universidad un lugar seguro. Y no importa si algunos exponentes de la comunidad trans, "disgustados" por el trato que ha sufrido la profesora, han escrito a The Times para solidarizarse con la docente: la caza de brujas se ha vuelto tan arriesgada, con activistas enmascarados, carteles, amenazas y bombas de humo en la universidad, que la policía ha aconsejado a Stock que contrate a un guardaespaldas y se mantenga alejada del campus y le ha proporcionado un número de emergencia, una "línea roja", para llamar a los agentes en caso de peligro.

La situación estalló en enero, cuando Kathleen recibió el título de Oficial de la Orden del Imperio Británico por su labor en el ámbito académico, y 600 profesores firmaron una carta en la que denunciaban la "retórica dañina" y las "opiniones transfóbicas" de la filósofa.

Carteles contra Kathleen Stock.

"No es un debate. No es feminismo. No es filosofía. Es transfobia y es inaceptable. ¡Despidan a Kathleen Stock!" Carteles de acoso contra la profesora feminista y lesbiana Kathleen Stock en su propia universidad.

Durante meses, estudiantes y activistas habían estado pidiendo su dimisión hasta que, instada por algunos de los profesores que apoyaban a Stock ("¿Qué futuro tiene una universidad en la que la intimidación determina lo que se dice o se enseña?"), la Universidad de Sussex decidió intervenir, prometiendo investigaciones y medidas disciplinarias: "Tenemos el deber legal y moral de garantizar que la gente pueda hablar libremente", "no toleraremos amenazas a las apreciadas libertades académicas". De ahí la airada declaración del sindicato, que pide a la universidad que vuelva sobre sus pasos y "adopte una postura clara y firme contra la transfobia en Sussex". 

Kathleen Stock.

[Actualización de ReL: Este jueves, Kathleen Stock anunció en Twitter que se va de la Universidad de Sussex. "Han sido años muy difíciles. Espero que otras instituciones en situación similar puedan aprender de esto... Ha sido un tiempo absolutamente horrible para mí y mi familia. Ahora lo dejo atrás. Espero que pronto vengan cosas mejores".]

La caza de brujas contra Germaine Greer y Julie Bindel

Entre los activistas circulan listas de proscritos, listas negras, la lista de las TERF (acrónimo de Trans Exclusionary Radical Reminist [Feminista Radical que Excluye a los Trans], un término que se ha convertido en un insulto y por ello ha sido "prohibido" por periódicos como The Economist), las peores enemigas de la nueva palabra arcoíris, del libre mercado y de los beneficios económicos británicos.

En Inglaterra, epicentro de la última locura de género, no solo han aumentado las visitas al médico por la identidad de género de los niños en un mil por ciento en seis años, sino que a las mujeres se les llama "menstruadoras", el periodo lo pueden tener "todos los géneros", "mamá" ha sido sustituido por "personas embarazadas".

Pero la censura barata y al por mayor en el ámbito académico ya no tiene que ver solo con brujas como la feminista Germaine Greer (primera de una larga lista de personalidades prohibidas o condenadas en las universidades británicas, censurada por la Universidad de Cardiff por haber tenido la audacia de afirmar que las personas trans son y siguen siendo "no mujeres" incluso después de la cirugía) o la periodista feminista lesbiana Julie Bindel (agredida a la salida de una conferencia en la Universidad de Edimburgo y objeto de las protestas de activistas trans en la plaza frente a la sala donde tuvo lugar el encuentro; se puede leer un buen artículo suyo en defensa de Stock en The Spectator).

Censuras que han obligado al Ministro de Universidades y Ciencia, Sam Gyimah, a anunciar multas si las autoridades académicas seguían respaldando la denegación del derecho a la palabra.

Selina Todd, feminista con escolta

Selina Todd, catedrática de Historia Moderna en Oxford, especializada en historia de la clase obrera y el feminismo -que ya estaba en el punto de mira de los activistas por haber firmado en 2019 una carta junto a otros 300 académicos en el Sunday Times en la que denunciaban las presiones de Stonewall y el lobby trans para reprimir el debate académico-, recibió amenazas por reiterar la necesidad de proteger los espacios para mujeres (especialmente los centros antiviolencia) y "el derecho de las personas a la libertad de expresión y de debate".

Su discurso para el 50º aniversario de la Conferencia Nacional para la Liberación de la Mujer fue cancelado con 24 horas de antelación: para las personas LGBT era imperdonable que Todd asistiera a una reunión de Woman's Place UK en defensa de los derechos de la mujer. Según sus alumnos, Todd enseña la historia feminista de forma "transfóbica".

Es "una situación intimidatoria", ha dicho Todd, "la opinión de estos activistas es que cualquiera que se sienta mujer debe ser considerada como tal. Cuestionar ese deseo se considera incitación al odio. Eso me suena a censura". La universidad ha tenido que proporcionarle guardaespaldas

El adiós de Suzanne Moore a "The Guardian"

Suzanne Moore, feminista y columnista de The Guardian desde hace muchos años, ha tenido que dejar el periódico para el que escribía desde hacía 25 años: 338 compañeros, entre editores y columnistas, exigieron su despido y pidieron que se prohibiera el "contenido transfóbico" de sus artículos.

Moore había intervenido notablemente en defensa de Selina Todd: "Defendí que el sexo biológico era real y que entender la ciencia no era un acto transfóbico (...) He sido censurada más por la izquierda que por la derecha y no me complace admitirlo. (...) The Spectator y The Times han contado historias que nosotros hemos ignorado; yo podía escribir lo que quería en The Telegraph. El periodismo de investigación tiene que investigar temas inexplorados. ¿Por qué no podemos hacerlo? La izquierda progresista no parece virtuosa sino ingenua... La censura continúa y no la soporto. Cada día una mujer pierde su trabajo y una bruja es quemada en Twitter". 

Kate Newey, Rosa Freedman, Jo Phoenix, Chloë Houston

Kate Newey, profesora de historia del teatro en Exeter, ha sido denunciada e investigada por la universidad por escribir tuits sobre los derechos de las mujeres. Rosa Freedman, profesora de desarrollo global en la Universidad de Reading, ha sido tachada de "nazi" y "transfóbica", se ha dicho "que debería ser violada", mancharon de orina la puerta de su despacho por oponerse a la autoidentificación de género. Después, en mayo, su conferencia en la Universidad de Essex fue cancelada, al igual que la de Jo Phoenix, profesora de criminología en la Open University, que también fue acusada de "transfobia". Ambas han terminado siendo sometidas a una inspección por sus respectivas universidades. También en Reading, la profesora Chloë Houston fue acusada de "violar un espacio seguro" para los estudiantes trans por el simple hecho de dar clases allí y defender a su colega Freedman. 

El linchamiento de J.K. Rowling y Maya Forstater

El punto de inflexión fue el linchamiento de la escritora J.K. Rowling, eterna madre de todas las TERF: iniciado con un tuit de apoyo a Maya Forstater (una contable que perdió su trabajo por unos tuits considerados "transfóbicos"), el "caso Rowling", es decir, de todo aquel que afirma que no hay personas que menstrúan sino "mujeres" y de la legitimidad del feminismo crítico de género para expresar libremente sus pensamientos, debía haberse cerrado con la sentencia sobre Forstater, emitida por el Tribunal Supremo británico el pasado 10 de junio.

J.K. Rowling.

A J.K. Rowling, creadora de Harry Potter, no le valió de nada haber sido siempre una defensora habitual de las causas del lobby LGTBI. En un tuit de finales de 2019 escribió que "el sexo es real" para apoyar a una trabajadora despedida por decir que el sexo "es biología", y eso desató una tormenta mundial de acusaciones de transfobia. Foto: captura BBC.

Los jueces dictaminaron que la creencia en la inmutabilidad del sexo biológico es una opinión protegida por la Convención Europea de Derechos Humanos y que expresar una "crítica de género" está cubierta por la Ley de Igualdad.

Sin embargo, los carteles del túnel que lleva de las estaciones al campus de la Universidad de Sussex dicen otra cosa. Dicen que no hay lugar para Kathleen Stock en la universidad, "no pagamos 9.250 libras al año por la transfobia", escriben entre otros insultos y calumnias anónimas en las paredes y en las redes sociales. Los carteles están firmados por el colectivo Anti Terf Sussex, una red no afiliada de estudiantes queer y trans.

El caso de Marina Terragni en Italia

Y dicen que después del carnet de socio de Arcilesbica, quizás haya llegado el momento de pedir uno para el maldito acrónimo, si es que se han convertido en sinónimo de libertad de expresión, mujer y free speech. Como señala Monica Ricci Sargentini, Italia no está exenta del fenómeno del no-platforming de importación británica ("una forma de boicot que impide a las personas expresar sus ideas públicamente"): "Hace unos meses, los alumnos del máster de Gestión de Comunicación y Políticas Culturales de la IUAV de Venecia pidieron el cese de la feminista Marina Terragni como profesora del curso de Filosofía y Ética de la Información Contemporánea. 'Esta elección amenaza la integridad de un curso expresamente vinculado a los discursos feministas, interseccionales y queer, y pone potencialmente en cuestión sus aulas como espacio seguro', escribieron los estudiantes, en una carta que es una fotocopia de las aparecidas en el Reino Unido y Estados Unidos".

En septiembre, Terragni debía entrevistar a la ensayista estadounidense Rebecca Solnit en el Festivaletteratura de Mantua "pero 24 horas antes del encuentro", explica Terragni, "ella lo canceló, optando por un discurso sin debate. Le dijeron que yo era 'transfóbica' y que podría tener problemas".

Traducción de Elena Faccia Serrano.

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