Jueves, 21 de octubre de 2021

Religión en Libertad

A punto de morir, Cyprien sintió al Espíritu Santo y se convirtió: quedó totalmente sanado

Los Rugamba: de matrimonio abocado al fracaso a ser mártires, símbolo de fe y próximamente, beatos

 Cyprien y Daphrose Rugamba.
Cyprien pasó del seminario, a odiar la fe de su mujer después y, por último, a fundar junto a ella la segunda Comunidad Emmanuel más grande del mundo.

ReL

En abril 1994, estalló uno de los mayores genocidios contemporáneos. Tras el asesinato del presidente de Ruanda, Juvenal Habyarimana, la etnia mayoritaria a la que pertenecía, los hutus, atribuyeron su muerte a una etnia rival, los tutsis. Así comenzó una cruel matanza en la que un millón de personas perdieron la vida.

En medio del caos, la familia Rugamba fue “una luz en la oscuridad total”, entregada a la fe y que murieron cómo mártires de Cristo, de la paz y la unidad entre ruandeses. Hoy, el matrimonio espera a ser prontamente beatificado.

Del seminario a "campeón de las artes"

Cyprien nació en 1935, en Rwamiko (Ruanda). Fue criado en una familia católica, como parte de la etnia mayoritaria de Ruanda, los hutus.

Pronto, Cyprien entró al seminario. Lejos de lo esperado, allí conoció el pensamiento de autores existencialistas que, junto con algunos escándalos que presenció durante su formación, motivaron en él una fuerte crisis y perdió la fe.

El joven ruandés abandonó el seminario y comenzó sus estudios en Bélgica, donde obtuvo una exitosa carrera trabajando en la administración para el gobierno de Ruanda. Durante aquellos años se formó y dedicó en torno al arte tradicional de su país y, desde entonces, entregó su vida al arte y la cultura.

En un momento en que la mayoría de artistas ensalzaba las manifestaciones de su propia etnia, Cyprien buscó crear una cultura propiamente ruandesa, nacional, a través de su producción artística y, especialmente, musical.

Este enfoque en salvar el arte tradicional, en vías de desaparición, le dio a Cyprien un alto nivel de reconocimiento en la sociedad y pasó a ser visto como un campeón de las artes.

El matrimonio, un calvario de 17 años

En 1963, el joven artista iba a casarse con Xaverina Mukahigiro cuando fue asesinada junto a otros familiares. Para honorar el compromiso que había hecho con la familia de Xaverina, le pidió a su prima, Daphrose Mukasanga, su mano en matrimonio. Se casaron en 1965.

Desde el primer momento, todo dio a entender que el matrimonio no duraría. Él estaba alejado de la fe y sentía un profundo resentimiento por la profunda vida espiritual de su esposa, muy devota y piadosa.

Daphrose, que creía firmemente en la santidad del matrimonio, soportó pacientemente las infidelidades de su marido, en un calvario matrimonial que se alargó durante 17 años. Con una vasta familia de 10 hijos, el único consuelo de la mujer era poder asistir a misa junto a ellos, rezando constantemente por la conversión de su esposo.

Escribiendo sobre su próxima muerte, sintió al Espíritu Santo en su corazón

La piedra de toque de Cyprien apareció en 1982, bajo la forma de una grave dolencia que no podía ser diagnosticada.

Convaleciente, estaba escribiendo una canción sobre la muerte cuando percibió como su corazón se inundaba del Espíritu Santo y creyó en la existencia de Dios e interiormente supo que ocurrió por la oración de su mujer e hijos.

Aquella experiencia motivó una conversión radical, especialmente en su vida matrimonial. Se arrepintió profundamente de los sufrimientos ocasionados a su esposa, y juntos asistieron a una renovación matrimonial. Cyprien se recuperó de la enfermedad sin explicación alguna.

Todos los que conocían al matrimonio quedaban sorprendidos ante el cambio. Pasó de ser arrogante e indiferente a una persona nueva, amante de Daphrose, fiel, humilde y acogedor que irradiaba felicidad junto a su esposa y con quien comenzó a compartir su amor por la fe.

En 1989, la familia quedó fascinada ante la Comunidad Emmanuel y un año después fundaron la delegación nacional de Ruanda. Desde entonces, la gran familia Rugamba se entregó por completo a la adoración y evangelización, y a hacer crecer la misión de su comunidad, buscando la hermandad entre todos los ruandeses. 

Sin embargo, en aquellos momentos, el clima político estaba enrarecido, y nadie sospechaba que esa unidad que proclamaban los Rugamba sería la antítesis de lo que su país natal viviría pocos años después.

No faltaba mucho para que la escalada de tensión entre hutus y tutsis llegase al límite. La convivencia se hacía cada vez más difícil en todo el país, y solo en la comunidad Emmanuel de los Rugamba los ruandeses seguían viéndose como hermanos.

Cyprien creyó ver cumplido el gran objetivo de su vida. Pero poco después, el asesinato del presidente Juvenal Habyarimana, perteneciente a los hutus, marcó el estallido de una sangrienta masacre entre ambas etnias que diezmó la población de Ruanda.

Usando su influencia obtenida durante su empleo en la administración, Cyprien pidió el fin de las masacres por los grandes medios de comunicación y no pocas medidas para fomentar la paz y la unidad.

Mártires por la hermandad de los ruandeses en la fe

Aquella pretensión les valió el martirio. El 7 de abril comenzó el genocidio en Ruanda, y durante toda la noche la familia permaneció rezando ante el Santísimo Sacramento, donde fueron sorprendidos.

Uno de los hijos, presente con ellos durante la masacre, pero que sobrevivió,  informó que cuando los milicianos entraron su primera pregunta a Cyprien fue: “¿Eres cristiano?”. A lo que su padre respondió, utilizando la letra de una canción suya que se había vuelto popular en Ruanda: “¡Sí, muy cristiano! Y entraré en el cielo bailando”. Cyprien y Dephrose, junto con seis de sus hijos, fueron brutalmente asesinados.

Treinta años después de su muerte, los Rugamba son un símbolo para la comunidad cristiana de Ruanda.

La agrupación músical de Cyprien, Amasimbi n'Amakombe, es todo un icono del arte y la cultura, y la comunidad Emmanuel que fundaron es hoy la segunda más grande del mundo, cumpliendo el sueño en vida de su fundador: que los ruandeses pudiesen reunirse, unidos en la fe y al margen de las divisiones de los grupos étnicos.

Por su parte, Daphrose tenía un pequeño negocio en Kigali, donde los niños de la calle le robaban patatas. Esto le hizo darse cuenta de su estado de pobreza, y decidió ayudarlos. La obra que inició sigue dando sus frutos bajo el nombre de CECYDAR (Centro Cyprien y Daphrose Rugamba) y desde hace 20 años, el centro acoge a niños pobres de la calle en Kigali.

Su causa de beatificación fue abierta en septiembre de 2015.

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