Domingo, 24 de enero de 2021

Religión en Libertad

El trato con los comunistas, con EEUU, el capitalismo...

El cardenal Dziwisz, 39 años secretario de Juan Pablo II, cuenta su secreto: «Sin combatir, él ganó»

Dziwisz ayuda a Juan Pablo II en un momento de oración y cansancio en 1996 durante una audiencia pública
Dziwisz ayuda a Juan Pablo II en un momento de oración y cansancio en 1996 durante una audiencia pública
En el antedespacho del cardenal Dziwisz hay un imponente busto del Cardenal-Príncipe Adam Stephan Sapieha, arzobispo de Cracovia entre 1925 y 1951.

A unos cincuenta metros de su escultura está la capilla del arzobispado en la que el 1 de noviembre de 1946 ordenó sacerdote a Karol Wojtyla, que un día le sucedería en su ministerio arzobispal.

Hoy ocupa ese mismo despacho el cardenal Stanislaw Dziwisz (Raba Wyzna, 1939), quien fue ordenado sacerdote por el arzobispo Wojtyla en 1963 y en 1966 se convirtió en su secretario personal hasta su muerte el 2 de abril de 2005.

-¿Qué significa para usted haber convivido casi toda su vida con un santo?
-La vida era muy normal. Fue un santo muy normal, pero dentro de esa normalidad… excepcional. Si hablamos de él y la gente con la que trabajaba, era un hombre de una gran sencillez. Un santo hace que la vida sea más fácil e intenta entender las debilidades de otras personas.

-¿Qué fue lo que hizo a Juan Pablo II querer ser un Papa misionero que viajaba por todo el mundo?
-Él imitaba a Jesucristo. Y si no hubiera viajado, no habría seguido su ejemplo. El buen pastor conoce a sus ovejas y ellas le conocen a él. Y el viajar le ayudaba a ser un buen pastor. Y al viajar él prestaba su voz a los pueblos que sufrían. Hablaba en nombre de los pobres y se dirigía a los ricos. Porque él condenaba el marxismo y el capitalismo salvaje. Los dos. Todo esto quedó claro en sus encíclicas sociales.

-En los viajes de Juan Pablo II en los que veíamos a multitudes que salían a aclamarlo, ¿no veíamos que le querían mucho pero le escuchaban poco en cuestiones doctrinales?
-Se puede decir eso, pero después de sus visitas dejaba señales muy fuertes. Las dictaduras desaparecieron. Había un renacimiento de las iglesias, reforzadas. También se dice en Polonia que le seguían poco en lo doctrinal. Recordemos la Teología de la Liberación. Desapareció gracias a Juan Pablo II. Él explicaba que el marxismo no ayuda a resolver los problemas sociales. Le gustaba citar al Papa León XIII: «Que el remedio no sea peor que la enfermedad». Tuvo un intercambio con el presidente Vaclav Havel cuando lo recibió en el aeropuerto de Praga y le dijo: «No sé qué es un milagro. Pero que el Papa esté en la República Checa, eso es un milagro». Esas son las transformaciones que él hizo.

-Juan Pablo II visitó España cinco veces. Sólo visitó más veces Polonia, Francia y Estados Unidos. ¿Qué era España para él?
-Desde el punto de vista de la Iglesia, España era -y es- un país muy importante. Es difícil hablar de la evangelización de América Latina sin España. La posición de la Iglesia allí es muy importante hoy. Él quería ocuparse de los problemas sociales y de los problemas morales. Y, como polaco, quiero decir que Polonia necesita a España, pero una España sana y fuerte.

-Juan Pablo II fue el Papa de un tiempo. ¿Cree que habría actuado hoy de una manera distinta a como lo hizo en aquel tiempo?
-Cada Papa tiene su carisma. ¡Y qué importante es, siendo Papa, tener presentes las circunstancias del mundo en cada momento! Juan Pablo II fue un observador muy atento a los cambios. Seguro que hoy en día se comportaría tal como el mundo lo necesitara en este momento.



Dziwisz, cardenal de Cracovia

-¿Por qué cuando se designa a Wojtyla arzobispo de Cracovia la dirigencia política polaca de esa época cree que se entenderán con él mejor que con el cardenal Wyszynski?
-Los comunistas en Polonia querían dividir a la Iglesia católica. Unas veces preferían a Wyszynski, y otras a Karol Wojtyla. El arzobispo y cardenal Wojtyla fue siempre muy fiel al cardenal Wyszynski. Durante el concilio, en un momento dado se negaron a dar a Wyszynski un pasaporte. En esa época tenerlo era un privilegio. Pero sí se lo dieron al cardenal Wojtyla. Y él, en solidaridad con Wyszynski, renunció a su viaje. Después fue al revés. Wyszynski era el «bueno», y Wojtyla era el «malo». Wojtyla tenía siempre argumentos sólidos y esto les daba miedo.

»Antes del cónclave en el que fue elegido le retiraron el pasaporte diplomático y tenía solo un pasaporte común. El secretario del partido dijo que se le permitiera ir al cónclave y que ya hablarían con él a la vuelta. Pero ya no volvió. Tenían miedo de Wojtyla. Y tenían razón. Porque hoy podemos decir que él ganó. Sin combatir, él ganó. Venció lo que es importante siempre: la verdad y el ser humano. Y también la nación.

»El primer viaje no fue fácil porque el Gobierno no quería permitir que viniera. Por eso se pensó que el viaje a Polonia sería más adecuado después del viaje a México. Si México, siendo un país anticlerical, abría las puertas al Papa, un viaje a Polonia no podía ser «peor».

-Durante la década de 1980 usted, como su secretario, ¿cómo recopilaba información de lo que estaba sucediendo en Polonia?
-Había contactos con los obispos. El problema principal fue durante la ley marcial, cuando se cerraron las fronteras. Pero entonces Juan Pablo II envió a Polonia a su representante especial, el arzobispo Luiggi Poggi. Pero también existía la información muy rica y abundante que le ofrecía el presidente Reagan.

-¿Fue muy efectiva la alianza entre el presidente Reagan y el Papa Juan Pablo II en su actuación frente al comunismo? ¿Trabajaron juntos?
-Sí, trabajaron juntos. Había un acuerdo fundado en los sentimientos de dos seres humanos. En el fondo, ambos eran actores. Se entendieron muy bien. Analizaban la escena internacional de manera muy similar. Pero para Juan Pablo II siempre fue importante la autonomía. Lo importante para él era la libertad. Nunca obedeció a la dictadura.

»Él tenía su propia línea, sus ideas, su camino. Si había que denunciar la actuación del presidente Bush, él lo hizo públicamente. Dijo que la guerra solo complica la situación. No arregla nada. Solo el diálogo es la manera de resolver todos los problemas.
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