Religión en Libertad

El padre Aldo Trento mostró «cómo dejarnos encontrar de una manera nueva por el Misterio de Dios»

Se ha cumplido un año del fallecimiento del sacerdote italiano que fundó en Paraguay la Casa de la Divina Misericordia.

El padre Aldo Trento, rezando por las mismas personas a las que atendía en su hogar para los desfavorecidos en Paraguay.

El padre Aldo Trento, rezando por las mismas personas a las que atendía en su hogar para los desfavorecidos en Paraguay.tempi

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Se cumple un año del fallecimiento, un 20 de diciembre, del religioso y sacerdote italiano Aldo Trento (1947-2024), vinculado a Comunión y Liberación, que vivió cuarenta años en Paraguay

Allí fundó en 1999 fundó la Casa de la Divina Misericordia, visitada por el Papa Francisco durante su viaje apostólico al país suramericano en 2015. Desde ella se entregó en cuerpo y alma a los más pobres y desfavorecidos, en particular los discapacitados descartados por todos.

La revista Tempi publicó a lo largo de los años numerosos reportajes sobre su obra. Ahora, en los tradicionales Te Deum laudamus de acción de gracias que publica cada año en su último número, le evoca recordando que "el significado de las obras que construyó es mucho mayor de lo que creíamos".

Así lo explica Pato Hacin en Tempi:

"Te Deum laudamus"... por el padre Aldo Trento y su vida entre los pobres

Dar gracias a Dios es sencillo cuando se es testigo. En estos lugares remotos y recónditos, lejos del bullicio del mundo, la conmoción ante la realidad y el contacto con lo que parece no tener nada que ver con nosotros, hacen que la vida se vuelva intensa; no porque nos encontremos en medio de grandes polémicas o conflictos, sino porque el Señor se manifiesta, haciendo que lo que parece lejano se vuelva cercano y que lo que parece no concernirnos nos permita dejarnos tocar.

La experiencia de la gratitud es un rostro que nos guía. En nuestro caso, es un rostro que hoy se encuentra lejos, quizás más lejos que un simple lugar geográfico o una circunstancia concreta; lejos porque está en el paraíso, y por lo tanto cerca, casi tangible, perceptible. ¿No son acaso estas las obras de caridad? Tocar con mano al mismo Dios.

Esa sintonía con la «Dilexi te»

Curiosamente, es el destino del hombre, de todos los hombres y mujeres a quienes se les ha revelado este destino y se les ha mostrado su rostro, esa lejanía que se ha hecho hombre y, acercando lo que está lejos, sigue indicándonos concretamente la alegría de vibrar según su voluntad, para vivir, a ratos, el paraíso en este mundo.

Estamos agradecidos, un año después de la partida del padre Aldo Trento al cielo, de que su ímpetu nos acerque al lugar donde él ya se encuentra. En esta época en la que la muerte es ocultada y rechazada o, al revés, normalizada por la violencia, en la que el destino asume la medida de lo inmediato, nosotros, por el contrario, hemos decidido recorrer esta distancia, es decir, hemos aceptado el reto de dejarnos encontrar de una manera nueva por el Misterio de Dios, dejándonos tocar por lo que no conocemos de este padre que nos ha precedido en el cielo. 

La muerte y la pobreza no nos escandalizan, porque cada día vemos los frutos de la resurrección. Al recuperar escritos, grabaciones y testimonios sobre nuestro querido padre Aldo, nos damos cuenta de que no lo conocíamos plenamente. Que las obras de caridad nos desafían a actuar, pero que esta acción sería superficial si no intentáramos entrar en lo que creíamos haber comprendido y que, en cambio, poco a poco se revela como algo nuevo. Me atrevo a decir que las obras son signo de algo mucho más grande que ha decidido revelarse a nosotros a través de la sencillez del padre Aldo, y también a través de la incomprensión de la que tantas veces ha sido objeto. Tenemos la responsabilidad de comunicar lo que hemos visto y vivido.

Al leer la exhortación apostólica Dilexi te del papa León XIV sobre el "amor a los pobres" y retomando el testimonio del padre Aldo, encontré una sintonía y una gratitud, porque el padre Aldo llegó antes, en cierto sentido, a comprender lo que la Iglesia está comprendiendo. 

El padre Aldo nos ha dejado una vida para darnos la oportunidad de ver lo que, de otro modo, nos costaría entender de ese documento. ¿Cómo no estar agradecidos? ¡Una vida! No un documento, ni palabras, ¡una vida!

Una extraña preferencia

  • Gracias, Dios, por haberle dejado a este pueblo sencillo, fatigado, sumido en la pobreza, una esperanza hecha realidad
  • Gracias, Dios, porque no somos huérfanos, gracias por habernos dado un padre. 
  • Gracias Dios por impulsarnos a profundizar con amor, con ternura y con curiosidad una vida dedicada a Ti, oh Señor. Porque nos permites conocer más profundamente Tu amor gracias al hecho de que has elegido a los pobres y, con esta extraña preferencia, nos has abrazado también a nosotros. 
  • Gracias, Señor, por haberme hecho conocer al padre Aldo, que desde el cielo sigue sosteniendo mi vida, como lo hizo en la tierra. 
  • Gracias, Señor, por los pobres, especialmente por los que nos das aquí, en Paraguay, por su dolor, por su cruz, que es y que reconocemos como Tu dolor, como Tu cruz. Por eso en nuestras obras no hay cruces, porque tenemos a los pobres. Sin ellos no descubriríamos nuestra miseria, ni Tu misericordia.
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