Religión en Libertad

León XIV: cada día que nace nos permite empezar «una vida nueva gracias al amor generoso de Dios»

El Papa celebró en la basílica de San Pedro la solemnidad de Santa María, Madre de Dios, modelo de respuesta a la voluntad divina.

León XIV puso a Jesús, rostro de Dios, y a María, que lo contempló desde el pesebre hasta la Cruz, como fuentes de la paz 'desarmada y desarmante'.

León XIV puso a Jesús, rostro de Dios, y a María, que lo contempló desde el pesebre hasta la Cruz, como fuentes de la paz 'desarmada y desarmante'.Vatican Media.

Redacción REL
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El Papa celebró este jueves en la basílica de San Pedro la misa de la solemnidad de Santa María Madre de Dios, coincidente, como primer día del año, con la 59ª Jornada Mundial de la Paz.

Bellísima bendición

León XIV arrancó su homilía recordando la "bellísima bendición" bíblica (Números 6, 24-26) que incluye la liturgia del día: 

  • "Que el Señor te bendiga y te proteja. Que el Señor haga brillar su rostro sobre ti y muestre su gracia. Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz".

Esta bendición iba dirigida al pueblo de Israel, un pueblo de "hombres y mujeres renacidos después de una larga esclavitud" que veían ahora, aun en las dificultades del desierto, "un camino abierto hacia el futuro, en el don de una ley de sabiduría y en la promesa de una tierra en la que vivir y crecer".

Pero el Papa la aplicó a cada uno de nuestros días, pues todos ellos, cuando amanecen, pueden ser "el comienzo de una vida nueva gracias al amor generoso de Dios, a su misericordia y a la respuesta de nuestra libertad". Cada año que empieza es "un camino abierto, por descubrir, en el que aventurarnos, por gracia, libres y portadores de libertad, perdonados y dispensadores de perdón, confiados en la cercanía y en la bondad del Señor que siempre nos acompaña".

El 1 de enero la Iglesia celebra de forma particular la maternidad divina de María, que dependió de su 'sí' a la Encarnación redentora.

El 1 de enero la Iglesia celebra de forma particular la maternidad divina de María, que dependió de su 'sí' a la Encarnación redentora.Vatican Media.

La mediación de la Madre de Dios

La Santísima Virgen fue el medio para que esa esperanza se concretase en una persona: "Con su 'sí' contribuyó a dar a la Fuente de toda misericordia y benevolencia un rostro humano: el rostro de Jesús, a través de cuyos ojos de niño, luego de joven y de hombre, el amor del Padre nos alcanza y nos transforma".

Ese rostro de Dios tiene como uno de sus rasgos fundamentales "la total gratuidad de su amor", y esto "para enseñarnos que el mundo no se salva afilando las espadas, juzgando, oprimiendo o eliminando a los hermanos, sino más bien esforzándose incansablemente por comprender, perdonar, liberar y acoger a todos, sin cálculos y sin miedo".

María contempló ese rostro "día tras día", como niño en casa y como "discípula humilde" durante la vida pública de Cristo. Nuestra Señora renunció "a expectativas, pretensiones y seguridades, como saben hacer las madres, consagrando sin reservas su vida al Hijo que por gracia había recibido para, a su vez, volver a donarlo al mundo".

En la Maternidad Divina de María vemos así -continuó el Papa para enlazar la homilía con su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, que habla de paz "desarmada y desarmante"- el encuentro "de dos inmensas realidades 'desarmadas': la de Dios que renuncia a todo privilegio de su divinidad para nacer según la carne y la de la persona que con confianza abraza totalmente su voluntad, rindiéndole homenaje, en un acto perfecto de amor, de su potencia más grande: la libertad".

El Niño Jesús parece despedir al Papa al concluir su homilía invitando a adorarLe en el pesebre como rostro y fuente de la paz.

El Niño Jesús parece despedir al Papa al concluir su homilía invitando a adorarLe en el pesebre como rostro y fuente de la paz.Vatican Media.

La paz del pesebre

León XIV concluyó su homilía invitando a todos a acercarse al pesebre como "lugar de la bendición, donde hacer memoria de los prodigios que el Señor ha realizado en la historia de la salvación y en nuestra existencia, para luego volver a partir, como los humildes testigos de la gruta, 'alabando y glorificando a Dios' por todo lo que hemos visto y oído": "Que este sea nuestro compromiso, nuestro propósito para los meses venideros y para toda nuestra vida cristiana".

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