Entrañable imagen de León XIV con la gente en el belén de San Pedro tras las vísperas y el Te Deum
El Papa celebró las vísperas de la Solemnidad de la Madre de Dios en la basílica vaticana.

León XIV adora al Niño en el belén instalado en la Plaza de San Pedro.
León XIV celebró este 31 de diciembre por la tarde en la basílica de San Pedro las Primeras Vísperas de la Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios, a las que siguió el tradicional Te Deum de acción de gracias por los beneficios recibidos en el año, entre los que había citado, en la audiencia general de la mañana, el Año Santo que concluirá el día de la Epifanía.
Ese Te Deum coral que sonó en el templo, dijo el Papa, tenía precisamente el Jubileo como motivo de gratitud, y por ese motivo "querrá como dilatarse para dar voz a todos los corazones y rostros que han pasado bajo estas bóvedas y por las calles de la Ciudad".
A la conclusión del acto litúrgico, el Papa Prevost salió a la Plaza de San Pedro a rezar ante el belén, en el que llegó a entrar, y saludó de forma muy calurosa a los fieles que hacían lo mismo (ver abajo el vídeo).
María en el designio de Dios
En la homilía que dirigió a los presentes, el Papa destacó la "riqueza singular" de la liturgia que se celebraba, cuyos textos destacan "el hecho paradójico de un Dios que nace de una virgen o, visto al revés, de la maternidad divina de María".
"Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción filial" (Gál 4, 4-5). Este texto de San Pablo leído en la liturgia hizo al Papa considerar que "el misterio de Cristo" sugiere "un gran designio sobre la historia humana", un designio misterioso pero con un centro claro, "la plenitud del tiempo" que celebramos en Navidad.
En nuestro tiempo sentimos la necesidad de ese designio "sabio, benévolo, misericordioso", un proyecto "libre y liberador, pacífico y fiel", distinto a las "estrategias" mundanas de "conquista", ya sea de mercados, territorios o áreas de influencia.

El Papa recordó el lugar de la Santísima Virgen en el designio de Dios para la humanidad, que pasaba por su "sí" a la Encarnación redentora.
"Estrategias armadas disfrazadas de discursos hipócritas, de proclamas ideológicas, de falsos motivos religiosos", que antes o después son desbaratadas "por el Altísimo con la potencia de su brazo", como anticipó la Santísima Virgen en el Magníficat.
En efecto, "la madre de Jesús es la mujer con la que Dios, en la plenitud del tiempo, escribió la Palabra que revela el misterio". No se la impuso, se la propuso, y ella, con su "sí", "la escribió con inefable amor en su carne". De este modo, "la esperanza de Dios se entrelaza con la esperanza de María, descendiente de Abraham según la carne y, sobre todo, según la fe".
- Unas imágenes llenas de ternura: el Papa en pleno pesebre y compartiendo luego con los fieles la alegría del fin de año.
Esa esperanza que hace "avanzar el mundo" es la de "muchas personas sencillas y desconocidas para todos menos para Dios, que creen pese a todo en un mañana mejor porque saben que el futuro está en las manos de Quien les ofrece la mayor esperanza".
- Las vísperas y el Te Deum del 31 de diciembre, en un minuto.
Roma, ciudad de mártires
Una de esas personas fue un pescador de Galilea, Simón, a quien su sucesor evocó porque estaba rezando cerca de su tumba, a la cual "peregrinos de todo el mundo acuden a renovar su fe en Jesucristo Hijo de Dios", como ha sucedido en el Año Santo en Roma, que es la Ciudad del Jubileo "porque aquí han derramado su sangre por Cristo Pedro, Pablo y muchos otros mártires". Por la Ciudad Eterna pidió la intercesión de su patrona, la Salus Populi Romani.
"Demos gracias a Dios por el don del Jubileo", dijo León XIV para concluir, porque "fue un gran signo de su designio de esperanza sobre el hombre y sobre el mundo".
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