Viernes, 10 de julio de 2020

Religión en Libertad

Un asunto eclesial con repercusión política

Giscard y Chirac quisieron evitar que monseñor Lefebvre se enfrentase en 1976 a Pablo VI

La reciente biografía del arzobispo francés reproduce la sorprendente carta del entonces primer ministro y luego presidente de la República.

Giscard y Chirac, ante Sarkozy.
Giscard y Chirac, ante Sarkozy.

El 29 de junio de 1976, el arzobispo Marcel Lefebvre (19051991) ordenó a trece sacerdotes en el seminario de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) en Écône (Suiza). El 22 de julio fue suspendido a divinis por Pablo VI porque formalmente su congregación, fundada en 1970, había sido suprimida, y el Papa le había advertido de que consideraría la ceremonia un grave acto de desobediencia.

De hecho, momentos antes de la ceremonia, celebrada ante miles de fieles, monseñor Lefebvre se había reunido con su amigo y sucesor en el arzobispado de Dakar, el cardenal Hyacinthe Thiandoum (1921-2004), quien había intentado disuadirle en el último minuto, sin éxito.

Las semanas previas y posteriores a esas ordenaciones sacerdotales, que cubrieron cientos de periodistas de todo el mundo, habían suscitado una gran agitación social y mediática. Monseñor Lefebvre era la cabeza visible de un sector de católicos que rechazaban el Concilio Vaticano II y la reforma litúrgica postconciliar. Un sondeo del Instituto Francés de Opinión Pública, publicado en la prensa gala el 29 de agosto de aquel año, reflejaba que un 27% de los franceses “se reconocían” en sus ideas, frente a porcentajes similares que las rechazaban, les resultaban indiferentes o no contestaban.

En ese contexto de efervescencia de la opinión pública en una Francia todavía sociológicamente católica ante un hecho de gran relevancia eclesiástica, se produjo una doble intervención del presidente de la República, Valéry Giscard d’Estaing (19741981) y del primer ministro a la sazón, que le sucedería años después en el Elíseo, Jacques Chirac (1995-2007).

Una biografía recién publicada.

Lo cuenta Bernard Tissier de Mallerais, uno de los obispos consagrados en 1988 por monseñor Lefebvre, en su exhaustiva biografía del fundador de la FSSPX, que sale a la venta este lunes en España: Marcel Lefebvre. La biografía (Editorial Actas).

La intervención de Giscard

Giscard pidió un informe reservado sobre la situación a René Brouillet, que había sido embajador francés ante la Santa Sede entre 1964 y 1974 y conocía de primera mano la evolución del conflicto desde el Concilio hasta el estallido de la polémica, y era entonces miembro del Consejo Constitucional galo.

Giscard buscaba posicionar adecuadamente a la República y apaciguar las cosas ante un asunto que afectaba a sus relaciones con el Vaticano, pero también a sus intereses políticos, pues parte de la derecha gaullista que le había elevado al Elíseo respaldaba en ese momento a Lefebvre, no sólo por cuestiones religiosas, sino también por su férreo anticomunismo (cuatro años después François Mitterrand arrancaría su primera presidencia con fuertes concesiones a la izquierda más radical).

La intervención de Chirac
Pero aún fue más intensa y comprometida la intervención de Chirac, justo en los últimos días de su primer mandato al frente del Gobierno (volvería a Matignon en 1986, cuando la célebre cohabitación con Mitterrand).

Primero, Chirac se reunió con el académico Jean Guitton, amigo íntimo de Pablo VI, para conocer de primera mano la situación y elaborar su propia estrategia. Seguidamente, el 16 de julio, cuando se redoblaban las presiones para que monseñor Lefebvre rectificase antes de ser sancionado, le envió una carta con “respetuosa amistad y confianza”, que reproduce Tissier de Mallerais en su obra.

“Tengo confianza en su genio, que sabrá encontrar las palabras de reconciliación. ¡Qué ejemplo daría usted en un tiempo en que la fidelidad es constantemente escarnecida, en que el amor verdadero se descarría tan trágicamente! Su combate por la fe y por la Iglesia recibiría entonces el sello radiante de la autenticidad, el que confieren la rectitud absoluta en la conducta y la aceptación del sacrificio”.

La paradoja

Ilustrativo de la trascendencia que en la Europa de los años setenta todavía tenía lugar entre los asuntos puramente internos de la Iglesia y la política del día a día, el caso muestra además una paradoja en el comportamiento personal posterior de sus dos protagonistas.

“La Francia cristiana, hija primogénita de la Iglesia por privilegio inmemorial, supo dar en el pasado pruebas constantes de su adhesión al sucesor de Pedro”, le decía Chirac a monseñor Lefebvre en aquella misiva. El mismo Chirac que boicoteó lo que el sucesor de Pedro, Juan Pablo II, le pidió infructuosamente un cuarto de siglo después: que las raíces cristianas de Europa figurasen en la Constitución europea que estaba redactando... Giscard d’Estaing.

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