Lunes, 03 de octubre de 2022

Religión en Libertad

«Thor, love and thunder»: humor cansino, rollo gay y mala religión

Cartel de 'Thor'.
Thor Love and Thunder - muchos colorines y explosiones pero un gran vacío banal

por Pablo J. Ginés

Opinión

Taika Waititi es el director de cine neozelandés que ganó un Oscar al mejor Guión Adaptado con su comedia Jojo Rabbit (2019). En 2017 tomó al superhéroe Thor para conjugar con bastante equilibrio un apocalipsis vikingo con humor en Thor: Ragnarök.

Ahora los cines reciben la nueva entrega del héroe, Thor: Love and Thunder, pero se perdió aquel equilibrio. Hay demasiadas bromas y chistes, hasta aburrir, y poco ingeniosas. Y los temas serios no compensan.

"Le debíamos al héroe una comedia romántica", dice Waititi en una entrevista. Pero las bromas sobre si Thor quiere más a su ex-novia, a su hacha o a su martillo se reiteran tanto que cansa.

Hay otros temas (Jane Foster tiene un cáncer avanzado, un padre pierde a su hija y se plantea la fe en las divinidades), pero quedan maltratados entre chascarrillos, explosiones y colores chillones.

Quien esto escribe siempre ha sido fan de Thor. Cabras incluidas, de verdad. De niño y adolescente era mi superhéroe favorito. Ninguna de las tres primeras películas de Thor me disgustó, todas me hicieron disfrutar pese a sus puntos débiles. Ragnarök era la mejor, con su combinación de humor, homenajes a los comics (especialmente a la gloriosa etapa de Simonson) y de temas ambiciosos, con Hela, la diosa de la muerte, como enemigo realmente temible. Loki siempre aportaba algo a esas películas, un buen contrapunto, pero en la nueva película está ausente.

Por eso lamento que Thor: Love and Thunder haya caído en la autoparodia constante. Además, la película queda tiznada de dos ideologías: la fobia a la religión y las cuotas de militancia de género y LGTB.

Mis hijos también son fans y lectores de comics, pero ahora que he visto la película, desde luego, no les voy a llevar a verla.

Entrevistado en el diario El País, el director se explaya con sinceridad. Vale la pena leerlo:

- Pregunta: En este nuevo Thor, su villano es un hombre herido convertido en el Carnicero de Dioses, que mata a todos los que puede y a sus seguidores. Sólo Thor intenta detenerle, mientras la mayoría de los otros panteones, empezando por Zeus y las deidades griegas, buscan refugio en Ciudad Omnipotencia. Eso lleva a una película muy antirreligiosa.

- Respuesta: Puede. Soy ateo, no me gustan las religiones, pienso que sólo causan problemas y joden a todo el mundo. Pero sí me gusta el concepto de creer en algo más. [...]

- P: Hace pocos días, Victoria Alonso, una de las jefas de Marvel, defendía en Madrid que el estudio seguirá mostrando todo tipo de familias inclusivas y personajes. En Thor: Amor y Trueno, hay toda una panoplia...

- R: De hecho, incluso mi personaje [Korg, el alienígena hecho de rocas que conocimos en Ragnarök] hace niños tomando de la mano durante un mes en un volcán a otro mocetón pedregoso. O que el martillo de Thor pueda elegir a una mujer [Jane Foster, ex-novia de Thor, interpretada por Natalie Portman] para que lo lleve. Lo bueno de las películas Marvel es que se ven en todo el mundo, llegan más lejos que mis películas indie. Y lo importante es que muestran lo que es, un hecho normal, no fuerzan la trama para que alguien salga y diga: "Cómo mola ser gay". Quiero que los niños lo vean así, de una forma fluida, como si nada.

Una vez ha quedado clara su voluntad de adoctrinar a los niños "de forma fluida, como si nada", Waititi pasa a hablar de religión otra vez sin que le pregunten.

- ¿Sabes cual es uno de los grandes problemas de las religiones? Que están fundadas por hombres. ¿Quién escribe los libros sagrados? Hombres. Parecen estar escritos por tíos con el corazón roto, por como hablan o reflejan a las mujeres. La única religión que se salva es el budismo. En fin, la religión que nos debería de importar es el amor - predica Waititi.

- Bueno, de eso va este Thor, ¿no? Las religiones sobran, solo importa el amor.

- El amor debería ser nuestro dios. Si reflexionamos, muchas creencias se basan en el amor. Jesucristo lo proclamó, Mahoma lo dijo. Sed buenos unos con otros. Luego llegan otros con las dichosas reglas...

Lo que dice en la entrevista es lo que vemos en la película. Piensa que las religiones son sólo normas arbitrarias o absurdas. No se le ocurre que las normas existen para ayudar y sirven para amar. Cualquier padre, lleno de amor, enseñará a sus hijos normas buenas y útiles como "no metas los dedos en el enchufe", "no tires la comida" o "haz caso a tu abuela".

Tampoco entiende Waititi que, al menos en el cristianismo y judaísmo, la religión es sobre todo una relación de amor con Dios ("amarás a Dios por encima de todas las cosas"), amor que engendra más amor y lleva a amar a los demás.

Desdén barato por la otra vida y sus recompensas

La película empieza con Gorr, que se convertirá en el Carnicero de Dioses, de rodillas en el desierto, alzando las manos al cielo, y tomando su amuleto, pidiendo a su dios local que ayude a su hija moribunda. Luego se encuentra a ese dios holgando en un cómodo edén. "Perdí a mi hija, pero mantuve la fe y esperanza en ti", le dice, contento de su fidelidad. Pero el dios se ríe: "¿Esperas una recompensa eterna? Qué bobo. No existen recompensas eternas".

La escena inicial, que establece la doctrina de la película, es como el Libro de Job, pero invertido: allí había profundidad, pero aquí solo banalidad; donde aquel libro llamaba a romper las apariencias y entender las limitaciones del hombre (con sus grandezas), aquí hay mera mofa de los que creen en recompensas en la otra vida.

En Ciudad Omnipotencia hay un congreso de dioses de mil panteones, todos banales, huecos, y egocéntricos, con apenas cierta gracia étnica y antropológica. Algunos tienen nombres idiotas como "Nini de los Noni", como si el director humorista quisiera mostrarnos que cualquiera puede inventarse un dios a toda prisa.

El mismo Thor, que admira a algunos dioses, se nos presenta como un tonto fan adolescente. Lo sabio, nos repite una y otra vez la película, es admitir que tus dioses, como tus padres, sólo son un pobres desgraciados, cuando no unos imbéciles (admisión que no deja de ser una fase de la adolescencia rebelde... pero no de la sabiduría del hombre maduro).

También queda raro tanto asgardiano hablando de que "muriendo en combate iremos al Valhalla". ¿Creen de verdad los personajes en el Valhalla? ¿Cree Waititi en una recompensa tras la muerte? Lo que él predica es que no, que solo estamos un rato por esta vida, eligiendo entre dos opciones: "sentirse como una mierda" (si amas, y con ello sufres) o "sentirse vacío" (que es peor).

La posibilidad de sentirse lleno, vivir una vida plena, sabiendo que todo tiene sentido y que sembramos en este mundo para recoger en el otro, ni se la plantea.

Y es sospechoso que Odín en Ragnarök, y algún otro héroe en esta historia, al morir, se convierten en "confeti dorado" (como la misma película ironiza). No hay recompensa eterna... pero la crudeza de la carne en putrefacción hay que esconderla, no sea que haga pensar demasiado a la gente.

Sin embargo [ATENCION SPOILERS], al final de la película vemos lo que le gusta a Waititi: creer en "algo más" sin las incómodas complicaciones morales de la religión.

En este caso, está simbolizado por Eternidad, una entidad cósmica de los comics Marvel. No tiene moral, no le importa el bien y el mal, no pide tener una relación personal, no tiene mandamientos, y está sentadita en postura de loto, muy relajada. Gorr cumple los rituales de invocación con objetos de poder y así le pide un deseo.

No sabemos si Waititi se da cuenta, pero para que su historia tenga un final feliz, tiene que intervenir Eternidad, una entidad divina. Y no recompensa el amor de un padre, sólo sigue un protocolo de poder. Es decir, magia: acceso amoral a poder arbitrario.

La obligatoria cuota gay

Hablemos ahora de la dosis gay obligatoria ya en las pelis de Marvel. 

Tenemos a los pedregosos que se miran con cara de tonto tomándose del brazo para engendrar "un hijo varón". Ah, pero en su especie ¿hay hembras? ¿Y para qué sirve tener dos sexos en una especie así? ¿Los brazos son órganos sexuales masculinos? ¿Las hembras no tienen brazos? ¿O sólo quieren vender parejas gays a los niños sin hacerles pensar en el sexo gay y en cómo vienen los niños al mundo?

Y tenemos a la Valquiria, a la que en dos ocasiones comentan que amaba a una mujer, otra valquiria que murió (lo dicen Korg y Gorr, no ella). Eso no le impide disfrutar de ver a Thor desnudo.

Así, para compensar una pareja romántica hetero (Thor y Jane), los otros dos héroes (Korg y Val) han de ser gays.

Y cuando se pone en peligro a los niños asgardianos (lloricas y gimoteantes y sin ninguna habilidad de lucha, contra lo que sabemos por los cómics de esta sociedad guerrera y valiente) nunca les vemos con padre y madre. 

Y la película termina fundando otro hogar monoparental.

De hecho, en esta película, no hay ninguna familia con padre y madre.

Tampoco en la anterior de Marvel, Doctor Extraño en el Universo de la Locura, donde la joven protagonista, humana con poderes, tiene dos mamás en otra dimensión, pero ningún papá, y donde la Bruja Escarlata sueña con un hogar idílico con sus dos hijos, también sin padre (porque Visión murió).

Cuando Reed Richards habla de que tiene esposa e hijo, se lo cargan enseguida. Ser padre de familia hetero en Marvel es escaso, y cuando vemos alguno ¡lo matan!

Cada vez más, Marvel invisibiliza a las familias de padre, madre e hijos. Cuesta encontrar alguna en sus películas y series. Está la de Ojo de Halcón, pero lanzaron la teleserie para sustituir a este padre de familia por una chica joven y sola. Y Ant-Man, el hombre hormiga, no cuenta: su hija y su ex-esposa viven con otro hombre.

La verdadera diversidad sería alguna familia normal, a estas alturas. Francamente, algunos ya estamos cansados. Preferimos repasarnos los comics de la época de Simonson o ponernos pelis de Miyazaki. 

Lea también nuestra opinión sobre Los Nuevos Mutantes (2020) y Los vengadores: la Guerra del Infinito (en 2018).

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