Miércoles, 08 de abril de 2020

Religión en Libertad

Eutanasia: elegir entre sufrimiento o muerte no es una opción


por Josep Miró i Ardèvol

Opinión

Es algo realmente insólito. El gobierno ha presentado un proyecto de ley sobre la eutanasia en el que postula como fin la legalización del homicidio a cargo de un médico en determinadas condiciones, sin atender para nada a la situación de los cuidados paliativos en España, y en relación con el contexto europeo. Porque si se trata de evitar el sufrimiento en la fase final de la vida, es del todo evidente que no puede fiarlo todo a aquel tipo de solución cruenta. A un sufre o muere. Si el debate parlamentario no quiere ser una pantomima de mayorías y minorías y diputados culiparlantes, necesariamente han de introducir como previa la situación de la atención paliativa. Para ello se dispone de un instrumento excelente: el Atlas de los Cuidados Paliativos en Europa 2019 que se hizo público con motivo del XVI Congreso Mundial EAPC [Asociación Europea de Cuidados Paliativos en sus siglas en inglés], celebrado en Berlín.

El resultado describe un escenario terrible en el caso de España. Estamos situados al mismo nivel que Georgia o Moldavia.  Polonia, un estado con un presupuesto mucho menor que el español, dispone de más del doble de recursos específicos, 587 por cada 100.000 habitantes, por solo 260 España. Para equipararnos a Polonia o a Italia, que se encuentra en un nivel parecido, el Gobierno español debería doblar los recursos que actualmente dedica a los cuidados paliativos. No estaríamos todavía en un estándar europeo, pero ya no seriamos Moldavia. Para alcanzar el estándar razonable, el presupuesto del Estado debería multiplicar por 3,5 el gasto en este tipo de atención médica.  Pero no se ha hecho y no se hace. ¿Por qué?

Y es que cada año mueren en España más de 80.000 personas que no pueden recibir al final de la vida las atenciones paliativas necesarias. Lo afirma la Sociedad Española de Cuidados Paliativos (Secpal). Esto significa que en una década cerca de un millón de ciudadanos morirán condenados al sufrimiento por falta de la atención médica especializada. ¿Qué hemos de decirles a todas estas personas, que podemos ser cualquiera de nosotros? ¿Que estén tranquilos porque ya vendrá un médico y los matará con dulzura?  ¿Es esa la solución?  Porque con el planteamiento actual, y si no lo cambiamos, no hay otra.

Pero hay más cosas en el contexto de la eutanasia y el escándalo de la falta de atención paliativa: hay 250.000 personas en la lista de espera de la dependencia, muchas de ellas en situaciones de discapacidad severa y dolorosa. Hay 2,5 millones de personas que viven en condiciones de pobreza severa que condiciona todas sus vidas y las deja inermes ante el dolor y el sufrimiento. Hay más de 2 millones de personas mayores de 65 años que viven solas. De ellos 850.000 tienen 80 o más años y la gran mayoría son mujeres: 662.000, sin que muchos de ellos dispongan de la capacidad para ser autosuficientes en su vida cotidiana, que es vivida en condiciones de indefensión extrema, y en las que las grandes olvidadas de programas de ayuda y asistencia son las mujeres. Extraño feminismo el del Gobierno.

Es necesario que el Gobierno y nuestros legisladores sean conscientes de esta dramática situación y consideren el precedente de la sentencia del Tribunal Supremo de Estados Unidos de 26 de junio de 1997, con mayoría designada por el Partido Demócrata, que afirmó que la eutanasia es una vía para coaccionar a los más débiles y dependientes.

La idea de que la petición de morir será lúcida y responsable, cuando el sujeto es susceptible de situaciones de desamparo, dolor físico y psíquico, es una patraña, porque objetivamente ningún acto acometido bajo aquellas condiciones sería aceptado como una decisión libre y autónoma por un juez o un jurado. ¿Por qué quieren revestirla ahora de legalidad? Por eso son tan decisivos los cuidados paliativos y el acompañamiento para toda la población como condición previa. Para establecer la libertad de elección y la autonomía personal, y evitar la imposición del Estado.

El Gobierno que se declara progresista y el conjunto de los diputados han de recordar el caso de Portugal. En nuestro vecino país, la eutanasia fue rechazada por el Parlamento, porque el Partido Comunista unió sus votos a los contrarios a ella, por una razón parecida a la del Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Después, es decir, ahora mismo, la ley se ha aprobado, pero Partido Comunista Portugués ha mantenido su negativa, porque  las circunstancias no han cambiado, y  en una sociedad tan desigual la eutanasia es, en la práctica, un instrumento que se aplica a los más pobres, débiles y necesitados, los que no disponen de medios para evitar el sufrimiento y disponer de compañía.

Ante esta situación ¿la prioridad es la eutanasia? En estas condiciones la libertad de elegir no existe, porque no es una opción escoger entre el sufrimiento y el abandono, o la muerte infringida por un médico

El Gobierno y todos los diputados han de asumir la evidencia y actuar en consecuencia de que ya en 1990 la Organización Mundial de la Salud estableció con claridad que la respuesta son los cuidados paliativos. Y se trata de 30 años atrás, cuando la capacidad medica de superar el dolor era mucho menor que ahora.

El propio Consejo de Europa en su resolución 1859 de 2012 de 25 de enero sienta el principio de que la eutanasia, entendida como acto intencional de matar, debe “ser siempre prohibida”.

La consecuencia es el panorama que existe en Europa, y en el resto del mundo. Solo el Benelux la ha legalizado en Europa, mientras que en contexto global lo han hecho además Canadá y Colombia.

La conclusión es muy evidente: si las leyes son para establecer el bien común, la única forma de alcanzarlo, porque beneficia a todos, es disponer con urgencia de un Plan de Cuidados Paliativos, que despliegue los recursos necesarios para atender al cien por cien de la población, acompañado de un programa de reducción de las listas de espera de la dependencia, de la población en situación de pobreza severa, y de la atención a los mayores de 85 años que viven solos, este último mayoritariamente financiado por los recursos dedicados a la igualdad y violencia de género.

Esto es previo si no se pretende empujar a la gente a la muerte por desesperación. El Congreso debe suspender la tramitación del proyecto de ley, y aprobar las medidas necesarias en cuidados paliativos, dependencia, pobreza y soledad, para su aplicación urgente. No se trata de rechazar nada. Solo de aplicar las prioridades humanas correctas.

La eutanasia es demasiado importante como para convertirla en un tótem ideológico sinónimo de progreso, si como alternativa solo existe el sufrimiento.

Los diputados y diputadas no pueden dejar abandonadas  a tantas decenas de miles de personas cada año. Por humanidad no deben hacerlo. No conviertan la eutanasia en un ídolo al que sacrificar el final de la vida de tanta gente. Demuestren con hechos que realmente su compromiso es contra el sufrimiento, empezado por donde este se encuentra, y aplicando el remedio necesario: los cuidados paliativos para todos. No conviertan en indigno a este país.

Publicado en La Vanguardia.

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