El corazón inquieto de Rosalía

La ya mundialmente célebre carátula de 'Lux', un álbum de Rosalía pleno de alusiones religiosas.
"En la música", escribe el sacerdote italiano Luigi Giussani, "lo que el hombre venera es otra cosa, algo que está esperando". Al escuchar una hermosa canción, algo "despierta en su interior": el anticipo de un "Otro" al que "inmediatamente inclina su alma... capta lo que puede captar, pero espera otra cosa".
Esta intuición describe de manera conmovedora el papel que desempeñó la música en mi propia conversión. Todavía recuerdo canciones concretas que, a pesar de no tratar explícitamente sobre Dios o la religión, eran tan profundas que no podía evitar sentirme abrumado por el asombro, preguntándome cómo era posible que existiera tanta belleza y cuál era su origen último.
Este hecho parece pasar desapercibido para las numerosas estrellas del pop que, tras tener una experiencia mística, renuncian a sus anteriores canciones "seculares" y prometen componer únicamente música que "glorifique a Dios" en el futuro.
El cantante puertorriqueño Daddy Yankee, intérprete de reguetón, es un ejemplo de ello. Irónicamente, fue su antiguo repertorio el que me hizo reflexionar sobre lo divino, más que sus recientes sencillos, de producción endeble y aprobados por la Iglesia.
El mundo de la música está revolucionado con Lux, el último álbum de la cantante española Rosalía. En la portada la cantante aparece vestida de monja con un hábito blanco, un look inspirado en su repentina comprensión de que tiene "un deseo que nada en el mundo puede satisfacer" salvo Dios mismo. Como ocurre con la mayoría de las cosas que hace, el despertar religioso de esta barcelonesa de 33 años es difícil de definir. Algunos se han apresurado a celebrar que se haya convertido en una influencer del Señor. Otros la han tachado de ser una nueva LARP con estética católica tradicional [LARP: Live Action Role Player, jugadora de rol en vivo]. La verdadera naturaleza de Lux es mucho más complicada y fascinante.
Rosalía lanzó su primer álbum, Los Ángeles, en 2017, mientras estudiaba musicología en la universidad. Su álbum de 2018, El mal querer, una mezcla ecléctica de flamenco, R&B [Rythm and Blues] y hip-hop inspirado en el cuento occitano del siglo XIII Romance de Flamenca, sirvió como su tesis de licenciatura. Varios de los sencillos del álbum encabezaron las listas de éxitos de todo el mundo y llamaron la atención por sus vanguardistas vídeos musicales.
Junto con su reconocimiento internacional, llegaron numerosas acusaciones de apropiación cultural: como española blanca, estaba "sacando provecho" de una forma de arte gitano sin darle el crédito adecuado. A pesar de ser universalmente elogiada por la crítica por su creativa amalgama de temas y géneros, la inclusión de reguetón -una forma de arte afrolatino- en su tercer álbum, Motomami, suscitó aún más la ira de la turba woke. En lugar de dar marcha atrás, respondió "criticando" indirectamente a sus detractores por su falta de educación y burlándose de ellos de forma juguetona en sus canciones.
Al igual que su música, la enigmática imagen pública de Rosalía combina elementos paradójicos: arte elevado y popular, sutileza mesurada y sexualidad explícita, conciencia social progresista y reverencia por la tradición, humor y seriedad. Su cautivadora página de Instagram ha mostrado carruseles de fotos de ella misma leyendo libros de Camille Paglia, Simone Weil, Tolstoi y Ocean Vuong. Su personalidad escénica ofrece una especie de metacomentario sobre la naturaleza de la fama, el arte posmoderno y la sociedad del espectáculo desde lo más profundo de sus trincheras.
Dado su amplio y siempre cambiante conjunto de influencias e intereses, su última etapa "nunmaxxing" [jerga de internet cuyo significado se desprende de la combinación de nun -monja- y el sufijo maxxing: se refiere a la decisión de adoptar una vida de abstinencia y devoción, alejada de las relaciones amorosas y sexuales] no es ninguna sorpresa. De hecho, los temas religiosos ya habían aparecido anteriormente en varias de sus canciones y vídeos. Por ejemplo, El Redentor, de su primer álbum, que reinterpretaba una saeta clásica que se canta normalmente durante las procesiones del Viernes Santo en España, o su versión del poema de San Juan de la Cruz Aunque es de noche.
Numerosas canciones de su segundo álbum aluden a temas religiosos esotéricos, así como a rituales de iniciación ocultistas. Dichas alusiones encendieron los ánimos de los teóricos de la conspiración, que afirmaron que el uso de tales imágenes indicaba claramente que ella era otra artista más que había "vendido su alma".
En una de sus canciones "deconstructed club" [género experimental de música electrónica que desmantela los ritmos y estructuras tradicionales de la música de club y combina combinando elementos de géneros como el trap, el hip-hop y el dubstep con sonidos abrasivos, ambiente, industriales y noise] de Motomami, le dice a sus compañeros pop stars, que están demasiado llenos de orgullo, que "sean simpáticos", ya que "el primer artista aquí es Dios".
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Lux es, con diferencia, su exploración más evidente de la religiosidad. Se puede ver claramente cómo sus realizaciones agustinianas sobre la inquietud del corazón, así como su continua fascinación por los místicos carmelitas españoles, han inspirado las letras. Describe la sensación de que Dios la ha estado acosando en Dios es un stalker, y la tensión que siente entre amar los bienes terrenales y celestiales en Sexo, violencia y llantas. Pero quizás los elementos más divinos del álbum son su impresionante estilo de canto operístico; la grandiosa producción, que fusiona el flamenco y una especie de pop "barroco"; y las letras que incorporan catorce idiomas diferentes, todo lo cual da la sensación de que está intentando alcanzar algo que se encuentra más allá de este mundo. Varios de mis amigos han comentado que Mio Cristo piange diamanti, una canción en italiano inspirada en la amistad entre San Francisco y Santa Clara de Asís, les hizo llorar y les dejó temblando por la emoción.
En una entrevista realizada una semana antes del lanzamiento de Lux, Rosalía reveló que, inspirada en parte por su respeto hacia las monjas, a quienes considera "ciudadanas celestiales", había hecho voto de celibato mientras trabajaba en el álbum.
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Aunque dudo que inspire a sus oyentes a entrar en la vida religiosa, sí creo que su nuevo álbum es una verdadera provocación. Quizás aún más provocador que pedir a sus oyentes que contemplen al Creador mismo es pedirles que contemplen la creación, la realidad en sí misma: "Cuanto más estamos en la era de la dopamina", dice, "más quiero lo contrario... Tiene que haber algo que nos atraiga... que nos mantenga centrados durante una hora en la que simplemente estemos ahí. Sé que es mucho pedir... pero eso es lo que anhelo".
Según el padre Giussani, en el núcleo de las "vocaciones virginales", como el sacerdocio y la vida consagrada, se encuentra una sincera atención a la realidad, el reconocimiento de Dios como su origen y destino, y la memoria de Cristo, que se hizo carne en ella. Aunque podemos debatir la sinceridad del momento "divino" de Rosalía, una cosa es segura: una música tan bellamente compuesta que capta por completo la atención, como las canciones de Lux, no puede sino despertar la inquietud del corazón humano. Solo podemos rezar para que los oyentes, y la propia Rosalía, encuentren a Aquel que es el único que puede ofrecerles descanso.
- Publicado en First Things.
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